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INTERLIBRARY 

CB# 3924, DAVIÍ 

UNIVERSITYOF 

CHAPELHILL, N 
2751 


ID 



THE UBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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This book is due at the WALTER R. DAVIS LIBRARY on 
the last date stamped under "Date Due." If not on hold it 
may be renewed by bringing it to the library. 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hil 






http://archive.org/details/desdeelcastillodOOestr 



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DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 



De esta obra se han impreso veinti- 
cinco ejemplares en papel superior, nu- 
merados del 1 al 25. El precio de cada 
uno es de dos pesos oro oficial. 



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BIBLIOTECA DE "CUSA CONTEMPORÁNEA 
VOL. II. 



DESDE EL CASTILLO DE FIGÜERAS 



CARTAS DE ESTRADA PALMA P l 7 S 

,£78 



(1877- 1878) 



INTRODUCCIÓN, BOSQUEJO BIOGRÁFICO Y NOTAS 



(de las academias de la- hi 




La Habana 

Sociedad Editorial Cuba Contemporánea 

O'Reüly, 11. 

1918. 



Es propiedad. 
Defechos reservados. 



imp. "El Siglo XX" (Tte. Rey, 27), de la Soc. Editorial Cuba Contemporánea. 
La Habana. 



INTRODUCCIÓN 



INTRODUCCIÓN 



Más de un lustro hace que tengo en mi poder el 
cuaderno contentivo de los borradores de las impor- 
tantes cartas que ahora publico, dirigidas en 1877 y 
1878 por don Tomás Estrada Palma, casi todas duran- 
te su cautiverio en el castillo de Figueras (Cataluña), 
a distintas personas y personalidades ligadas a él y a 
la Revolución de los Diez Años. He esperado tanto 
tiempo, a pesar de mi natural deseo de darlas a co- 
nocer a mis compatriotas, porque me propuse no di- 
vulgarlas sino cuando se cumpliese el décimo aniver- 
sario de la muerte del ilustre patricio que las escribió. 

Hoy, 4 de noviembre, hace una década que Estrada 
Palma falleció en la ciudad de Santiago de Cuba, 
donde descansan sus restos, y donde en la fecha glo- 
riosa del 10 de octubre último, al cumplirse medio 
siglo del comienzo de la magna e incesante lucha de 
los cubanos por tener una patria propia, se le ha 
erigido una estatua por subscripción popular: la se- 
gunda que en Cuba se levanta a su alta memoria. 
Cábele a la ciudad de Cárdenas la honra de haberle 



8 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

erigido la primera el 20 de mayo de 1911; y tal vez, 
cuando este libro vea la luz, La Habana, capital de 
la República que él presidió el primero, haya honra- 
do también su recuerdo imborrable con la inaugura- 
ción de otra estatua suya en la Avenida de los Pre- 
sidentes, donde se la está emplazando con el propó- 
sito de descubrirla el mismo dia en que se cumplen 
los primeros diez años de su muerte. 

Si, desgraciadamente, no pudiera serle rendido en 
tal fecha ese tributo, este libro conmemorará bien el 
infausto 4 de noviembre de 1908; este libro revivirá, 
a los dos lustros de la llorada desaparición de aquel 
cubano sencillo y probo, su espíritu recto y noble, 
una parte de sus dolores y sus anhelos; este libro 
pondrá de relieve, al par que el firme temple de sm 
alma, las amarguras que siempre sufrió, como tan- 
tos otros conciudadanos dignísimos, por la maledi- 
cencia de compatriotas inconscientes, injustos o per- 
versos; este libro mostrará a muchos cubanos un Es- 
trada Palma ignorado por ellos, más grande, más 
puro, más digno de respeto aún que el Estrada Pal- 
ma juzgado superficialmente y a la medida de quie- 
nes no le conocían bien o no pudieron, ni pueden, ni 
podrán jamás, leva>ntarse a su altura y codearse con 
él en las regiones reservadas a los espíritus verdade- 
ramente superiores. 

Su viuda, la virtuosa y amante compañera elegida 
por él para compartir los sinsabores y alegrías de la 
vida, la señora Genoveva Guardiola, me dio gran 
prueba de confianza y estima al entregarme el valio- 
so cuaderno original donde el secretario de Estrada 
Palma y del Consejo del Gobierno de la Revolución, 



INTRODUCCIÓN 9 

José Nicolás Hernández, fué copiando muchas de 
las cartas que en la misma prisión de amóos escribía 
él a cuantos creyó verdaderamente interesados en el 
triunfo de la justa causa cubana; y esas cartas son 
éstas que los muchos amigos y ya pocos enemigos del 
primer Presidente de Cuba van a leer, anotadas por 
mí en todas aquellas partes donde me ha parecido 
necesario hacerlo. 

Advierto que, aunque revisadas por el propio Es- 
trada Palma, no me he creído obligado, por no estar 
escritos de su mano los borradores, a respetar la or- 
tografía de ellos, buena siempre, pero anticuada en 
cuanto al uso de algunas letras como la g y la j, la 
x y la s, la c y la z. lie mantenido el mismo orden 
con que aparecen en el cuaderno, sin alterar ese or- 
den lo más mínimo, y las abreviaturas y la acentua- 
ción, así como el empleo que el secretario Hernán- 
dez hacía de la y griega en vez de la i latina que 
siempre usó el autor de este interesantísimo epis- 
tolario. 

Por él, cuya copia impresa es fiel reflejo de los bo- 
rradores originales iodo vía en mi poder, se verá cuan 
equivocados estaban quienes juzgaron a Estrada Pal- 
mo hombre de escaso mérito para el puesto que sus 
conciudadanos le confiaron durante la Revolución del 
68 y al constituirse la República en 1902; por él se 
aquilatará lo mucho que valía, si ya no estuviere has- 
ta la saciedad probado; por él se aclararán algunos 
puntos aún obscuros de la historia revolucionaria ini- 
ciada en Yara; por él se conocerá la sincera y pro- 
funda admiración que le inspiraba la gallarda figu- 
ra de Antonio Maceo; por él se convencerán, quie- 



]Q DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

nes no le comprendieron, de la gran suma de abne- 
gación y de patriotismo que siempre tuvo, demostra- 
dos en todo tiempo y en las más difíciles y dolorosas 
circunstancias para su persona y para síi patria. El 
revela la entereza de su carácter, la firmeza de sus 
convicciones y la magnitud de su sacrificio. 

En este epistolario, donde cada carta tiene indu- 
dable valor para nuestra historia, me he fijado es- 
pecialmente en las marcadas con las cifras XVI y 
XXXI. La XVI contiene sus opiniones sobre la 
religión católica, apostólica y romana, mantenidas 
por él a través de toda su azarosa vida, y de las cua- 
les se desprenden enseñanzas que ojalá fueran divul- 
gadas en todo el país cubano, donde esta religión es 
la predominante y pretende ya ejercer no sólo domi- 
nio sobre las almas, sino en la vida pública (lo cual se- 
ría el más grave peligro para nuestra nacionalidad, tan 
combatida siempre por la iglesia católica, y especial- 
mente hoy desde las escuelas dirigidas o administra- 
das por comunidades obedientes a sus jefes); y la 
XXXI, notabilísima, en que trata de la perfección 
humana, de la necesidad de que Cuba tenga hombres 
antes que sabios, de la educación maternal en nuestra 
patria, del concepto de los deberes, etc., entre los 
cuales deberes tiene por principal "el de emancipar 
a Cuba y el de educarnos al propio tiempo para él 
ejercicio de la libertad", porque — dice — "es más 
fácil ser, subdito de una monarquía absoluta que ciu- 
dadano de una república democrática". Y agrega: 
"Nuestra obra es, en esencia, creadora; pues si avien- 
ta las cenizas del pasado, es con objeto de levantar el 
edificio del porvenir". 



INTRODUCCIÓN 11 

¡Cómo resuenan hoy estas admirables palabras, al 
contemplar con dolor el espectáculo incalificable de 
una juventud egoísta que se niega, en gran parte, 
a cumplir con sus deberes cívicos cuando la Patria la 
llama a servirla! "Tenemos República, pero no hay 
ciudadanos", dijo él después, mucho después, al ser 
preguntado en 1905 por un periodista que estampó 
esa amarga frase en el diario La Discusión del 4 de 
septiembre de dicho año. "Estos se irán formando a 
medida que vaya infiltrándose la verdadera democra- 
cia, sana y disciplinada, en las costumbres del pueblo. 
Hasta ahora, la condición de colonos no nos ha per- 
mitido educarnos políticamente. Nos hallamos en 
pleno ensayo", — añadió como corolario a esa frase 
tan diversamente comentada y hoy en boca de todos 
cuando, con motivo del servicio militar obligatorio, 
las gentes se preguntan: ¿y los ciudadanos? 

Hay también en estas cartas una en que sus opi- 
niones sobre el porvenir de Cuba, como nación inde- 
pendiente, son reflejo exacto del concepto entonces 
predominante entre muchos de los principales cuba- 
nos que desafiaron el poder de España, exposición de 
las dudas que les asaltaban respecto a nuestra apti- 
tud, como pueblo libre, para la vida republicana. 
Tristeza, profunda tristeza produce la lectura de ta- 
les páginas, en que su pensamiento respecto a la ane- 
xión de Cuba a los Estados Unidos de la América del 
Norte no es otra cosa que el pensamiento general de 
muy ilustres cubanos revolucionarios, del propio Go- 
bierno de la República en armas, quienes decididos 
a no pactar con España e impotentes para triunfar 
de ella, desesperados los patriotas ante la situación 



12 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

del país y contemplando sus propias luchas intesti- 
nas, temerosos de terribles represalias por parte del 
enemigo común y sin hallar apenas eco en los cora- 
zones de stis hermanos de América, faltos de recursos 
propios y de auxilios del exterior, oficialmente soli- 
citaron del Presidente de los Estados Unidos esa so- 
lución extrema, siempre repugnada. Todo antes que 
pactar con España, parecía ser la consigna y la re- 
suelta actitud de cuantos peleaban entonces en los 
campos de Cuba; y tal es la aspiración constante re- 
velada en estas cartas, donde apenas si hay una en 
que no se haga patente el esfuerzo por evitar el fra- 
caso del ingente empeño de libertarse del yugo es- 
pañol. 

Carlos de Vela seo. 
La Habana, 4 nov. 1918. 



BOSQUEJO BIOGRÁFICO 



TOMAS ESTRADA PALMA 

BOSQUEJO BIOGRÁFICO 



Bayamo, la inmortal ciudad de la provincia de 
Oriente, que a los comienzos de la gran guerra de 
1868-78 fué tomada e incendiada por los patriotas en 
armas contra la tiranía española en Cuba, y cuna 
de tan ínclitos varones como Carlos Manuel de Cés- 
pedes, Francisco Vicente Aguilera, José Antonio Saco 
y Pedro Figueredo, vio nacer a Tomás Estrada Pal- 
ma el 9 de julio de 1835. Sus padres tenían desaho-: 
gada posición : llamáronse Andrés María Estrada y 
Oduardo y Candelaria Palma Tamayo, dama que supo 
inculcarle aquellos principios morales que invaria- 
blemente fueron norma de todos los actos realizados 
por él en su limpia vida privada y en su ejemplar 
vida pública. 

Muy joven todavía, trasladóse a La Habana para 
ampliar sus conocimientos; de aquí pasó a España, 



16 DESDE EL CASTILLO DE FIGÜERAS 

y en Sevilla continuó el estudio de la carrera de abo- 
gado. Sin haber recibido el título, y con aviso de 
que volviese a Cuba, donde su presencia era necesa- 
ria para administrar su importante fortuna, fué por 
breve tiempo a París. Vuelto a la Isla, principió ya 
el apostolado de toda su vida: educar. Con este fin 
pidió y obtuvo el modesto empleo de teniente pedá- 
neo del cuartón de El Guamo; y no obstante la poca 
influencia que tan ínfimo cargo le permitía ejercer, 
supo desarrollar los planes que le llevaron a solici- 
tarlo : mejorar la condición, el nivel moral de sus 
convecinos, por medio de sanas y prácticas enseñan- 
zas, reuniéndolos en su hogar y difundiendo entre 
ellos sus conocimientos, sirviéndoles de amigable 
componedor en sus querellas y de guía y mentor en 
sus proyectos. Y cuando comprendió que no nece- 
sitaba ya del título de teniente pedáneo, porque le 
respetaban, le atendían y le querían por su persona, 
por sus buenos consejos y ejemplos, renunció el car- 
go y perseveró en su conducta. 

Estalla, el 10 de octubre de 1868, la Revolución de 
Yara; y él, que no era partidario de ella por enton- 
ces, aun cuando ya conspiraba contra la opresión es- 
pañola, forma de los primeros, sin embargo, en las 
filas del glorioso ejército. Su bondadosa madre, 
opuesta a ello y queriéndole entrañablemente, no le 
deja partir solo: le sigue a los campos, donde a poco 



BOSQUEJO BIOGRÁFICO J7 

la dejan morir de hambre y de sed los españoles, que 
la abandonaron después de hacerla prisionera. No 
tardó mucho tiempo en presentársele a Estrada Pal- 
ma una ocasión de vengar el horrible fin de su ido- 
latrada madre ; pero, en vez de atender a las' incita- 
ciones de quien le decía que matara al jefe de un 
grupo de soldados españoles que había sido preso, 
Estrada Palma replica noblemente: "La memoria 
de mi madre es demasiado sagrada para que yo la 
manche con un sentimiento de venganza". 

En el campo revolucionario Estrada Palma fué 
miembro de la Cámara de Representantes, en la que 
hizo brillante labor, y Secretario de Relaciones Ex- 
teriores con el Presidente Juan B. Spotorno. Des- 
empeñando ese cargo de Secretario, refrendó, en nom- 
bre del de la Guerra, el célebre "Decreto Spotorno", 
por el cual quedaban condenados a muerte cuantos 
llevasen al campo revolucionario proposiciones de paz 
que no estuvieran basadas en la independencia de 
Cuba. Poco tiempo después, el 29 de marzo de 1876, 
fué electo Estrada Palma Presidente de la Repúbli- 
ca en armas, alto cargo desde el cual desarrolló fe- 
cundas iniciativas e hizo gran bien al ejército, dán- 
dole nueva organización, vigorizando el movimiento 
revolucionario, restableciendo la quebrantada disci- 
plina y poniendo en práctica sistemas de abasteci- 
miento y comunicaciones. 



18 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

El 19 de octubre de 1876, yendo con su Secretario 
José Nicolás Hernández y una pequeña escolta, fué 
sorprendido por la tropa del coronel español Agus- 
tín Mozo-Viejo, de la cual cayó prisionero. Al pre- 
guntarle aquel jefe quién era, hubo de responder con 
estas palabras equivalentes a sentenciarse a muerte: 
"Tomás Estrada Palma, Presidente de la República 
de Cuba". Los ataron como malhechores, los con- 
dujeron a la ciudad de Holguín, luego a Gibara, y de 
este puerto a La Habana, donde fueron encerrados 
en el castillo del Morro el 31 de octubre. Aquí se 
negó a aceptar las ropas que para cubrir su casi com- 
pleta desnudez le brindaba el gobierno español, y es- 
cribió su amarga y célebre carta a José A. Echeve- 
rría, comenzada el día 3 y terminada el 5 del año 
citado. 

Trasladado a España, fué recluido en el castillo 
de Figueras, en Cataluña. Desde allí escribió las 
cartas que contiene este volumen, algunas de gran 
valor histórico. En Figueras, al serle presentadas 
unas planillas para el censo de población, negóse te- 
nazmente a consignar en ellas otra nacionalidad que 
la cubana. 

Firmado el convenio del Zanjón en 1878, entre Es- 
paña y los insurrectos cubanos, Estrada Palma fué 
puesto en libertad; en cuanto a sus bienes, véase lo 
que dijo él mucho después, en carta fecha 5 de julio 



BOSQUEJO BIOGRÁFICO 19 

de 1908, por mí publicada (*) y dirigida a su hom- 
bre de confianza, Jorge Alfredo Belt, que fué Secre- 
tario de la Presidencia desde 1902 hasta 1906 : 

...fueron embargados todos mis bienes, siendo yo el cu- 
bano único a quien no se los devolvieron los españoles, por- 
que me exigían como condición previa que me adhiriese al 
pacto del Zanjón o que regresara a la isla, i yo no estuve 
nunca dispuesto a aceptar semejantes términos, pues me pa- 
recía indecoroso que, habiendo caído prisionero siendo Pre- 
sidente de nuestro Gobierno Eevolucionario, volviera, por ra- 
zón de intereses materiales, a someterme al Gobierno de Es- 
paña. Preferí, por tanto, sufrir todas las vicisitudes i traba- 
jos de la emigración, conservando enarbolada la bandera de 
la independencia. 

Al salir del castillo de Figueras solicitó y obtuvo 
de España pasaje para Francia, en cuya capital es- 
tableció una sociedad política; de París fué a Nueva 
York y de esta ciudad a la República de Honduras, 
donde desempeñó el cargo de Director de Comunica- 
ciones y contrajo nupcias con doña Genoveva Guar- 
diola, hija del Presidente de dicha nación. La no- 
ble viuda de aquel eminente cubano vive hoy en 
Nueva York, pensionada por Cuba en virtud de un 
decreto expedido por el Gobernador Provisional en 
1908. Estrada Palma fué de Honduras a los Esta- 
dos Unidos de la América del Norte, y en Central 



(*) Véase mi libro Estrada Palma. Contribución histórica. (Ha- 
bana, 1911.) 



20 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Valley, estado de Nueva York, estableció su hogar y 
fundó un colegio famoso por la enseñanza que en él 
recibían los educandos, del cual habla con encomio 
nuestro gran José Martí en el tomo VI de sus obras 
editadas por Gonzalo de Quesada. Allí tenía Cuba un 
altar, y de allí salían cubanos formados para la lu- 
cha por la Patria y por la vida. 

Así continuó su apostolado de El Guamo, y de ese 
retiro de Central Valley fué a sacarlo Martí, en 1892, 
cuando dejó constituido el Partido Revolucionario 
Cubano; porque los consejos, los innumerables servi- 
cios a la buena causa y la experiencia de Estrada 
Palma, le habían hecho conocer cuan útil era para 
sus vastos planes un hombre de tan excepcionales con- 
diciones de carácter. Cuando Martí vino a comba- 
tir en Cuba, quedó él encargado de la Delegación del 
Partido Revolucionario en Nueva York; y muerto 
aquel luminoso Apóstol en el campo, sacro desde en- 
tonces, de Dos Ríos, el Gobierno constituido en Jima- 
guayú nombra a Estrada Palma Delegado en pro- 
piedad y representante supremo de Cuba en el ex- 
tranjero. 

¡ Qué labor tan desinteresada, tan noble, tari in- 
mensa y de tan innegable probidad realizó Estrada 
Palma en ese difícil puesto ! Hipotecó su modesta 
casita de Central Valley, y con el producto comenzó 
a engrosar los fondos de la Revolución. Su obra en 



BOSQUEJO BIOGRÁFICO 21 

este período es realmente grandiosa, y gracias a ella 
puede decirse que la Revolución tuvo lo que necesi- 
taba. También de esta época poseo cartas e infor- 
mes oficiales de él, importantísimos, que bien quisie- 
ra dar aquí aunque fuese en extracto ; pero algún 
día los haré públicos. Envió a Cuba hombres, armas, 
medicinas, alimentos; concilio voluntades, intereses y 
ambiciones ; restañó heridas, alivió dolores y miserias, 
perdonó agravios, .suavizó asperezas y rencillas, ol- 
vidó ingratitudes; y aunque manejó, económica y 
útilmente, centenares de miles de pesos, él y los su- 
yos casi no tenían qué comer. . . 

Restablecida la paz en Cuba, al terminar la gue- 
rra hispanoamericana en 1898, Estrada Palma vuel- 
ve a Central Valley y reanuda su vida de antes. Allá 
se dirigen las miradas de su pueblo cuando ve albo- 
rear la independencia ; y él, no obstante las indicacio- 
nes continuadas y la calidad de quienes solicitaban 
que aceptase su designación para Presidente de la 
República próxima a constituirse, vacila y pide que 
se le permita reflexionar. Acepta, por fin; y después 
de más de veinte años de ausencia, es recibido en la 
Patria cual un nuevo Mesías. 

El inolvidable 20 de mayo de 1902 el general Leo- 
nardo Wood le hace entrega del Gobierno de Cuba, e 
inicia Estrada Palma su primer período presiden- 
cial con el aplauso y la satisfacción íntima de un pue- 



22 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

blo que después de prolongadas, titánicas y cruen- 
tas luchas, después de innúmeros sacrificios, veía rea- 
lizados sus legítimos anhelos de libertad. Los cuatro 
primeros años de su administración marcan la épo- 
ca más brillante de nuestra historia: la instrucción 
pública llegó a un nivel no superado; se concertó y 
puso en vigor el Tratado de Reciprocidad con los Es- 
tados Unidos de la América del Norte; se realizó, en 
circunstancias críticas a causa de la guerra ruso- ja- 
ponesa, el empréstito de $35.000,000 para pagar al 
Ejército Libertador; se firmó el Tratado de las Car- 
boneras, restringiendo considerablemente las exigen- 
cias de los norteamericanos, que pretendían cinco 
carboneras: de ellas una en La Habana y otra en 
Cienfuegos; la industria y el comercio desarrolláron- 
se prodigiosamente; la riqueza general aumentó de 
un modo considerable; se pagaron todas las deudas 
y todos los servicios estaban atendidos y cubiertos; 
se terminó la magna obra del Ferrocarril Central; 
construyéronse puentes y caminos; se encauzó per- 
fectamente la marcha de los asuntos públicos, y. . . 
llegó el año de 1905, el período electoral, al que ha- 
bían precedido algunos abortados intentos revolucio- 
narios. 

Las ambiciones habíanse desatado; la crecida suma 
de más de diez millones de pesos que tenía aquel pro- 
bo gobernante acumulada en las arcas nacionales, con 



BOSQUEJO BIOGRÁFICO 23 

el propósito de completar cierta cantidad y acometer 
la obra del alcantarillado y pavimentación de La Ha- 
bana y otros trabajos públicos no menos importantes 
y costosos, como la canalización de El Roque — según 
puede verse en sus mensajes al Congreso, y especial- 
mente en los de 3 de abril de 1905 y 28 de junio de 
1906 — , aquella considerable suma, repito, fué obje- 
to de censuras y despertó apetitos mal disimulados. 
Creía él que su historia y su labor en todo ese tiem- 
po le daban derecho a que su pueblo le reeligiera 
para el honroso cargo en el cual tan alto supo colo- 
car el nombre de Cuba dentro y fuera del país; te- 
mía, y sus temores hanse visto confirmados en gran 
parte, que ocupase la presidencia de la república 
quien la escaló después, el general José Miguel Gó- 
mez; y fué a la reelección apoyándose en el Partido 
Moderado, al que hasta poco antes habían perteneci- 
do quienes le atacaban. Triunfó; y sus contrarios 
— que recurrieron al Gobierno de Washington para 
que interviniese en los asuntos cubanos — , alegando 
que se habían cometido ilegalidades y atropellos en 
las elecciones (de las cuales acordaron retraerse), 
lanzáronse a la revuelta de 1906, sin antes intentar, 
por los medios legales que a su alcance tenían, la anu- 
lación de lo hecho. 

Estrada Palma resistió cuanto pudo: no estaba 
preparado para la guerra. Se negó a pactar con los 



24 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

rebeldes mientras éstos no depusieran las armas, por- 
que entendía que el pacto, sin esta condición previa, 
era reconocerles beligerancia y abrir la puerta a nue- 
vas revueltas; y viendo ya que su obra magnífica se 
desmoronaba, que si en aquellos momentos el país 
caía en manos de quienes le habían asestado mortal 
golpe y saqueaban las cajas municipales de los pue- 
blos de campo, quemaban puentes y destruían pro- 
piedades particulares, se entronizaba una verdade- 
ra anarquía y las hordas indisciplinadas tendrían 
a su merced la riqueza nacional, solicitó, apoyándo- 
se en la Enmienda Platt, el auxilio de los Estados 
Unidos del Norte de América. Reacio el Presidente 
Roosevelt, al fin mandó a dos comisionados: los seño- 
res William H. Taft, luego Presidente de aquella 
nación, y Robert Bacon. Con sorpresa general, en 
vez de sostener al gobierno legalmente constituido, 
como todo el elemento sensato de Cuba esperaba y era 
lógico, pactaron con los rebeldes. El Presidente Es- 
trada Palma renunció su elevado cargo. No que- 
rían aceptar su renuncia, sino que permaneciese en 
el poder y gobernase con aquellos elementos que le 
ofendieron gravemente primero, y que después se 
habían rebelado contra su autoridad. Esto era para 
él, que tuvo siempre un altísimo concepto del decoro 
personal y de su dignidad de gobernante, absoluta- 
mente inadmisible. Mantuvo su renuncia, no obs- 



BOSQUEJO BIOGRÁFICO 25 

tante el pleno reconocimiento de la honradez y de 
la eficacia de su gestión presidencial por parte de 
los citados comisionados, y la confirmó el 28 de sep- 
tiembre de 1906 ante el Congreso, que se negó a acep- 
tarla. El señor Taft asumió el poder, y el 3 de octu- 
bre bajó Estrada Palma las escaleras del Palacio 
para retirarse a la ciudad de Matanzas. De Matan- 
zas fué a su provincia natal, y en su finca La Punta, 
vasta heredad de sus mayores, estableció pobremen- 
te su hogar apartado de los ruidos mundanos. 

Crueles privaciones sufrió allí: la miseria le aco- 
saba, sus hijos desempeñaban los más humildes me- 
nesteres domésticos, labraba él la tierra para poder 
vivir, su esposa preparaba con sus propias manos el 
desayuno frugal. . . Y en estas condiciones, el pro- 
pietario del gran periódico angloamericano The New 
York Herald le ofrece abrir una subscripción que en- 
cabezaría, si él aceptaba, con 50,000 dólares. ¡Una 
fortuna! Pero rechazó la generosa dádiva, porque 
jamás quiso recibir, como regalo, ningún dinero. Un 
cheque de $3,000, que para sus primeros gastos en 
Palacio le entregó el general "Wood cuando le dio po- 
sesión del Gobierno, lo devolvió a la Tesorería Gene- 
ral; y un reloj de oro, que le regaló la casa bancaria 
de Speyer y Compañía, ele Nueva York, como re- 
cuerdo de la firma del contrato del empréstito de 
$35.000,000, también fué devuelto por él. Rasgos 



26 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

como éstos dicen más que todas las palabras: bas- 
ta consignarlos. 

De su finca La Punta, atacado, más que por dolen- 
cia física, por acerbos dolores morales (revelados al- 
gunos en su correspondencia íntima con Belt, parte 
de la cual di a conocer en 1910 y en mi libro Estra- 
da Palma), fué a la ciudad de Santiago de Cuba con 
^el propósito de curarse; y allí, exacerbados su mal y 
sus dolores por imprudencias de pretendidos amigos 
y de falsos interesados en su curación, murió pobre 
y casi solo, en casa amiga, pero en lecho ajeno, el 4 
de noviembre de 1908. 

Tal es, a grandes trazos descrita, la vida inmacula- 
da de quien toda la dedicó a servir a su patria con 
absoluto desinterés. Pudo equivocarse, pero son in- 
finitamente mayores sus méritos que lo que pudieron 
ser sus yerros ; y sus compatricios, que le honran cada 
día más, elevan estatuas a su memoria, a su memoria 
ilustre en cuyo culto han entrado ya y siguen en- 
trando muchos de los que le combatieron, sin duda 
pesarosos de haber contribuido con sus calumnias a 
precipitar el tránsito de la vida a la inmortalidad de 
aquel gran espíritu. 

Carlos de Velasco. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 

(1877-78) 



Castillo de Figueras : Dbre. 17 de 1.877. 

Doctor Eduardo Cartaya. 

Mi estimado y simpático amigo: 

Cumplo con agrado mi promesa. Le dirijo, pues, 
mi primera carta. 

Comenzaré significando, en nombre de José Nicolás 
y en mi nombre, nuestro justo reconocimiento a su 
Sra. y a U. por habernos ofrecido la oportunidad de 
darles el adiós de despedida desde la lancha en que se 
nos condujo a bordo del vapor "Guadiana", destina- 
do a trasladarnos de Cádiz a Barcelona. 

Igual motivo de gratitud tenemos para el Sor. Con- 
suegra, que acompañaba a Udes., y para los Sres. Tru- 
jillo, que alcanzamos a ver a cierta distancia en el 
muelle. 



30 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEKAS 

Le referiré los pormenores más interesantes de nues- 
tro viaje hasta Figneras. Un oficial de la Guardia 
Civil, un sargento, un cabo y ocho soldados del mismo 
Cpo. formaban la escolta q. e debía custodiarnos hasta 
Barcelona. 

Se llama el oficial Antonio Collazos, y, aunque sali- 
do de la clase de tropa, es decente y de buena educa- 
ción. Se portó con nosotros cual cumplido caballero. 
Se propuso hacernos olvidar con su noble comporta- 
miento, que era él nuestro inmediato vigilante. 

Esta sola circunstancia no me hubiera quizás hecho 
abandonar el propósito que tenía de permanecer en 
mi camarote durante la navegación. Pero no me fué 
dable resistir al carácter franco y esencialmente sim- 
pático del Cap. del buque, Sr. Enrique David y Re- 
peto. 

Nació en Cádiz y pertenece a la escuela liberal más 
avanzada; quiero decir con esto, que es republicano 
y radical aun en la cuestión de Cuba. 

Hice a bordo la vida de pasajero, en cuanto lo per- 
mitía mi condición de preso. 

Entre 10 y 11 de la mañana del día siete, levó an- 
clas el vapor, no habiendo podido salir antes por causa 
de la niebla. 

Por la tarde entramos en el estrecho y divisamos el 
Castillo de Ceuta, o sea "El Hacho", que corona un 
promontorio avanzado sobre el mar. No pude menos 
que pensar en los compatriotas y compañeros de in- 
fortunio que aquel gigante de piedra guarda y apri- 
siona. Les envié desde el fondo de mi alma saludo 
fraternal, confiándolo al blando céfiro que ligeramen- 
te rizaba entonces las olas del Mediterráneo. 



CARTAS DE ESTEADA PALMA 31 

Se detuvo el vapor dos o tres horas en Alge- 
ciras y al amanecer del día siguiente fondeó en Má- 
laga. 

Había a la sazón en la cárcel de aquella ciudad ocho 
reos sentenciados a muerte, habiendo ingresado en la 
misma, durante el mes de Nbre., 42 acusados de deli- 
tos mayores y de los cuales sufrirán algunos también 
la última pena. 

Por la noche continuó su marcha el vapor, llegando 
en la madrugada del 9 al puerto de Cartagena, en 
donde pasó todo el día. 

¡ Cuánto lujo de castillos, y qué excelente posición 
presenta aquella ciudad para resistir p. r largo tiem- 
po al más tenaz enemigo ! Si la nueva Cartago hu- 
biera sabido imitar a la antigua, si hubiera compren- 
dido la noble misión que el progreso de los pueblos le 
confiara, en lugar de prostituirse, cual torpe Mesalina, 
y de venderse a los sitiadores, para convertirse en 
tumba de la repbca. española, habría aprovechado con 
discreción y honradez todos los elementos de resisten- 
cia de que disponía y, en último caso, hubiera prefe- 
rido que un moderno Escipion aplicase contra ella 
el "delenda Cartago" del Senado Eomano, antes que 
entregarse maniatada al vencedor ; o bien hubiera 
apelado al fuego, que reduce a cenizas, y de las cua- 
les habría renacido, como el fénix, más pura y más 
vigorosa la República federal. 

Estando en el pto. de Cartagena leí el diario espa- 
ñol del 8. Traía el estado de los detenidos por la 
fuerza de orden público, en Madrid, durante el mes 
de Nbre. Su número ascendía a 1,764; entre los cua- 
les figuraban 781 por escándalo, 111 por hurto y robo, 



32 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

226 por embriaguez, 317 mujeres de mundo y 154 por 
lesiones. 

Este cuadro, exhibido el día 8 por el Diario mi- 
nisterial antes citado, y el cuadro que el mismo día 
presentaba Málaga con sus ocho reos de muerte, son 
suficientes para dar una idea del grado de pública 
moralidad que alcanza España actualmente. 

Por otra parte, si en virtud del acuerdo tomado úl- 
timamente por el Ayuntamiento de Barcelona — según 
refieren varios periódicos — apreciamos la libertad que 
en la nación española se disfruta, puede asegurarse 
que el valor de aquélla no pasa de cero. El Exmo. 
Ayuntam. t0 de la culta y populosa ciudad que debió 
su origen al padre del famoso Aníbal, ha acordado 
expulsar de las escuelas comprendidas en su distrito 
municipal a todos los alumnos que no asistieron a la 
últ. a comunión. Como la libertad religiosa es la fuen- 
te de las demás libertades y da la medida de todas 
ellas, es inútil preguntar qué dros. ejerce el pueblo 
cuya conciencia se tiraniza. 

El mismo periódico ciaba la noticia de nuestra sali- 
da ele Cádiz, añadiendo que seríamos encerrados en 
el castillo de Montjuich. La circunstancia de ser un 
periódico de la situación el que publicaba la expre- 
sada noticia, nos hizo concebir la esperanza de que 
sería cierta. No siendo creíble que un diario minis- 
terial afirme lo que ignora, dentro del círculo de lo 
que le es lícito saber, no llego a explicarme por qué 
siendo público, desde muchos días antes, que se nos 
destinaba al castillo de "Figueras", el papel a que 
he aludido aseguró que seríamos encerrados en el de 
Montjuich. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 



En la madrugada del 11 estábamos en Alicante, de 
donde salió el ' ' Guadiana ' ' por la tarde. Debía haber- 
fondeado en el Grao de Valencia al otro día; pero el 
golfo de este nombre le negó la entrada, haciéndolo 
retroceder ante la furia salvaje de sus olas embrave- 
cidas. Desde el cabo Morairo volvimos atrás el 12, 
permaneciendo hasta la tarde cerca de un pequeño 
pueblo llamado Benidormes. El Cap. signó de nuevo 
su ruta, logrando sorprender la entrada del golfo, en 
un momento que tuvo éste de descuido y, abriéndose 
paso a través, de las olas, todavía agitadas, llegó al 
puerto de Valencia en la mañana del 13. 

Tuve allí ocasión de leer, a bordo, el número corres- 
pondiente a aquel día, de un periódico que se publica 
en la capital de la provincia y que se titula "El Mer- 
cantil Valenciano". El art.° de fondo de dho. núme- 
ro y cuyo epígrafe es "Política interior", me ha da- 
do una alta idea del periódico citado. Es corto pero 
conciso y se distingue por las verdades que pone en 
evidencia, expresadas clara y rectamente, sin embozo 
ni rodeos. 

Pronostico al Mercantil Valenciano pocos días de 
vida, si continúa observando la misma conducta. 

Leí también en él la noticia sobre la rendición de 
Plewna, y me impuse igualmente de la actitud crimi- 
nal de Mac Mahon, que abusa del puesto que ocupa, 
no llenando el deber ineludible de gobernar con la ma- 
yoría de la representación nacional y careciendo a la 
vez de la virtud que alienta a sacrificarse, cual cumple 
a todo hombre pbco., en aras de los intereses grales. 
del País. 



34 DESDE EL CASTILLO DE FTGTJEKAS 

Ignoro a la fha. en que escribo lo que esté pasando 
en Francia. 

En la tarde del 13 prosiguió viaje el "Guadiana", 
entrando en el pto. de Barcelona a las once del día 
siguiente. 

Se nos condujo en seguida a la Capitanía del pto., 
según orden que un Ayudante de la misma trasmitió 
al Alférez Collazos. A las dos se presentó un Tenien- 
te Coronel de Guardia Civil y en unión de otro oficial 
y del mencionado Collazos nos acompañó en coche al 
paradero del camino de hierro. En aquel punto nos 
esperaba un capitán graduado de Comte., también de 
la Guardia civil, a quien se confió nuestra custodia en 
el tren, hta. Gerona. Se nos instaló en coche de 1. a 
clase con el oficial y un cabo. Los demás individuos 
de tropa que formaban la escolta entraron en coche 
de 3. a Partió el tren a las 3 ; llegó a Gerona a las Sy 2 . 
Un grupo de curiosos llenaba el paradero. Se nos 
llevó inmediatam. te por orden del Gobernador de la 
Plaza a la tartana — en que debíamos ser trasladados 
a Figueras. Se encargó nuestra custodia a un tenien- 
te de infantería a la cabeza de 23 hombres de la mis- 
ma arma y de 1 cabo y cuatro sold. s de caballería. 
El oficial y un sarg. t0 se colocaron con nosotros en la 
tartana.=Teniendo que marchar ésta al paso de la 
infantería, se comprenderá fácilmente cuan lento y 
penoso debía ser el viaje. 

Anduvimos durante toda la noche con excepción 
de dos horas; una de las cuales la pasamos en el pue- 
blo de Sarria en un figón que recuerda los del tiempo 
de Sancho Panza. Teníamos necesidad de tomar 
alg. n alimento; pues apenas nos habíamos desayunado 



CAETAS DE ESTRADA PALMA 35 

en el vapor aquella mañana y no se nos había dado 
tiempo después para satisfacer esa fatal exigencia del 
lado animal del hombre, de la que se han aprovecha- 
do, por una parte, los epicúreos para crear la ciencia 
de la gastronomía y contra la que se han rebelado, por 
otra, los sabios, los hombres de la verdadera ciencia, 
que quisieran olvidar por completo las necesidades 
del cuerpo, para no distraerse un instante de las her- 
mosas tareas a que han consagrado su espíritu. 

Allá por la madrugada, un viento cargado de in- 
tenso frío obligó . al oficial que nos acompañaba, a 
parar por espacio de una hora en una taberna-posada, 
de aspecto repugnante, que sólo pudo ofrecernos un 
montón de menuda broza para calentar nuestros cuer- 
pos ateridos. 

Proseguimos el viaje ; mas a la vista de Figueras 
cayó el caballo que tiraba de la tartana y se quebró 
una de las barras del vehículo. Tal incidente nos hizo 
echar pie a tierra y recibir — durante media hora, que 
tardó la composición provisional del carruaje — los azo- 
tes del viento, que soplaba entonces con mayor fuerza. 

Acostumbra reinar en cada país y aun en cada zona 
un viento especial, que se hace sentir y hta. temer por 
determinada circunstancia. Así lo comprueba el que 
levanta en el gran desierto de África montañas de 
arena, que trasporta, cual débil arista, a grandes dis- 
tancias, para sepultar a veces dentro de ellas carava- 
nas enteras de peregrinos. Lo comprueban así mismo, 
''el levante", que encrespa las olas del Mediterráneo 
y cierra el paso a los buques que se dirigen a su en- 
cuentro; "la virazón", en la costa Sur de Cuba, que 
caldea la atmósfera y la impregna del diminuto je- 



DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 



jen, aun más ardiente que la abrasada playa de dond* 3 
brota; "el Guadarrama", en Madrid, "que mata un 
hombre y no apaga un candil " ; "el cierzo ' ', en algu- 
nas de las provincias setentrionales de España y "la 
tramontana", en el distrito de Figueras — que vienen 
a ser uno mismo — el cual, descendiendo del Norte, 
como el antiguo Bóreas, y atravesando los Pirineos, 
empapa sus anchas alas en la niebla de estas montañas 
y deja, por doquiera que pasa, la fría impresión de 
su aliento helado. 

Este viento, pues, que sopla con intermitencia de 
muchos días, salió a recibirnos al camino de Gerona 
y nos acompañó al castillo de San Fernando de Fi- 
gueras lita, la entrada del pabellón que se nos tenía 
destinado, cuya puerta no le fué permitido traspasar. 

Ya se nos esperaba aquí y se nos habían preparado 
habitaciones, cuidándose el Gobernador de hacer blan- 
quear las paredes, pintar las ventanas y reponer los 
cristales rotos. El Ayudante del castillo de Sta. Ca- 
talina había tenido la bondad de recomendarnos con 
anticipación al de S. n Fernando de Figueras. Con 
este motivo encontramos ya en nuestro alojamiento 
camas, sillas, mesas &., que se habían hecho traer por 
nuestra cuenta de una mueblería de la ciudad. 

El Gob. r de la fortaleza, Brig. r D. Felipe Dolssa, 
nos visitó por la tarde, cuando supuso que habíamos 
descansado de las incomodidades sufridas en la noche» 
ant. r . Se mostró muy atento y expresó su deseo de 
hacernos sobrellevar, en cuanto de él dependiese, la 
mala suerte que nos había cabido. 

Ayer — domingo — quiso darnos una prueba de su 
buena voluntad a fuer de católico, y nos invitó, por 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 37 

medio del Ayudante, a que asistiéramos a misa en la 
capilla de la fortaleza. 

Grande fué nuestro aprieto en aquel momento, so- 
bre todo, teniendo presente el acuerdo a que me he 
referido en el curso de esta carta, tomado p. r los Con- 
cejales de Barcelona en asuntos de conciencia religio- 
sa. Sin embargo, apelando a la fuerza moral que 
siempre me ha ofrecido la rectitud de mis conviccio- 
nes, signifiqué francamente al Ayudante que nosotros 
no profesamos el culto católico ; en cuya virtud no 
podíamos aceptar la invitación que nos hacía en nom- 
bre del Brig. r , y que, por lo tanto, se sirviera expre- 
sarle esto mismo, o darle la excusa que tuviera a bien. 

Se ve, por lo dicho, que se nos ha recibido en San 
Fernando como huéspedes distinguidos. El Gob. r , se- 
gún creo, tiene orden de tratarnos con decoro y de 
guardarnos las consideraciones compatibles con la se- 
guridad y celosa vigilancia que al propio tiempo se le 
recomienda. 

Por efecto, pues, de semejante recomendación, so- 
mos José Nicolás y yo causa ocasional, por no decir 
inocente, del recargo de servicio para la guarnición 
del Castillo. Una escolta — de no sé cuántos hom- 
bres — que se releva cada veinte y cuatro horas, da 
tres guardias para vigilar simultáneamente tres la- 
dos distintos de nuestra prisión; a cuya puerta, que 
se mantiene cerrada, permanece día y noche el oficial 
comandante de la escolta. 

Nos hemos encontrado aquí un joven de la Hab?, 
Fran. co Guerrero, que pertenecía a los Cpos. de Vo- 
luntarios de la Península y acaba de recibir su licen- 
cia. Se ha prestado espontáneamente a asistirnos y lo 



38 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

hemos tomado a nuestro servicio, mediante la autori- 
zación del Gob r . — Estando provisto de cocina nuestro 
departamento nos propusimos establecer nuestra casa 
en provecho de la más severa economía y de la inde- 
penda posible, dentro de los estrechos límites de la 
prisión. 

Guerrero nos ha referido que fué deportado el año 
69, que conoce a Esteban Estrada, al Sr. Consue- 
gra (!) y a otros cubanos resid. tes en Cádiz y en Sevi- 
lla. Dice que su padre murió en la primera de las 
dos ciudades mencionadas, y que es sobrino de aquel 
D. r Guerrero ( 2 ) catedrático de la Universidad de la 
Habana, tan desgraciado como profundo jurista. 

Las cartas que tenga U. la bondad de dirigirnos 
traerán esta dirección : Sr. D. Pran. co Guerrero y Gue- 
rrero. Castillo de San Fernando. 

Figueras. 

Le ruego sea V. intérprete, para los compatriotas y 
amigos de esa localidad, del aprecio que les debemos 
José Nicolás y yo. 

Nos permitimos ofrecer nuestros respetos a su Sra. 
y esperamos se sirva U. admitir la expresión sincera 
de nuestro acendrado afecto. — 



(1) El señor Pedro Consuegra, a quien está dirigida la carta 
núm. XI, fechada el 18 de enero de 1878, que aparece en este vo- 
lumen. 

(2) Dr. José Domingo Guerrero y Zequeira, natural de La Ha- 
bana. Fué catedrático de esta Universidad desde 1846, donde ex- 
plicó Derecho Político y Derecho Administrativo. Murió en 1868. 



II 



Castillo de S. Femando. Figueras Dbre. 21 1 877. 

Gral. Calixto García. 

Mi distinguido y muy apreciado amigo: 

Acuso recibo, con el mayor agrado, de las dos suyas 
muy estimadas q. e tienen fechas de Nbre. 28 y Dbre. 7. 
Ellas me han producido honra y satisfacción, robus- 
teciendo a la vez en mi espíritu el vigor que éste ne- 
cesita en la adversidad. 

He aquí una serie de razones, esencialmente perso- 
nales, que me estimulan a tener el mayor interés de 
que no se interrumpa nuestra iniciada corresponden- 
cia. Por lo pronto remito esta carta al amigo de Va- 
lencia, para que le dé curso, y V. me dirigirá las su- 
yas por el mismo conducto, hta. que se aviste y ponga 
en inteligencia conmigo el otro compatriota residente 
en Barcelona, con quien U. se corresponde. 

Es oportuno que U. le advierta a dho. Sr., para el 
caso en que él se disponga a visitarme, que será con- 
veniente obtenga con tal fin, si le es posible, permiso 
directo del Capitán Gral. de Barcelona, pues evitaría, 
así, que el Gobernador del Castillo le negara la en- 
trada, o le incomodase, haciéndole esperar. 



40 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

No conozco cuál es el ánimo del Gob. r sobre este 
particular, ni cuáles sean las instrucciones que tenga ; 
pero a juzgar por las medidas de vigilancia que se han 
adoptado y por la recomendación que se nos ha hecho 
de que procuremos limitar la corresponda a asuntos 
de familia, entiendo que el comandante de la forta- 
leza, brigadier D. Felipe Dolssa, quisiera rehuir toda 
especie de responsabilidad; no obstante habernos ma- 
nifestado en la visita con que nos favoreció el día de 
nuestra llegada, que podíamos contar con la seguridad 
de que nos haría llevadera nuestra situación en cuan- 
to de él dependiese. 

Ya que el hilo de esta carta nos ha traído al castillo 
de San Femando de Figueras, le referiré : que ingre- 
samos en él a las ocho de la mañana del día 15 ; que 
se nos tenía reservado alojamiento en pabellones de 
segundo piso, cómodos y limpios; que, hta. la fecha, 
vienen conduciéndose con decencia y guardándonos 
respetuosas consideraciones los oficiales que sucesiva- 
mente se relevan en el cargo de vigilar nuestra pri- 
sión. 

Las amplias habitaciones en que nos encontramos 
me traen forzosamente el recuerdo del estrecho cala- 
bozo en que a V. se le ha condenado a asfixiarse, y me 
hacen experimentar un sentimiento indefinido de tris- 
teza y de disgusto. Me figuro que es mayor la distan- 
cia que nos separa, que estamos tanto más alejados 
uno del otro, cuanto más notables son las diferencias 
en la forma de que se reviste nuestro adverso destino. 

Si le hablo a U. con la ingenuidad que acostumbro, 
puedo asegurarle que desde el día 19 de Octubre me 
siento indiferente a los azares de la vida, no me preo- 



CAETAS DE ESTRADA^ PALMA ' 41 

cupa la idea de que se prolongue más o meuos tiempo, 
y me parece no engañarme afirmando que no harían 
impresión en mi espíritu el calabozo de la Carraca y 
la cadena, empotrada en sus muros, con que se ató al 
Gral. Miranda ( 3 ), como si se tratara de bestia feroz, 
causándole así una muerte calentada. 

Lo que dejo expuesto le demostrará que han de in- 
fluir poco en mi ánimo las ventajas materiales de la 
prisión, que encadena mi actividad y me convierte en 
espectador lejano del drama heroico, sublime, de que 
he sido actor por espacio de nueve años. Pudieran 
ejercer aquéllas, en cierto modo, alguna influencia 
en mi espíritu, si alcanzaran igualmente al distingui- 
do compatriota que tan honrosos títulos posee a la 
profunda estimación de cuantos sean buenos y dignos 
hijos de Cuba ; y a quien me unían antes de ahora la- 



(3) General Francisco de Miranda, ilustre hijo de Venezuela, na- 
cido en Caracas el 9 de junio de 1756 y muerto en la prisión del 
Arsenal de la Carraca, Cádiz (España), después de prolongado mar- 
tirio, el 14 de julio de 1816. Se le da, con justicia, el título de Pre- 
cursor de la Independencia de la América del Sur. Fué General de 
los Ejércitos de la República Francesa; su nombre figura en el Arco 
de Triunfo de la plaza de la Estrella, París, junto al de célebres 
guerreros ; su retrato se conserva en el Museo de Versalles, y el 5 
de julio de 1913 fué solemnemente inaugurado en el Museo del 
Ejército Francés, en París, un medallón de él. Hombre de gran 
significación en América y en Europa, hizo famoso su nombre y se 
distinguió brillantemente en los campos de batalla de una y otra 
parte del mundo. Propagó también sus ideas de libertad en Asia 
y en África y tomó parte principal en los tres grandes movimientos 
políticos de su época: la Independencia de los Estados Unidos de 
la América del Norte, la Revolución Francesa y la Independencia 
de la América del Sur. En 1780 prestaba en La Habana sus ser- 
vicios en el ejército español, y recibió aquí las excitaciones de sus 
compatriotas para luchar por la independencia. Rehusó entonces, 
por hallarse al servicio del rey de España ; pero, apenas salido de 
él, en 1783, fué a los Estados Unidos y propuso a Washington y 
a Hamilton la emancipación del imperio colonial español. 



42 DESDE EL CASTILLO DE EIGUERAS 

zos de afecto inmutables, que hoy estrecha y hace más 
indisolubles una misma adversa suerte. 

Ya que la propia estrella nos arrancó del materno 
seno de una patria querida, para arrojarnos a esta 
apartada tierra y enervar nuestros cuerpos dentro de 
los espesos muros de una prisión, daría pruebas de ser 
menos adusta, menos cruel, si consintiera en que el 
propio techo cobijara nuestro encierro, en que la mis- 
ma escolta lo vigilase. Entonces, sí, sería mi alma 
sensible a la emoción, no de placer — porque éste es, 
en el cautiverio, como una planta exótica — sino la que 
engendra la ternura inefable de la amistad experi- 
mentada, correspondida con recíproco afecto y garan- 
tida por la identidad de sentimientos, por la comuni- 
dad de principios y hasta de situación. 

El castillo de San Fernando de Figueras está situa- 
do en el interior y es una verdadera fortaleza, con so- 
brada capacidad y la guarnición suficiente, para guar- 
dar a tres prisioneros de grra. aunque uno de éstos sea 
el Gral. Calixto García, ¿qué inconveniente, pues, pu- 
diera oponer el Gobno. de la integridad española a 
que nos reuniésemos en la propia prisión para arras- 
trar juntos la vida de cautivos ? — Si las dificultades 
que hubiera que vencer, estuviesen de mi parte, nin- 
guna existiría. 

U. me pregunta en una de las suyas por el Marqués, 
Trujillo y Félix Figueredo ( 4 ). — Se encontraban en 



(4) El Marqués: Salvador Cisneros Betancourt, marqués de San- 
ta Lucía, procer camagüeyano fallecido en La Habana el 28 de fe- 
brero de 1914, en el desempeño del cargo de senador de la Bepú- 
blica, que ocupaba desde la instauración de ella en 1902. Fué Pre- 
sidente de la República en armas, y estuvo siempre a salvo de la 
maledicencia. Su papel en nuestra historia revolucionaria fué de 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 



sus puestos, como el animoso artillero al pie del ca- 
ñón ; el primero a la cabeza del Cpo. Legislativo, dan- 
do ejemplo de fortaleza, de perseverancia y de abnega- 
ción; el segundo, aunque había cesado en la represen- 
tación nacional, podía decirse que formaba parte de 
la Cámara y del Ejecutivo, porque, permaneciendo 
constantemente a nuestro lado, se hallaba siempre a 
tiempo para emitir con independencia y, muchas ve- 
ces, con acierto, su parecer en asuntos importantes; 
el tercero acaba de prestar un gran servicio, asistien- 
do con fortuna al Gral. Maceo en la grave herida que 
éste recibió el 6 de Agosto. Si es cierto lo q. e me refi- 
rió el Alférez Lino Sánchez, fué desmontado Félix, en 
una tenaz persecución del enemigo, perdiendo su buen 
caballo prieto, que U. debe recordar. 

La robusta y privilegiada naturaleza de Maceo, ayu- 
dada por la eficaz asistencia médica que a éste le con- 
sagró Félix, pusieron pronto al héroe de cien comba- 
tes, al celoso defensor de la ley, del orden y de la 
autoridad, modelo de ciudadanos y de militares, le 
pusieron y pronto, repito, en aptitud de asumir de 



gran importancia. — Trujillo: Parece referirse a Ramón Pérez Tru- 
jillo, diputado, autor de la proposición por la cual fué Carlos Ma- 
nuel de Céspedes depuesto de su cargo de Presidente de la Repú- 
blica. Fué uno de los defensores de los coroneles Bello y Santies- 
teban en el consejo de guerra que, por orden de Máximo Gómez, 
juzgó y condenó a éstos por andar en tratos con los españoles. De 
este incidente habla Estrada Palma en otras cartas que aparecen 
aquí, y especialmente en la que va en el apéndice. — Félix Figue- 
redo, bayamés. Al estallar la guerra en 1868 fué uno de los prime- 
ros patriotas que empuñaron las armas contra España, junto con 
Donato Mármol, en Jiguaní. Alcanzó el grado de mayor general y 
fué Secretario de la Guerra en la Revolución. Indomable siempre, 
protestó en Baraguá contra el pacto del Zanjón. Había cursado Me- 
dicina en Barcelona, Madrid y Cádiz, y era hombre ilustrado. 



44 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

nuevo el mando de sus tropas "y de hacer sentir al 
enemigo, muy en breve, el vigor de su brazo, siendo 
una prueba de ello, y prueba asaz elocuente, el comba- 
te librado en Piloto el 28 de Octubre, cuyo resulta- 
do — por lo que ligeramente apunta La Bandera de 
Santiago de Cuba — debió ser completamente funesto 
para las armas españolas. 

Si no tuviese la íntima convicción de que la misma 
fza. de los acontecimientos, habrá dado a los asuntos 
interiores de la Repbca. la solución más conveniente, 
diría que me domina la impaciencia por conocer el 
medio empleado p? constituir el Gobno. Central, con 
las condiciones q. e las circunstancias reclaman. Im- 
pulsado por el deber de patriota, de que no me exime 
la circunstancia accidental de hallarme prisionero, 
escribí desde la Habana al Gral. Gómez y me dirigí 
luego a los Grales. Maceo y García ( 5 ), estimulándolos 
a la conaordia a fin de que, dando ellos el ejemplo 
de conciliación, se estableciese la armonía general en 
todo el territorio de la Repbca. y pueda contarse para 
la campaña de la seca con la seguridad de una resis- 
tencia organizada en los tres Departamentos; la cual 
debe acercar, en mi concepto, el término de la lucha, 
de un modo favorable a la causa de Cuba. 

Fácil y agradable tarea ha sido y será siempre para 
mí escribir a Gómez y a Maceo, mientras que he teni- 
do necesidad de sostener conmigo mismo una lucha 
vigorosa, antes de tomar la pluma para dirigirme a 



(5) El mayor general Vicente García González, de gran signifi- 
cación en la guerra de los Diez Años y último Presidente de la Re- 
pública en armas. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 45 

García. Más de un motivo justifica la fuerza de opo- 
sición, nacida del fondo de mi alma contra ese acto, 
y no es el menos fundado la circunstancia de haber 
sido García la causa primordial de mi infortunio — con 
el que no podré nunca conformarme, por mas que pu- 
diera creérseme resignado — . Triunfó en la lucha mi 
patriotismo, sentimiento que muchos adulteran y pro- 
fanan, y que muy pocos experimentan; debiendo con- 
fesar ingenuamente que tuvo por auxiliar, para con- 
seguir el triunfo, la tesis que he venido sosteniendo 
desde el principio de la guerra y respecto de la cual 
no podía ponerme en contradicción: he sustentado 
siempre que los obreros de la independencia de Cuba 
no deben detenerse en sus trabajos, por ningún gé- 
nero de. sacrificios — excepto el de su propia digni- 
dad — . Me doblegué, pues, al peso de mi misma opi- 
nión y escribí al Gral. García, tratando de ponerle 
de relieve la urgente necesidad de que los Jefes más 
caracterizados y las personas de mayor influencia en 
el campo cubano den tregua a sus disensiones, que son 
un aliado poderoso de los españoles, y restablezcan 
"la unión", con la cual, no sólo serán los patriotas 
antillanos invencibles, sino vencedores. 

En la narración — que ya U. habrá leído — de cuanto 
precedió al acto de caer yo prisionero, he omitido al- 
gunos incidentes notables, así como algunos hechos 
que tuvieron lugar con anterioridad y que, sin embar- 
go, se relacionan con aquel acto. Consignándolos, ha- 
bría puesto de manifiesto nuestras miserias, el cieno 
que de vez en cuando sube a la superficie, con el deli- 
berado propósito de imprimir mancha en el terso 
cristal de la más noble y de la más justa de las revolu- 



46 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

ciones que hayan sostenido en toda época los pueblos 
de la tierra. 

Es para mí tan penoso repasar en la memoria aque- 
llos sucesos, que no me atrevo a ofrecerle que comple- 
taré para U. el trabajo, ni, menos, a indicarle que re- 
dactaré, como a veces he pensado, algo que tenga pre- 
tensiones de "Memorias de la Revolución" ( 6 ). No 
obstante, quizás refiera más tarde a U. algunos de los 
particulares a que aludo. 

Tengo expedita, por medio de G., la vía de N. Y. ; 
mas no por eso olvidaré la dirección que U. me ha 
dado, porque puede llegar el caso de que me sea con- 
veniente hacer uso de ella. 

Desde q. e llegué a Cádiz hice el propósito de con- 
sagrarme al estudio, especialmente de filosofía y dere- 
cho público. Se me han facilitado ya algunas obras. 
Pero me falta vencer todavía una dificultad, y es la 
de imponerme a mi propio espíritu, para que el ánimo 
sacuda la displicencia, el mal estar en que cae a me- 
nudo; condición que no es la más adecuada para el 
ejercicio de las facultades intelectuales. 

Ella me recuerda al ilustre desterrado del Ponto 
Euxino, cuyo "Líber tristis" expresa elocuentemente 
la nostalgia del proscripto. Su "Ars amandi" privó 
al dulce Ovidio de la gracia del emperador, le amarró 
de los brazos de la opulenta Roma y le confinó a tie- 



(6) Pudiera ser que entre los documentos que la señora viuda 
de Estrada Palma conserva, se encontrasen apuntes para estas Me- 
morias ; pero no tengo seguridad de que las llegara él a escribir, 
aunque me parece recordar que durante su presidencia (1902-06) 
Estrada Palma entregó a un impresor de La Habana ciertos papeles 
que después no quiso publicar. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 47 

rras distantes, las que baña el moderno Mar -negro. 
Una obra de amor profano causó la desgracia del poe- 
ta latino, en la corrompida corte de Augusto ¡ fenó- 
meno bien singular! 

Nosotros podemos erguir con altivez la frente. Nos 
ha traído a la presente situación una causa altamente 
noble ; el amor más puro y más desinteresado, el amor 
de la libertad y de la igualdad, alma y esencia de la 
obra de redención de un pueblo, que al sacudir la ser- 
vidumbre política del colono, rompe también las ca- 
denas del esclavo, y escribe, para todos, en su bande- 
ra, los dros. imprescriptibles del hombre, sin distinción 
de razas opresoras y oprimidas, de castas privilegiadas 
o desheredadas, de blancos, negros y chinos, de nobles 
y plebeyos; de aristócratas y proletarios; derechos 1 
que el Creador escribió en la naturaleza moral del 
hombre, con el fin de colocarlo en condiciones de pro- 
porcionarse por sí mismo, individual y colectivamente, 
su propio bien, sin necesidad de arbitrarios tutores, 
que tienden constantemente a mutilar su alma para 
convertirlo en paria. 

Las anteriores consideraciones, una buena voluntad 
y mi afición al estudio, espero que contribuirán a que 
me sea permitido dedicarme a él con provecho. En tal 
virtud, si a V. no le hiciera falta la gramática ingle- 
sa q. e me ha ofrecido, la aceptaré, con tanto más gusto 
cuanto que, viniendo de sus manos, tendrá para mí 
un mérito superior. 

Su madre, consagrada exclusivamente a cuidar y 
velar por U. en la desgracia, me había inspirado an- 
tes de ahora profunda estimación. El afecto que ella 
tuvo a mi madre me obliga hoy — además de aquel jus- 



48 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

to sentimiento — a rendirle el homenaje de inefable 
cariño, que me permito expresarle por conducto de 
U. ; considerando con razón, al mismo tiempo, que 
existe p* mí un vínculo más, y muy respetable, en la 
amistad que a V. me une. 

Hablaré en el siguiente párrafo, sobre la situación 
pecuniaria a que V. se refiere en la primera de sus 
cartas. 

Semejante asunto forma tal vez la más negra faz 
de mi prisión. 

Independ. te por naturaleza, susceptible a la más li- 
gera decepción, poco menos que escéptico respecto de 
la sinceridad de los sentimientos y relaciones de los 
hombres en sociedad, habituado, por lo tanto, a con- 
tar siempre con mis propios recursos exclusivamente, 
y a limitarme a ellos ; me siento abrumado, en el cau- 
tiverio, por el carácter que representaba en la Revo- 
lución cubana, al tiempo de caer prisionero, y que es, 
sin duda, la causa ocasional de que las autoridades 
españolas — con este o con aquel fin — me demuestren 
consideraciones y deferencias que de ningún modo 
tendrían por mi sola individualidad ; la que, en otro 
caso, se perdería en la condición común de los demás 
prisioneros de guerra. 

Bajo semejante punto de vista me considero más 
desgraciado que éstos ; pues, si yo me hallase en lugar 
de cualq? de ellos, podría gozar, como sería mi deseo, 
de la más absoluta independencia, viviendo encerrado 
en mí mismo, sin necesidad, por ningún concepto, de 
recibir auxilios procedentes del exterior de la prisión ; 
en donde tendría lo más indispensable para la exis- 
tencia corporal, rancho diario, que sería a mi paladar 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 49 

mucho más agradable y a mi espíritu mucho más con- 
fortante que los más sabrosos y suculentos manjares. 

No hay, ni puede haber exageración en lo que dejo 
dicho. Prescindo de la circunstancia que me favorece, 
por haberme acostumbrado a una vida frugal, desde 
los más tiernos años ; pero bastará tener presente que 
hemos pasado nueve años consecutivos, reducidas to- 
das nuestras necesidades a la última expresión, y no 
le será difícil a nadie convencerse de cuan fácil me 
sería continuar en el destierro la vida sencillísima que 
hacía en el campo cubano. 

Mas ¡ ay ! me es forzoso cubrir siquiera las aparien- 
cias a la vista de los españoles, ya que ellos se cuidan, 
a su vez, de guardarlas, en la forma decorosa q. e han 
adoptado para conmigo. No me es posible, pues, to- 
mar el rancho, ni pasar por un preso desconocido de 
los que me conducen de un lugar a otro, o de los en- 
cargados de custodiarme en la prisión, así como tam- 
poco puedo impedir que algunas personas me visiten 
en ella, por curiosidad o por simpatía. Tales circuns- 
tancias me han colocado en esta bien dura alternativa : 
o poner en ridículo el carácter que represento, en mi 
calidad de ex presidente de la R. de C, o aceptar de 
mis compatriotas una limosna, cuya colecta dé lugar, 
tal vez, a ofensas contra mi dignidad. — El prestigio 
de la Revolución me ha obligado a optar p. r el último 
de esos extremos, imponiéndome así un nuevo sacrifi- 
cio p* Cuba, muy acerbo ciertam te . 

He recibido ya, en consecuencia, algún dinero, con 
el que — observando toda la economía posible — hemos 
venido y venimos José N. y yo cubriendo nuestros 
gastos indispensables. 



50 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

He abierto ante su vista los pliegues de mi corazón, 
a fin de que V. conozca, tal cual es, un asunto, para 
mí, tan íntimo como penoso. Le he dado, así, una 
prueba ostensible de que no me es lícito tener para V. 
nada oculto : debo, por lo tanto, terminar mi confesión. 

Por más excepcional y crítico que parezca mi actual 
estado, y sea cual fuere la necesidad de dinero que 
tenga en lo sucesivo, rehusaré siempre — por mucho 
que yo respete los dros. de antigüedad de V. — toda 
suma que me sea remitida a expensas de la que a V. 
se debe, ya se envíe de París, ya de New York. Si los 
cubanos carecieran de medios bastantes para atender a 
los gastos q. e forzosamente hacemos U., José Nicolás 
y yo, estamos resueltos los dos últ. s — sin que llegue 
a disuadirnos ningún género de consideración — a que 
se cubran con preferencia las necesidades de U., que 
son más imperiosas y más ineludibles, por distintos 
motivos. 

En tal concepto, y conociendo los levantados senti- 
mientos de U. — que, en virtud de ellos, nos hará jus- 
ticia — me permito rogarle no me exponga al disgusto 
de devolver toda suma que nos sea destinada, en per- 
juicio, no diré de lo necesario, sino aun de las como- 
didades a que tiene V. dro. por más de un título. 

A riesgo de cansar demasiado su atención, le referi- 
ré que hace 3 días vinieron a visitarme Ignacio Casas 
y Jaime Hill (7), desde Barcelona y Eduardo Quir, 



(7) Ignacio Casas y Jaime Hill eran dos catalanes asociados en 
Bayamo como comerciantes. El primero, cuando la toma de dicha 
ciudad, fué, con Estrada Palma, nombrado regidor por Carlos M. 
de Céspedes. A su casa de Santiago de Cuba fué Estrada Palma a 
hospedarse cuando volvió a la Patria en 1902. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 51 

desde Cadaqués, pueblo situado a seis o siete horas de 
este Castillo. Me recordaron su antigua amistad, de- 
mostrándome el mismo afecto de otro tiempo. Les 
agradecí en extremo la visita, haciendo a la vez esta 
amarga reflexión: "Residen actualmente en Barcelo- 
na unos cuantos cubanos, y, mientras tres españoles 
hacen un viaje al Castillo de Figueras, expresamente 
para verme y ofrecérseme en la desgracia, los días se 
deslizan sin que me quepa el consuelo de estrechar 
aquí la mano de un compatriota". 

Doy fin a esta larguísima epístola, con recuerdos 
de José Nicolás -y el testimonio de mi cordial afec- 
to.— T. E. 



A Esteban Estrada fha. 17 Dbre. — 

Al Tente. Ant? Serrano Moreno — 24 Dbre. — 

A F. A. Aguilar— Dbre. 22.— 

Al Alf . z Ant.? Collazos Gómez — Dbre. 24. 

A Plácido Gener. — Dbre. 24 — 

A F. A. de Aguilar.— En? 1? 1878. 



III 



Enero 3 de 1878. 



Sor. Plácido Gener ( 8 ). 



Mi distinguido amigo : 

Tiene ésta por único objeto decirle que el día 24 
de Dbre. le dirigí mi primera carta, a contar desde q. 
nos hallamos aquí, y q. como es de suponerse, espero 
con vivo deseo ver letra de Ud. 

La carta de un amigo entra siempre en la celda de 
un preso como rayo de luz y de calor que la alumbra 
y la calienta. 

No quiero significar con esto que el local de mi pri- 
sión sea húmedo, oscuro, ni mucho menos. Mas es 
preciso convenir que para el proscripto, sobre todo, 
si muros formidables interceptan su libertad, es con- 
dición muy necesaria de vida el lenguaje amigo de 
un compatriota. 

El año 77 terminó su carrera, sin que las leyes fí- 



es) Hermano de don Benigno. A ambos patriotas escribió Es- 
trada Palma varias cartas que aquí figuran. Los dos nobles herma- 
nos Gener prestaron innumerables servicios a los cubanos deporta- 
dos y expatriados, agotando así su fortuna. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 53 

sicas y morales de la Creación se hubiesen alterado 
bajo ningún concepto. El 78 lia hecho su entrada 
oficial, sujeto a ellas, como los demás ; pero, como quie- 
ra que dentro de dichas leyes se halla trazada la senda 
del progreso y de la perfección del género humano, y 
como al propio tiempo existe actualmente una lucha 
encarnizada entre dos civilizaciones distintas, que las- 
tima diferentes intereses y que amenaza provocar una 
conflagración europea, no será difícil surjan, durante 
el año que principia, acontecimientos naturales que 
podrán interesarnos' cómo miembros de la gran fami- 
lia humana. 

Me he extendido más de lo que me propuse, y doy, 
por tanto, fin a esta carta con la reiterada expresión 
de mi alto aprecio. T. E. 

Me apresuro a referir a U. el incidente bajo cuya 
acción nos hallamos José Nicolás y yo, y cuyas conse- 
cuencias no nos es dable preveer. 

Con motivo de la disposición sobre estadística o 
censo de población que se está cumplimentando en 
estos días, nos mandó ayer el Gobernador del Castillo 
cuatro ejemplares de las cédulas de cabeza de familia, 
para que cada uno de nosotros llenase dos. 

Desde el primer momento me sentí contrariado, por- 
que previ que íbamos a tropezar con dificultades im- 
posibles de vencer que nos colocarían en penosa situa- 
ción. En efecto, la columna que se refiere a la "na- 
turaleza" se halla en dos casillas, una para los espa- 
ñoles y otra para los extranjeros; si hacíamos uso de 
la primera, nos declarábamos, desde luego, de hecho 
subditos de España, y si consignábamos en la otra 
nuestra naturalidad, nos exponíamos a chocar de fren- 



54 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

te con el Brigadier Gobernador de esta fortaleza y 
probablemente con el Gobierno Central. 

Un sargento, empleado en el despacho de oficina, 
nos había traido las cédulas; le expuse francamente 
los inconvenientes que se nos ofrecían para llenarlas, 
y que, por lo tanto, sería preferible que se nos exi- 
miese de verificarlo; el sargento manifestó que no era 
posible exceptuar a nadie; se me ocurrió pedir una 
conferencia al Brigadier, para hacerle presente con 
ingenuidad el conflicto en que nos hallábamos Her- 
nández y yo; mas, temeroso de no ser comprendido, 
desistí de hacerlo, y en tal virtud me decidí, de acuer- 
do con José Nicolás, a optar por la casilla destinada a 
los extranjeros, escribiendo en ella "Cuba". Auto- 
rizadas con nuestras firmas, devolvimos las cédulas al 
sargento, que se retiró en el acto. 

Hoy, a la misma hora de ayer, entre 11 y 12, el 
Mayor de Plaza, Tente. Coronel, con grado de Coro- 
nel, vino a significarnos, en nombre del Brigadier, que 
no le era posible dar curso a las cédulas que nosotros 
habíamos llenado, porque figuraba "Cuba" en la ca- 
silla marcada para los extranjeros ; que debíamos con- 
signar nuestra naturaleza en la otra casilla, sin per- 
juicio de que escribiésemos en la columna de observa- 
ciones lo que juzgáramos oportuno. 

Haciendo uso de la palabra le dije poco más o me- 
nos lo que sigue. 

Mucho me place entenderme con Ud. en este asun- 
to; me dirijo, pues, al caballero. He venido figuran- 
do activamente en la revolución cubana, cuya bande- 
ra es "la independencia de la Isla"; cuando caí pri- 
sionero desempeñaba en aquélla el destino de Presi- 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 55 

dente de la República de Cuba; de donde se deduce 
que proseguía adherido a los principios políticos pro- 
clamados por la revolución. Ahora bien; si, hallán- 
dome libre en el campo cubano no había renunciado a 
ellos, imposible es, de todo punto imposible, que den- 
tro de los muros de una prisión cometa apostasía, ni 
aun que dé el más ligero motivo por que pueda ser 
considerado menos digno que los compañeros míos que 
continúan sosteniendo con las armas la causa a que 
correspondo. Si yo procediese de otro modo, sería 
indigno ante Udes. mismos, que, con razón, se forma- 
rían de mí la más pobre y vergonzosa idea; debiendo 
añadir que tampoco sería digno del Sor. Brig. r , que 
se empeñase — dado caso que lo hiciera — en que yo pro- 
cediese de una manera contraria a mi decoro. 

Al pronunciar estas últimas frases me interrumpió 
el Tente. Coronel, diciéndome que una estricta y ri- 
gurosa subordinación le obligaba a no permitir que 
en su presencia se hablase del Brigadier, que era su 
Jefe, de un modo inconveniente; esperando, así, que 
yo lo tendría en consideración. Le contesté que no 
había sido mi ánimo inferir al Brigadier la menor 
ofensa, pues había partido sólo de un supuesto en la 
expresión del pensamiento relativo a él. 

Continué diciendo que no podía, en virtud de las 
razones anteriormente expuestas, llenar la casilla con- 
cerniente a la nacionalidad española; que desde que 
caí prisionero, me había propuesto, como regla inva- 
riable de conducta, revestir todos mis actos de la más 
severa dignidad, y resignarme a todas las vicisitudes 
de la infortunada condición que me había cabido en 
suerte. 



56 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Terminé manifestando que era mas desagradable 
para mí el actual conflicto, por la consideración de 
que pudiera atribuírseme el propósito deliberado de 
hacer alarde de los principios que sustento, cuando 
mi ánimo, al contrario, se hallaba muy lejos de seme- 
jante intención. 

José Nicolás, identificado con mi manera de pen- 
sar, expresó los mismos conceptos. 

El T. Coronel nos aseguró que haría presente al 
Brigadier cuanto había escuchado de nuestros labios 
y se despidió. 

A la hora en que escribo — 10 de la n. — ignoro lo que 
se haya determinado sobre el asunto. Le pondré al 
corriente de lo que ocurre. 

José Nicolás y yo nos complacemos en consignar 
afectuosos recuerdos dedicados a los miembros de su 
muy apreciada familia, con expresión particular de 
su Sor. hermano, rogándole a la vez los comunique a 
los dignos conciudadanos que constituyen la patrióti- 
ca congregación de esa ciudad. 

Suyo etc. 



IV 

Dbre. 4 de 1.878. 
Sor. F. A. de Aguilar. 

Mi distinguido amigo: 

Dirá Ud. cuando reciba ésta: "llueven cartas", 
pues habrá llegado a sus manos poco antes la que le 
dirigí el día 1? del corriente. 

Espero, sin embargo, que tan pronto como la pre- 
sente sea leída por Ud, su mismo contenido la justifi- 
cará. No tiene otro objeto, sino el de comunicar a 
Ud. el incidente desagradable — cuyas consecuencias 
no preveo — bajo cuya acción nos encontramos Hernz. 
y yo. (Donde dice ayer, leer antes de ayer; donde 
dice hoy ; léase ayer ; donde dice 10 de la n. — se leerá 
10 de la mañana.) Envío hoy al Sr. Gener esta misma 
relación. Deseo que Ud. le remita al Gral. G. . . ( 9 ) 
traslado de ella expresándole que lo hace por encargo 
mió. 

José Nicolás y yo enviamos recuerdos afectuosos al 
Sr. Casamadrid ( 10 ). Aquel y yo reiteramos a U. la 
sinceridad de nuestro aprecio &. — T. E. 



(9) General Calixto García Iñiguez. 

(10) No me ha sido posible obtener informes exactos acerca de 
este señor Casamadrid. 



En? 13 de 1.878. 
Sr. Plácido Gener. 

Llegó ayer a mis manos su estimada del 5. Inne- 
cesario es que le signifique el agrado con que la he re- 
cibido. 

Inclusas vinieron la carta de Ceuta a que U. se re- 
firió y la lista de prendas de vestir. 

La indulgencia que U. solicita de mi parte, debe 
ser, al contrario, demandada p. r mí en virtud de las 
incomodidades que ocasiono a Ud. Acepto con grati- 
tud las razones en que funda su determinación de en- 
viarnos el número y clase de las prendas de ropa con- 
tenidas en la lista ya mencionada. Me permito, sin 
embargo, confesarle que por instinto y por hábito he 
sentido siempre invencible repulsión a todo lo super- 
fino, cuya circunstancia le explicará con facilidad mi 
deseo de limitar en la prisión mis necesidades a lo 
exactamente indispensable. 

He tenido, por conducto de un amigo, noticia de la 
muerte prematura de su estimado sobrino. Sírvase 
admitir la expresión de mi verdadero pesar por tan 
sensible pérdida. 

El caduco invierno, servido a su placer, en esta re- 
gión, por la revoltosa tramontana, está haciéndonos 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 59 

sentir, de presente, los efectos de su helado aliento; 
si bien los gruesos muros de nuestra habitación nos 
protegen un tanto contra el rigor del primero y nos 
defienden del todo de los furiosos embates del segundo. 
A pesar de las merecidas alabanzas que en mi ante- 
rior tributé al brasero, no entienda U. que me entre- 
go apasionadamente a su amoroso reclamo; uso, mas 
no abuso del confortante calor que nos ofrece la en- 
cendida lumbre y empleo, por lo tanto, como arma 
contra el frió, el ejercicio corporal que puedo hacer 
— paseos a lo largo del pabellón. — Le ruego trasmita 
mi recuerdo" de afecto a su muy apreciable familia y 
acepte el testimonio de mi cordial amistad.— T. E. — 



vi 

2. a parte. 

Sres. Benigno y Plácido Gener. 

Mis respetables y queridos amigos: 

Principiaré exponiendo ante su elevado espíritu una 
prueba palpitante del inmenso bien que han produ- 
cido en mi ánimo sus interesantes cartas que con- 
testo. 

Después de haber leído la parte visible de ella; 
mientras José Nicolás hacía legible el resto, dediqué- 
me a recorrer la carta procedente de Ceuta. Me la di- 
rigió el Capitán Cisneros i 11 ), uno de los dos oficiales 
q. e fueron por algunos días compañeros nuestros de 
pabellón en Sta. Catalina. Los primeros párrafos me 
produjeron una gratísima sensación, porq. e describen 
con sencillez conmovedora el noble carácter del Sr. 
Salvochea ( 12 ), quien demuestra sus republicanas vir- 



(11) El capitán Manuel Cisneros, que en la zona oriental de 
Holguín íué jefe del taller de armería en la Revolución, y a quien 
dirige la carta núm. XIII que aparece en este volumen. 

(12) D. Fermín Salvochea, o Salvoechea, español de nobilísimos 
sentimientos y avanzadas ideas, gran socorredor de los cubanos en 
desgracia, a quien Estrada Palma dirige la bella carta núm. XXV 
de este libro, fechada el lo de mayo de 1878. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 61 

tudes en el interés que le inspiran todos los prisioneros 
cubanos. Leyéndolos se despertó en mi mente el pro- 
pósito de expresar a ese nuestro digno correligiona- 
rio, en la libertad de los pueblos, la profunda simpa- 
tía que me inspira su alma generosa. 

Bajo el imperio de la grata sensación que aquellos 
párrafos habían hecho brotar en mi alma, pasé a otro 
asunto de la propia carta : mas, ¡ ay ! cuan instables 
son las venturas de la vida, cuan cerca del placer 
está el dolor ! Cisneros, después de hablarme de Sal- 
vochea, me dice lo que a la letra copio : "Es de peren- 
toria necesidad que U., cuanto antes, me remita una 
copia de la carta que habla de sus acontecimientos; 
pues han mandado tomar informes de Madrid. Yo 
informé al Sr. Recio de lo que sabía, pero será mejor 
que todos tengan a la vista para que queden desmen- 
tidas sus ideas. Esto proviene de un hijo de Cornelio 
Porro ( 13 ) que venía en el vapor junto con U. y veía 
la deferencia que hacían de U. en el vapor y por eso 
será q. e lo juzgan como traidor". 

No puedo dar a U. una idea de la cruel emoción que 
semejantes líneas me hicieron experimentar. Tuve 
una debilidad, se lo confieso a U., di cabida en mi pe- 
cho a la desesperación; desesperación muda, mas no 
por eso menos desgarradora. Afortunadamente, en 
medio de esta perturbación del ánimo, me acordé de 
Jesús, el de Nazaret, y me dije: "Si le hubiese aban- 
donado la fortaleza de espíritu, no habría echado los 



(13) Cornelio Porro era jefe de la brigada "Caunao", de Cama- 
güey. Se presentó a los españoles con toda su brigada, en 1871, 
abandonando a Agramonte. 



62 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

cimientos de una obra sublime, la doble redención del 
mundo moral y del mundo social". 

Devolvióme este pensamiento una parte de mi an- 
terior serenidad, pero no cerró la herida abierta. Re- 
quería esto bálsamo de otra naturaleza, y me lo ofre- 
cieron las dos cartas de Vdes. que leí en seguida. En 
ellas encontré — amén de las noticias relativas al Sr. 
Echeverría y al periódico "La Verdad" — sincero tes- 
timonio de aprecio, y, como quiera que la principal 
aspiración, en mi vida privada y en mi vida pública, 
ha sido siempre alcanzar la consideración de los hom- 
bres honrados, teniendo la seguridad de q. e poseo la 
de Udes. y, tal vez, la de otras dignas personas, he 
sentido renacer en mi alma la superioridad que nece- 
sito para compadecer a esos hombres de ligero juicio, 
o dañado corazón, que inconscientes o intencionalmen- 
te hacen objeto de pasatiempo criminal el honor de 
los demás. 

Volviendo al particular de que trata el párrafo de 
la carta de Cisneros, no sólo no le envío a éste la co- 
pia que me pide, sino que tengo resuelto no emplear 
medio alg. no de vindicación, ni con esos Sres. de Ma- 
drid, ni con los de ningún otro lugar. En lucha 
la calumnia contra la verdad y la justicia, éstas, tarde 
o temprano, obtendrán legítimo triunfo. 

Paso a ocuparme del asunto que me apresuré a 
poner en conocimiento del Sr. Gener — Plácido — en 
carta de 3 del corriente y relativo a las cédulas del 
censo de población que debía hacerse el mismo día en 
toda España. 

Referí a usted que las habíamos llenado como ex- 
tranjeros, inscribiendo, por lo mismo, en la casilla 



CAETAS DE ESTRADA PALMA 63 

correspondiente el nombre de nuestro país — Cuba; le 
relaté los pormenores de la conferencia que, con tal 
motivo, tuvimos con el Mayor de Plaza, y terminaba 
prometiendo darle a conocer el resultado final del in- 
cidente. 

Nada desagradable — al parecer — ha ocurrido hasta 
hoy ; pero abrigo una sospecha que me desazona, tanto 
más cuanto que no me ha sido posible, por más es- 
fuerzos que he hecho, hallar alguna luz que desvanez- 
ca o confirme aquélla. 

Sucedió que el día 4 volvió el Mayor de Plaza a 
nuestro pabellón para informarse del nombre del pue- 
blo de nuestro nacimiento. Por de pronto no se nos 
ocurrió cosa alguna que pudiera alarmarnos; mas, re- 
flexionando después y tratando de dar con el objeto 
de lo solicitado últimamente por dicho Jefe, a nombre 
del Gob. r del Castillo, asaltó a nuestra mente el temor 
de que éste (no obstante su grado de Brigadier y su 
gran Cruz de Isabel la Católica) pudiera haber hecho 
la infamia de borrar la voz "Cuba" de la casilla en 
que nosotros la habíamos anotado y de inscribir ese 
nombre y el de nuestro pueblo respectivo en la colum- 
na destinada a los nacionales españoles. Si las cédulas 
a que aludo no estuviesen autorizadas con nuestras 
firmas, poco o nada nos preocuparíamos de que la au- 
toridad española hubiese hecho en ellas, a su antojo, 
las anotaciones relativas a los presos que tiene bajo 
su custodia; mas, como aquellos documentos habían 
sido antes suscritos p. r nosotros, estamos resueltos, si 
la suplantación que tememos se ha llevado a cabo, a 
protestar oficial y públicamente contra la indigna con- 
ducta del Brig. r Dolsa. 



64 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEKAS 

Verdad es q. e no parece creíble semejante violación, 
en un jefe de la categoría del Brig. 1 ' Dolsa, y por lo 
mismo he aguardado más de una semana para trasmi- 
tir a Udes. nuestras sospechas; pero no siendo cosa 
imposible que se haya cometido tal abuso, y siendo 
extraño que no se haya vuelto a molestarnos sobre ese 
asunto, dado caso de que las cédulas que nosotros lle- 
namos hubieran sido remitidas sin alteración, tenemos 
el deber ineludible de averiguar lo que haya de cierto, 
y ya q. e no hemos podido descubrir aquí la verdad, 
nos es forzoso solicitar este servicio, para nosotros 
inapreciable, de los que se han dignado honrarnos con 
su amistad. 

Si mal no recuerdo, creo que el Sr. Cartaya ( 14 ) 
posee un amigo en alguno de los despachos del Gobier- 
no Central; quizás pudiera lograrse saber, por ese 
conducto, en qué orden están anotadas las 4 cédulas 
a que me refiero y si aparecen firmadas por nosotros. 
También se me figura que una persona residente en 
Madrid y que se tome verdadero interés, podrá adqui- 
rir en las oficinas de Estadística la noticia detallada 
que nos importa conocer. El día 4, después de haber 
tomado el Mayor de Plaza, Teniente Coronel Cambro- 
nero, el informe que solicitó de nosotros, y cuando yo 
repetía alguna de las razones que había expresado el 
día "anterior, pronunció aquél esta frase: "si todos 
estamos convencidos; sólo el brigadier es el que no se 
convence". Entonces le dije: "pues mire Ud., mien- 
tras Hernández llenaba antes de ayer las cédulas, se 



(14) El Dr. Eduardo Cartaya, a quien dirige las cartas núms. 
I y XII, fechadas respectivamente el 17 de diciembre de 1877 y el 
19 de enero de 1878. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 65 

me ocurrió hablar al Gobernador sobre este asunto, 
con el fin de llevar a su ánimo la convicción ' ' : iba a 
continuar expresando que, "por lo visto, me alegraba 
de no haber dado aquel paso", cuando el Jefe con 
quien dialogaba me interrumpió diciendo: "Me pare- 
ce bien que U. le hable al Sr. Brigadier ; ahora mismo 
yo le significaré el deseo de Ud." "No", le respondí; 
"ya. es tarde, porque semejante paso, dado hoy, pu- 
diera interpretarse de un modo desfavorable, supo- 
niendo que nos mueve indigno temor". El Sr. Cam- 
bronero insistió, sin embargo, en hacerle al Brig. r la 
indicación, y no me empeñé en contradecirle. 

Nos consta que el Mayor de Plaza lo verificó, como 
lo dijo; pero a la fha. ni él ha vuelto a entrar en 
nuestro pabellón, ni nos ha pasado, siquiera, recado 
alguno ; no habiendo venido tampoco el Gobernador, 
que no se ha dignado visitarnos por segunda vez, des- 
pués de la visita que se sirvió hacernos el primer día 
(y la cual tuvo por objeto, quizás, conocer personal- 
mente a los presos, de cuya seguridad era respon- 
sable). 

Me he detenido en todos estos detalles, porque dan, 
hasta cierto punto, valor a la sospecha que abrigamos 
y que nos intranquiliza. No dudo que Udes. se ocu- 
parán de este asunto con la prudencia y buen deseo 
que les caracteriza : salvo que se lo impidan razones, 
que siempre respetaré. 

Remití el 4 a Valencia la misma relación q. e envié 
a Udes. y, por tanto, impondré también al Sr. Agui- 
lar del recelo que experimentamos, dirigiéndole igual- 
mente alguna indicación para el caso de que le sea 
posible a él dar pasos, con el fin de hacer luz en el 



66 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

asunto. Por nuestra parte espiaremos aquí toda oca- 
sión de conocer la verdad. 

Natural es que experimentemos deseos de poseer el 
número del periódico cubano a que se refiere una de 
ellas; mas no se nos ocurre otro medio de remisión, 
sino el de la estafeta, bajo sobre dirigido a José Ni- 
colás. Dejamos a juicio de Udes. enviarlo, o no, de 
la manera que se indica. 

No cayó con nosotros en poder del enemigo corres- 
ponda oficial ni particular destinada al Exterior. Sin 
duda, el Gral. Gómez se refiere a los pliegos q e yo ha- 
bía despachado, muchos días antes de salir del Cama- 
güey cuando se les enviaba a su destino, desde la ex- 
presada ciudad y que fueron sorprendidos en el puer- 
to de la Habana, según me comunicó en el Morro el 
corresponsal. Se encontraba entre dichos pliegos una 
carta q. e yo había dirigido al Presidente del Perú, 
expresándole, en nombre del pueblo de Cuba, nuestro 
reconocimiento por las reiteradas muestras de simpa- 
tía que aquella República, y, en particular, el Gral. 
Prado ( 15 ), habían ofrecido constantemente a favor de 
la Grande Antilla. 

A propósito de ésta. Las noticias que Udes. nos han 
comunicado, me hacen recordar los conceptos que 
expresé al Gral. Morales de los Ríos ( 16 ), satisfacien- 



(15) El general Mariano Ignacio Prado, Presidente de la Repú- 
blica del Perú. 

(16) Jefe de la comandancia militar de Holguín y de las tro- 
pas que operaban a las órdenes del coronel español Agustín Mozo- 
viejo, que hicieron prisionero a Estrada Palma y a su secretario 
José Nicolás Hernández. Un hijo de este último fué luego empleado 
en el Palacio Presidencial por D. Tomás, de 1902 a 1906. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 67 

do una ligera indicación suya, sobre las consecuencias 
que ocasionaría a la insurrección el hecho de haber 
caído yo prisionero, unido a las defecciones ocurridas 
en el regimiento "Guá". — Le dije: "La Revolución 
se halla organizada por sí misma bajo una forma esen- 
cialmente federal, de tal modo, que cada Jefe de De- 
partamento, de Distrito, de zona, sin dejar de obedecer 
al Gobno. Central, y de hallarse sometido a las leyes 
grales. de la República, posee toda la independencia 
que necesita para operar por su propia iniciativa, 
para crearse elementos de guerra y adoptar las dispo- 
si. es q. e aconsejen, en provecho de la Causa, las cir- 
cunstancias especiales del territorio a su cargo. Ade- 
más, tanto el Jefe, como el Oficial y el soldado, se ha- 
llan completamente identificados con la Revolución, y 
cada cual hace por su cuenta, sin apremio alguno, 
cuanto le es posible en obsequio de ella. En tal vir- 
tud, no vengo yo a ser otra cosa, en mi calidad de 
prisionero, sino un hombre menos en el campo cu- 
bano; pudiendo asegurarle así mismo, que la desor- 
ganización del distrito de Manzanillo, o sea del regi- 
miento que estuvo al mando de Bello ( 17 ), no afectará 
en manera alguna a los otros distritos y que la guerra 
continuará sin alteración por parte de los insurrec- 
tos". Ninguna observación me hizo el Gral. Morales 
de los Ríos, y casi me atrevo a creer que opinaba de 
acuerdo con lo afirmado por mí. 



(17) Antonio Bello y Bendón, natural de Bayamo, coronel revo- 
lucionario y jefe del regimiento "Yara", juzgado en consejo de gue- 
rra por estar en tratos con los españoles, a pesar de la circular del 
Presidente de la Bepública entonces, Estrada Palma, por la que 
se declaraba reos de alta traición a los jefes, oficiales, clases, solda- 
dos y ciudadanos que se prestasen a tales tratos. 



68 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Las palabras del Dr. Torrado ( 18 ) confirman mi 
aserto, demuestran mi previsión: "La guerra no se 
concluye con la guerra" ¿y, entonces, cómo habrá de 
terminarse? "Por medio de arreglos", expresa el Doc- 
tor. ¿Pero esto es hacedero? vuelvo yo a preguntar. 
En realidad, no es absolutamente imposible, mas es 
cosa ciertamente muy difícil. 

Tres contendientes constituyen la guerra insular : 

1? : Los patriotas cubanos que comprenden a los mi- 
litantes y a los emigrados; 2°: los españoles estableci- 
dos en Cuba; 3 9 : el Gobierno de Madrid. 

Todos sabemos que el elemento peninsular, repre- 
sentado por el segundo grupo, se impuso sobre el Go- 
bierno nacional, en los primeros años de la grra, e 
imprimió a ésta un carácter salvaje. Todos conoce- 
mos la índole de esos hombres, en quienes hace más 
fuerza la razón de su propio interés, que las de hu- 
manidad y patria. Poco se cuidan ellos de que Espa- 
ña agote sus tesoros en una lucha estéril y de que pe- 
rezcan anualmente en los campos y pueblos de la Isla 
muchos millares de compatriotas suyos, que son lleva- 
dos periódicamente allí, desde la Península, a la ma- 
nera de reses de consumo conducidas al Matadero. 
Mientras puedan tales hombres amontonar nuevas ri- 
quezas y aun explotar la guerra en su provecho perso- 
nal, serán un obstáculo, poco menos que insuperable, 
p. a q. e el Gobno. de la Metrópoli acuerde un arreglo 



(L8) ¿Se referirá a D. Antonio Torrado y González Llórente, a 
cuya casa en Trinidad fué a hospedarse Estrada Palma en su viaje 
por la Isla cuando volvió a Cuba, y que luego fué miembro de la Cá- 
mara de Representantes, por la provincia de Santa Clara, al cons- 
tituirse la República en 1902 ? 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 69 

sobre base de independencia con los contendientes cu- 
banos. Los hace a la vez más tenaces, más refractarios 
a semejante solución, el temor q. abrigan de que, cons- 
tituida Cuba en Nación independiente, desaparecerá 
allí toda garantía para la industria y p? el comercio, 
amén de la falta de seguridad personal, que podría 
traerles el nuevo orden de cosas. 

Si no existiese interpuesto el elemento español de 
que vengo ocupándome, tiempo ha que el Gobierno de 
Madrid se habría entendido con los patriotas cubanos. 

Por otra parte, es de todo punto imposible que éstos 
vuelvan a someterse a la dominación española. Los 
hombres que han ascendido en la escala del derecho 
al lugar que por la Naturaleza les corresponde, que 
vienen ejerciendo sin restricciones los poderes que 
emanan de la libertad y que han sellado con tanta y 
con tan preciosa sangre su regeneración en el orden 
político y social, no abdican nunca su autonomía, 
ni pueden concluir arreglos que no garanticen ésta 
de un modo permanente. 

En cuanto al Gobno. de Madrid, la situación es an- 
gustiosa. Si la guerra se prolonga, no podrá soste- 
ner la guerra, se debilitarán sus esfuerzos y la revolu- 
ción, adquiriendo nuevo desarrollo y nuevo vigor, se 
colocará en el camino de emancipar a Cuba por el em- 
puje de las armas, sin ventaja ninguna p? España, 
aunque sí con gran descrédito p? el Gobno. Metropo- 
litano. 

Mas, demos por sentado que, haciendo un esfuerzo 
supremo, alcance a vencer y sofocar la insurrección 
en los campos ; ¿ conseguiría por eso vencer y apagar 
la revolución " ; no por cierto. Antes bien, habría de 



70 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

suceder q. e el espíritu de ésta encontraría albergue y 
calor, no sólo en el pecho de los antiguos patriotas, 
sino, igualmente, en el de los mismos cubanos q. e du- 
rante la guerra estuvieron al servicio de España ; sien- 
do quizás estos últimos — según se ha observado siem- 
pre en los pueblos tiranizados por otros pueblos, en 
las castas oprimidas por otras castas — los más impa- 
cientes p. r sacudir el yugo del dominador y los más 
crueles en su desbordamiento. 

Uno de dos caminos tendría forzosamente que seguir 
España, dado caso de que triunfara de los insurrec- 
tos armados. O continuar imponiéndose por la fuer- 
za, merced a un ejército de ocupación, cuyos crecidos 
gastos prolongarían el estado ruinoso del Erario de 
Cuba, y mantendría en vigor las onerosas contribu- 
ciones que hacen hoy allí casi insostenible la propie- 
dad : o llevar a la Grande Antilla un sistema colonial, 
que abriera algún campo a los naturales para el ejer- 
cicio de derechos políticos y administrativos. 

En el primer extremo, Cuba sería simplemente para 
España una colonia militar; su riqueza caería en de- 
cadencia progresiva ; el malestar daría bríos al descon- 
tento, y éste, después de mantener en constante alar- 
ma a las autoridades, se abriría paso, al fin, a través 
de las bayonetas, y comenzaría una nueva sangrienta 
guerra de emancipación, auxiliada, con grandes ven- 
tajas, por la experiencia adquirida en la guerra ante- 
rior. 

Admitido el segundo extremo, el espíritu revolucio- 
nario adoptaría al principio una forma pacífica; pero 
contrariado, como es de suponerse, en su natural 
desarrollo, apelaría bien pronto a las armas, habiendo 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 71 

encontrado probablemente en el mismo régimen colo- 
nial una coyuntura favorable a prepararse con anti- 
cipación para la lucha. 

No es menester apurar la razón para que acudan a la 
mente ambas predicciones, como consecuencias forzo- 
sas de la premisa sentada. Basta pensar, simplemen- 
te, que todo el que ha estado en posesión de un bien, 
hace esfuerzos por recobrarlo cuando lo ha perdido; 
reflexiónese, igualmente, que la libertad es de aquellos 
tesoros q. e no se pueden poseer a medias. Ella, que 
nació con el hombre y que es alma de su alma, es una 
e indivisible en cada ser, como es una e indivisible en 
el género humano. 

No está de más repetir que he partido de una hipó- 
tisis irrealizable, en mi opinión, al suponer que Espa- 
ña lograra triunfar en los campos de Cuba. 

Como esto no podrá acontecer, sucederá al fin lo 
contrario, es decir, que Cuba conseguirá emanciparse 
de España. 

Estudiemos, pues, la cuestión bajo esta faz. 

¿ Cuba independiente posee condiciones de vida pro- 
pia? Nadie negará que cuenta con ellas en el orden 
económico y en el orden intelectual. ¿ Pero serán ta- 
les condiciones las únicas que necesita un pueblo para 
asumir en absoluto la soberanía, sin exponerse por su 
ejercicio a cometer en el Interior excesos lamentables 
y a ver debilitada su autoridad con relación al Exte- 
rior? No, ciertamente. Los pueblos, como los hom- 
bres que los forman, están sometidos a un orden supe- 
rior: dentro del cual deben ser regulados sus actos, 
para que éstos los conduzcan a su más alto bienestar, 



72 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

que es el fin ele la asociación, así como lo es del indi- 
viduo. 

- SI orden superior a que me refiero, descansa por 
completo en la "conciencia del deber", fuerza íntima 
que marca por límite de nuestro dro. el dro. de los 
otros y que encauza la libertad dentro de sí propia, 
impidiendo que se desborde y se convierta en licencia. 

He aquí, pues, la condición esencial de todo pueblo 
para que ejerza con entera independencia la sobera- 
nía, sin correr el riesgo de suicidarse o de llevar una 
vida lánguida y desfalleciente, bajo la acción enervan- 
te de movimientos convulsivos, determinados fatal- 
mente por un organismo enfermo, viciado en su mis- 
ma naturaleza. 

Cuba, por desgracia, se halla muy lejos de poseer 
aquella cualidad sine qua non. 

Cuatro siglos de servil dependa y en forma asaz 
degradante p* seres racionales, no han podido menos 
que contaminar a sus hijos con algunos de los vicios 
propios de las servidumbres dilatadas. Puede ase- 
gurarse que son muy pocos, entre ellos, los que cono- 
cen sus deberes, como miembros de una asociación 
libre; los que, conociéndolos, están dotados de virtud 
para practicarlos; los que saben establecer una per- 
fecta armonía entre su bien individual y el bien co- 
lectivo; los que, arrastrados por el capricho o por mó- 
viles de personal interés, tienen la abnegación sufi- 
ciente p? detenerse ante la consideración de los males 
que puedan irrogar a la sociedad de que forman parte. 
¡ Cuan amarga experiencia hemos recogido en 9 años 
y cuántas dolorosas demostraciones de las verdades 
enunciadas ! 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 73 

Cuba, erigida en Estado independiente, se encon- 
traría en una situación muy aproximada a la de un 
joven, que, habiendo vivido estrechamente bajo la po- 
testad de un padre duro y avaro, que no se cuidó de 
educarlo, ni, menos, de asociarle a la admon. de sus 
cuantiosos bienes, se ve de improviso señor de una 
inmensa fortuna, tan vasta como complicada por la 
heterogeneidad de las riquezas que la componen. Si 
ese joven — antes de dar los primeros pasos en su nue- 
va vida — no tiene la buena suerte de encontrar una 
persona respetable que lo tome por su cuenta para di- 
rigirlo en el manejo de sus negocios, será bien pronto 
digno de lástima; pues viniendo a ser juguete de la 
ignorancia, de la vanidad y de torpes excesos, descen- 
derá rápidamente por la escala de su fortuna hasta 
traspasar el último peldaño. 

Los palpitantes ejemplos que ofrecen, en gral., las 
repúblicas hispano-americanas, no permiten a los hom- 
bres de buena fe dudar del aciago porvenir que le 
está reservado a nuestra muy amada patria, si ella, 
dejándose deslumbrar por el ángel malo que preside 
el falso orgullo, se constituye un día en Estado inde- 
pendiente. 

Los que amamos la libertad, para el ejercicio del 
dro. que regenera ; para el orden y la paz que condu- 
cen a los pueblos por la senda del progreso, en todas 
sus manifestaciones ; los que odiamos el desorden y la 
anarquía, que degradan a las sociedades y las ha- 
cen retroceder a tiempos que fueron ; los que no cono- 
cemos otro vínculo estable de asociación, fuera del 
orden moral, y los que nos hemos sacrificado y esta- 
mos dispuestos siempre a sacrificarnos por la felicidad 



7-1 DESDE EL CASTILLO DE FIGTJERAS 

de Cuba ; no hemos pensado nunca en que se erija en 
Nación Soberana. 

Convencidos de que jamás llegaría a ser un pueblo 
libre, bajo la dominación española, aceptamos, como 
una cruel necesidad, la guerra de independencia ; pero 
la aceptamos, únicamente, como medio p* obtener el 
"fin", esto es, "la Libertad"; la Libertad compen- 
diada en un régimen interior que garantice sólidamen- 
te "al ciudadano" el uso de todos los dros. ilegislables, 
a "la Sociedad" el respeto de las decisiones de la ma- 
yoría, de la ley promulgada, de la autoridad consti- 
tuida y de las instituciones, &. 

Ahora bien: no siendo posible, conforme a lo que 
hemos apuntado, que Cuba logre afirmar por sí misma 
semejante régimen político, y, considerándose tam- 
bién imposible que lo afiance, sometida a España, 
¿ cuál es entonces la solución que haya de darse al pro- 
blema que hemos planteado ? La mas lógica de todas : 
la que ha marcado la propia Naturaleza y la que está 
comprendida en el mejoramiento de los pueblos, por 
la fusión con otros pueblos; en una palabra, "la ane- 
xión a los Estados Unidos de América" ( 19 ). 

Asociada la joven amazona del mar Caribe a la se- 
suda y experta República, podrá curarse de los vicios 
inveterados de su torcida educación, aprenderá a re- 



(19) Pedida oficialmente, por acuerdo de la Cámara de Re- 
presentantes reunida en Guáimaro el 29 de abril de 1869, en ex- 
posición firmada el 30 por todos sus miembros y dirigida al Go- 
bierno de los Estados Unidos de la América del Norte. Sancionó el 
acuerdo el Presidente de la República entonces, Carlos Manuel de 
Céspedes, y presidía la Cámara Salvador Cisneros Betancourt. El 
facsímile de esta petición, donde aparece también la firma de Estra- 
da Palma {Tomás Estrada), entonces miembro de la Cámara, está 
en el importante libro titulado Biografía de Miyuel Jerónimo Ou- 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 75 

primir los arranques de su carácter vehemente y se 
instruirá en el manejo y admon. de los negocios públi- 
cos, exenta de ensayos costosos, sangrientos a veces. 

Yo que tengo, respecto de la Patria, ideas menos 
estrechas que otros muchos; yo que no estimo, en ma- 
nera alguna, que Cuba se deshonre por que resigne en 
el seno de la Grande Asociación Americana su sobe- 
ranía de República Independ. te , siendo así que con- 
servará su autonomía como Estado Federal, que ase- 
gurará sus dros. como pueblo libre, y que participará 
del prestigio, de la fuerza y del poder de aquel Todo 
exuberante y respetable; yo, que creo firmemente en 
la federación de todos los pueblos, por el doble lazo de 
"la libertad" y del "amor", elevo mis votos al cielo 
para que Cuba, en -primer término, salga victoriosa de 
la lucha contra España y p* q. e , triunfando luego de 
sí misma, no se deje arrastrar por impulsos de loca 
vanidad y necio orgullo, sino que, digna y preciosa, se 
ofrezca a la Nación vecina, como parte integrante de 
ella. 

Si yo viese terminada la obra, en la forma que dejo 
expuesta, bajaría tranquilo al sepulcro; porque lleva- 
ría a la Patria de Vida Eterna perfecta seguridad 
sobre el próspero porvenir de aquella espléndida por- 
ción de mi Patria terrenal. 



tiérrez... por Luis Marino Pérez (Habana, 1912), entre las pági- 
nas 92 y 93, y el original de ella obra en poder del señor Julio 
Ponce de León, jefe hoy del Archivo Nacional. En la propia obra 
citada presenta dicho autor I03 facsímiles de otros documentos, au- 
ténticos e irrefutables, demostrativos de que era ese el pensamiento 
dominante en la generalidad de los principales revolucionarios cu- 
banos de la época, forzados por las angustiosas circunstancias a 
que se veían reducidos. 



76 DESDE EL CASTILLO DE FIGTTERAS 

¡Lástima, y grande, que el Dr. Torrado, que tan 
claro vé en los asuntos de la Isla, no haya visto igual- 
mente la única solución posible para el presente y 
para el futuro! Si los españoles establecidos allí con- 
sultaran con menos precipitación sus intereses, tiem- 
po ha que hubieran pensado seriamente en la anexión 
de Cuba a los Estados Unidos, como infalible medio 
de convertir el motivo de sus temores en garantía efi- 
caz de todas sus aspiraciones. 

No se me esconde que he abusado de la paciencia de 
Udes; mas también es cierto que no era posible hacer 
alto, después de tener en la mano el hilo del intere- 
sante asunto que ha servido de tema a esta larga di- 
sertación. De todos modos, confío en que me dispen- 
sarán su indulgencia, no sólo por el tiempo que les 
he quitado de otras atenciones, sino también por mi 
manera de apreciar la cuestión cubana, dado que es- 
tén Udes. en desacuerdo con ella, en cuyo caso espero 
que hallarán disculpa en su ánimo mi sinceridad y 
buena fe. 

Reservo para la próxima semana — por no hacer este 
escrito más voluminoso — las materias que se relacio- 
nan con alg. s de las contenidas en las dos muy aten- 
tas cartas de Ud. y cuyas materias me ofrecen asunto 
y ocasión de expresar mis opiniones sobre el presente 
y el porvenir de Cuba. 

Grato me hubiera sido conocer personalmente al 
Sr. Gener — Benigno — y estrechar con efusión su ma- 
no amiga. No obstante, puedo asegurar que sólo me 
ha faltado ver la forma, lo notable, lo perecedero ; p. s 
tengo para mí que conozco al ser moral como si de 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 77 

tiempo atrás hubiera poseído la honra de contarme en 
el número de sus amigos más estimados. 

Así, pues, alimento la esperanza de que tendré un 
día la oportunidad de expresar verbalmente lo que 
hoy consigno por escrito y de q. e podré sellar entonces 
mis palabras con fraternal abrazo. Me despido con 
mi recuerdo de acendrado afecto a Joseito (*) y el 
sincero testimonio de aprecio y estimación que, tan- 
to José Nicolás como yo, debemos a Ud. y a nuestro 
muy digno amigo Sr. Plácido. 



(*) José Rodríguez, que fué ayudante de Estrada Palma. 



VII 



Enero 16 de 1.878. 
Gral. C. G. (20). 

Mi amigo muy querido: 

Recibí con pocos días de atraso la suya del l 9 del 
corriente. 

He tardado más de una semana en escribirle; por- 
que aguardaba — para comunicarlos a Ud. — los efectos 
de la actitud asumida por José N. y por mí en el asun- 
to relativo a las cédulas del censo de población, y de 
la cual debe haberle impuesto el amigo de V., según 
mi recomendación. El mismo le informará del recelo 
que me inspiran ciertas circunstancias posteriores al 
incidente pral. 

Tal vez habrá visto V. insertos en algunos de los 
periódicos españoles de estos días, párrafos de mi car- 
ta a nuestro Comisionado Gral. diplomático ( 21 ). Han 



(20) General Calixto García Iñiguez. 

(21) José Antonio Echeverría, nacido en Barcelona. Muy niño 
aún, fué traído a Cuba. La quiso y sirvió siempre. Murió en Nueva 
York en marzo de 1885, después de haber dedicado a la causa re- 
volucionaria todo su gran talento y toda su energía. 



CARTAS DE ESTEADA PALMA 



sido tomados de "La Verdad" de New York, que la 
¿publicó íntegra el 16. Los expresados periódicos mu- 
tilan a su antojo la parte que copian de aquel escrito, 
cuidando de omitir lo que no conspira al fin que se 
han propuesto en la reproducción. El Sr. Gr. ( 22 ) 
me informa que el número de "La Verdad" a que he 
aludido es muy interesante, porque trae, además, una 
carta del Marqués, de 7 de Nbre, otra de Gómez, del 
11, y un excelente artículo de fondo del Sr. Echeve- 
rría. A riesgo de que no llegue le he indicado me lo 
remita por el correo. Supongo que U. podrá obtener 
de París un ejemplar. 

Excusado parece decirle que no me ha sido entre- 
gada ni remitida la carta que Ud. dirigió a Barcelo- 
na. De esa ciudad a este castillo hay seis horas de 
viaje, por ferrocarril; sin embargo, ninguno de los 
doscientos compatriotas que residen allí, se han dig- 
nado todavía recorrer por nosotros esa distancia. 

Me pregunta U. si se habrá reformado la Constitu- 
ción de Cuba. No ha sufrido alteración alguna, con- 
tinuando la Cámara, p. r lo tanto, en posesión de la 
facultad de elegir Presidente de la Repbca. y Gral. 
en Jefe. No me explico cuál hubiera sido el fin de las 
elecciones en Oriente, a que Ud. se contrae; porque 
estando completa la representación de ese Depart?, 
no puede atribuirse el nombramiento de nuevos dipu- 
tados. Quizás haya sufrido algún error el que comu- 
nica la noticia. 

En cuanto a lo del 11 de Mayo, o acto de Sta. Ri- 



(22) Uno de los hermanos Gener, ya citados. 



80 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

ta ( 23 ), es largo de referir, siendo causa primordial 
de mi presente situación, y no faltándome fundamento 
para sospechar que allí comenzaron a forjarse los ele- 
mentos que dieron origen, más tarde, a la calumnia 
infame lanzada contra mí con motivo de haber caído 
prisionero del enemigo. 

He aquí el resumen. 

En Dbre. del año 76, y de acuerdo con los diputa- 
dos de Las Villas, nombré al Gral. Vicente García 
González Jefe de aquel Departamento, en sustitución 
del Gral. Gómez. A fines de Marzo, bajo la presión 
de reiteradas órdenes, se dispuso al fin García Gonzá- 
lez — aunque de muy mala gana — a emprender la mar- 
cha. Detúvose a cierta distancia de la trocha, en te- 
rritorio de Camagüey; desde allí dirigió al Gobno. 
vina comunicación expresando que le era imposible 
franquear la línea mencionada; se le contestó el 3 de 
Mayo, ordenándole que cumpliese lo dispuesto; reci- 
bió esta contestación el 11 del propio mes. El mismo 
día sus ayudantes y los oficiales de su escolta, Capita- 



na) Acto de Santa Rita denomina aquí Estrada Palma a la 
franca actitud sediciosa que contra su gobierno adoptó el 11 de mayo 
de 1877 el general Vicente García en el campamento de Santa Rita, 
parte occidental de Camagüey, con las fuerzas que comandaba. El 
mayor general José Miguel Barreto, venezolano, quien ya en el mo- 
vimiento sedicioso conocido con el nombre de las Lagunas de Varo- 
na (abril de 1875) había dado también pruebas de su indisciplina, 
aparecía como jefe de la nueva junta revolucionaria que acordó ese 
día desconocer la autoridad del Gobierno de la República y, so pre- 
texto de reformas, obtener la desaparición de la Cámara de Repre- 
sentantes y la expulsión de Estrada Palma de su cargo de Presi- 
dente de la República. García había logrado antes, con el movimien- 
to de las Lagunas de Varona, la caída del Presidente Salvador 
Cisneros ; y quiso repetir la suerte, a todas luces con el fin de ocu- 
par él ese cargo. 



CASTAS DE ESTRADA PALMA 81 

neados por Modesto Fonseca, y Barreto ( 24 ), se decla- 
raron en abierta rebelión "contra el Gobno. presidido 
por el C. Tomás Estrada", levantaron un acta que 
suscribieron todos ellos, constituyendo ya una especie 
de Gobno. Provisional, compuesto por Barreto, Fon- 
seca, otro ayudante de García Gonz, de apellido Ca- 
ñáis ( 25 ), que había llegado a Cuba once meses antes; 
circularon manifiestos, nombraron comisionados para 
que se introdujeran en los campamentos, con el fin de 
hacer prosélitos en la clase de tropa; produjeron de 
esta manera una rápida y gral. desorganización en los 
regimientos de " caball? e inf ? del Camagüey, excep- 
tuando "Jacinto" y... & & (*). 

Espero que V. me informe, si conoce el arte de es- 
cribir por el sistema de Mr. Gener. En caso de que 
lo ignore, espero que se pondrá de acuerdo con nues- 
tro común amigo, el de V., p? que éste, que se halla 
instruido en él, busque el medio de instruir a V. en 
tan sencillo como ventajoso método de hacer confiden- 
te al papel de nuestros pensamientos. — Entonces podré 
referirle, sin restricciones, cuanto en Cuba tuvo lugar 
desde el día en que, presidiendo un astro enemigo, 
cayó V. prisionero de los españoles, hasta aquél en que 
sufrí yo igual desgracia. 

He recibido con verdadera satisfacción el "Ideal de 
la Huinanidad". Sus doctrinas no me son del todo 
desconocidas y estoy identificado con ellas, en la par- 



(24) Fonseca era coronel y secretario y jefe de Estado Mayor 
del general García. Barreto era el mayor general José Miguel Ba- 
rrete 

(25) Teniente Enrique Cañáis. 
(*) Así en el original. 



82 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

te que conozco. Poseo algunos tratados filosóficos y 
otros de dro. que me facilitó de su escogida biblioteca 
el simpático Dr. Cartaya; así, pues, no se incomode 
por ahora en pedir obras de aquellas dos facultades; 
porque tengo las suficientes para combatir los rigores 
de la nostalgia. 

Contestaré directamente a Juan Miguel ( 26 ) la car- 
ta que por conducto de V. me remitió. 

Recuerdo de acendrado aprecio a su cariñosa madre 
y admita V. un estrecho y cordial abrazo de su amigo. 



(26) Ldo. Juan Miguel Ferrer y Picabia, que fué subsecretario 
de Estado en el gobierno revolucionario de Estrada Palma, y a quien, 
según nota que aparece en estos borradores, le dirigió una carta 
— que no está copiada en el cuaderno — el 6 de febrero de 1878. 
Dicha nota, y otras que aparecen en diversas partes del cuaderno 
de borradores de estas cartas, indican que no están contenidas en 
£1 todas las epístolas que Estrada Palma escribió desde su prisión. 



VIII 

Enero 15 de 1.878. 
Sr. J. A. de Aguilar. 

Mi querido amigo: 

Recibí oportunamente las 2 muy apreciadas de V. 
de 28 Dbre. ppdo. y 6 En? corrte. Llegó acompaña- 
da la últ* de la carta y libro remitidos por el Gral. 

Intencionalm. te be tardado en volver a dirigirme 
a V., después de mi anterior fha. 4. Aguardaba los 
acontecimientos q. e debían surgir, a mi manera de 
ver, del incidente que me apresuré a comunicar a V. 

No ba ocurrido hta. aquí ningún suceso directo so- 
bre el consabido asunto. Pero se ba despertado en 
mi mente una sospecha que me inquieta, y de la que 
impongo a V. con el vivo deseo de que me ayude en 
el descubrimiento de la verdad, si V. posee en Ma- 
drid amigo de confianza que pueda, con celo y dis- 
creción a la vez, averig. r en las oficinas de Estadís- 
tica o en otras dependencias del Gobno. Central, lo 
que hubiera de cierto. 

Nuestras diligencias practicadas aquí han sido in* 
fructuosas bta. la fha. 



84: DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Le expongo a continuación los fundamentos del 
recelo que me desazona. 

(Aquí el relato contenido en la carta a Gr. fha. 13 
con las alt s er. s que se le han hecho). ( 27 ) 

El Sr. Gr. me noticia que en el núm? de "La Ver- 
dad" correspondiente al 15 de Dbre. publicó mi ex- 
tenso escrito dirigido a Echeverría el 4 de Nbre. ( 28 ). 

Cuando llegó la carta de aquél a mis manos, ya 
sabía yo que en La Época de Madrid se hablaba de 
ese asunto y que ofrecía insertar en los siguientes 
números párrafos del documento citado. 

Anoche, precisam. te , recibí dentro de una carta 
que nos fué enviada desde Gerona, un recorte de pe- 
riódico, conteniendo la parte que principia en el 
Consejo de Gabinete celebrado para interrogar a 
Bello, Santiesteban &. y que concluye al término de 
la 1? jornada hecha, desp. s de hallarnos en poder del 
enemigo. Este trozo está mutilado al gusto del edi- 
tor, q. e se cuida bien de no insertar las proposiciones 
que, a nombre de Gral. Martínez Campos, me pre- 
sentó Varona ( 29 ), ni las contestaciones que di a las 



(27) La carta a que se refiere, dirigida al Sr. Plácido Gener, 
aparece con el núm. III en este volumen. 

(28) La extensa carta a que se refiere la escribió desde el cas- 
tillo del Morro de La Habana durante los días 3, 4 y 5 de noviem- 
bre de 1877. Aparece en el apéndice que lleva este volumen. 

(29) Esteban de Varona, quien fué con los coroneles Bello y 
Jaime Santiesteban a dar cuenta a sus compañeros revolucionarios 
de las proposiciones de paz del general Martínez Campos. Varona 
fué juzgado y condenado a muerte, cumpliéndose la sentencia ba- 
sada en el famoso Decreto Spotorno. También fué ejecutado el prác- 
tico José del Carmen Castellanos. 



CAUTAS DE ESTRADA PALMA 85 

descompuestas palabras del Cor. 1 Mozo Viejo ( 30 ), ni 
alg. s otros particulares; pues, obedeciendo la repro- 
ducción de mi carta en los period. s esp. s a un objeto 
dado — como es de suponerse — , es lógico que sea se- 
gregado de ella cuanto contraríe el fin a que se as- 
pira y lo que no concurra a él. 

La inserción está plagada, además, de errores de 
imprenta, que demuestran, por lo menos, el descui- 
do con que se trabaja en el establecim. t0 tipográfico 
en que se imprime el periódico a que pertenece el 
recorte de q. e dejo hecha mención. 

Quizás se decida el Sr. Gr. ( 31 ) a enviarme por el 
correo el ejemplar que posee de "La Verdad", del 
15 de Dbre., en la cual se han dado a luz otros do- 
cumentos relativos al propio asunto. Aventurado es 
el uso de la estafeta p. a dirigir papeles de esa clase; 
pero no disponemos de otro medio para recibirlos. 

Mañana contestaré la carta del Gral. 

Recuerdos al Sr. Coll. 

H. y yo ofrecemos, como siempre, a V. la expre- 
sión de íntimo aprecio. 



(30) El jefe de las tropas españolas que le hicieron prisionero. 

(31) Plácido Gener. 



IX 



Enero 16178. 
Sr. Aguilar. — 

Mi disting. do amigo: 

Omití, contra mi deseo, en la carta que le dirigí 
ayer, rogarle se sirviese trasladar al Gral. copia de 
la 2? p. te comunicada a V. sobre el incidente de las 
cédulas. Le indico al Gral. en la que adjunto, que 
V. le remitirá la expresada copia y espero que V. 
se tomará el trabajo de hacerlo. 

De algunos días a esta parte viene importunán- 
donos el frío, mucho más de lo que puede tolerár- 
sele a este viejo impertinente. Asociado con "los 
Pirineos", de nevada cabellera y con la "tramon- 
tana" de fuertes olas y cortantes garras, dispone 
de los medios necesarios p. a ahuyentar el calor de las 
mismas entrañas — guarnecidas por robustas pare- 
des — del gigante llamado "Castillo de S. n Fernan- 
do", en donde ocupamos, por fortuna, uno de los 
mejor situados departamentos. No obstante, no nos 
damos por vencidos y oponemos, casi spre. con ven- 
taja, bien organizada resistencia a la senil estación. 



Enero 18J878. 
Ldo. E. Estrada: 

Mi estd? Est. 

Recibí con alg. n retraso la suya del 1? del corriente. 

No la había contestado antes porq. nos hallábamos 
J. N. y yo bajo la acción de un incidente, aceptado 
por nosotros con todas sus consecuencias, y esperaba 
q. e éstas tuvieran lugar p* comunicárselas. 

Nuestro buen amigo G. ( 32 ) le informará del suceso 
a que me refiero, si ya no le ha instruido él. 

Los p. ros part. 8 de su carta han traído a mi mente 
multitud de recuerdos y han despertado en mi cora- 
zón impresiones que dormían. 

¡Bayamo! Este nombre es p. r sí solo un monu- 
mento; por eso lo pronuncio con religioso respeto. 

¡Bayamo! patria de José de la Caridad Rodríguez 
( 33 ), aquel hombre de color que llegó a ser por la 
magnitud de su talento bibliotecario en Sta. Fe de 



. (32) Gener, 

(33) Así dice el borrador original de esta carta; pero creo que 
hay error de nombre. Siempre se le llamó Manuel del Socorro Rodrí- 
guez y nació en Bayamo en 1758. Fundó el periodismo en Colombia y 
Uegó a ser bibliotecario en Santa Fe de Bogotá, donde murió en 181S. 



88 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Bogotá: patria de Cedeño, el brazo de hierro de Bo- 
lívar, y a quien debieron Venezuela y Colombia una 
parte no pequeña de su indenpend?; cuna de Saco, 
el más distinguido publicista de la Grande Antilla; 
de Tristán Medina, el orador sagrado más elocuen- 
te y más profundo de cuantos hablan la lengua de 
Cervantes; de Zenea, uno de los pocos poetas cuba- 
nos q. e han unido al genio de la inspiración la bri- 
llantez de la forma y la pureza del estilo. 

¡Bayamo! cuya historia revela desde su origen el 
espíritu independiente de sus naturales, como lo de- 
mostraron los indios de esa provincia, que aceptan- 
do como caudillo al noble cacique dominicano, "el 
mártir Hatuey", opusieron tenaz resistencia al ex- 
tranjero invasor. 

¡Bayamo! que como ciudad municipal de la Isla, 
fué, quizás, la que defendió con mayor energía sus 
dros., la que los sostuvo con mayor tesón, mientras 
le fué posible; a la manera que lo practicaron en 
Esp? Zaragoza y Barcelona; y si en la primera de 
estas últimas hubo un Justicia Mayor que fué deca- 
pitado y en la 2? un Canciller que se expuso a su- 
frir la propia suerte, por sostener ambos los dros. de 
sus respectivas ciudades, también en Bayamo existió 
un ilustre regidor, que no sólo mantuvo con cívica 
firmeza los fueros de la Municipalidad, sino castigó 
con su daga al Cm. te Gral. de Stgo. de Cuba, que co- 
metió la imprudencia de insultarlo en su propia 
casa ( a ). 



(a) No he hallado constancia del nombre del regidor que dio 
muerte en su propia casa de Bayamo, a la cual había ido a exigirle 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 89 

¡ Bayamo ! que se puso a la cabeza del movimiento 
revolucionario del 68 ; que gozó p. r espacio de 3 me- 
ses de independa y libertad y que el 12 de En? de 
1.869 entregó a las llamas los hogares de sus hijos, 
no ciertamente por el estéril propósito de destruir, 
sino para interponer un mar de fuego entre España 
y la Revolución y hacer imposible en ésta el más 
pequeño retroceso, del mismo modo q. e Hernán Cor- 
tés quemó sus naves para privar a sus soldados de 
toda esperanza de volver a Sto. Domingo antes de 
conquistar a Méjico . . . 

Pasando de lo público y lo heroico a lo puramen- 
te personal, ¡ cuántos recuerdos y cuántas emociones 
me hace experimientar el gratísimo nombre de 
Bayamo!. 

¡ La niñez !, que se desliza bajo la influencia bené- 
fica de una madre cariñosa, modelo de ternura y de 
virtud ; madre solícita que se propone grabar con 
sus palabras y con sus ejemplos, en el alma de su 
hijo, los sentimientos de moral cristiana y que a la 
vez inculca en ella involuntariamente las sacrosan- 
tas ideas de Libertad y Dro ! ¡ ideas que se convirtie- 
ron en dogma apenas entró el niño en la edad de la 
razón ! 

¡ Mi primera escuela !, regida por una buena an- 
ciana, que se había consagrado a distribuir, por igua- 
les partes, el pan de la inteligencia a niños y niñas, 
a negros y blancos, depositando, así, en aquellos tier- 



el cumplimiento^ de la orden de entrega de dos presos sospechosos de 
haber participado en un robo, al gobernador militar de Santiago de 
Cuba, Luis Sañudo Asay, el 19 de mayo de 1712. 



90 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

nos corazones el germen fecundo y sublime de la 
igualdad evangélica. ¡ La casa ( 34 ) en que se meció mi 
cuna y en que aprendí a conocer y amar los tesoros 
inapreciables de la familia! La plaza de San Fran- 
cisco! testigo de mis juegos infantiles! Aquella torre 
de Zarragostra! morada de lechuzas y motivo razo- 
nable de espeluznantes consejas. ¡ La anchurosa vega ! 
que convertí muchas veces en hipódromo, cuando 
tomaba ocultamente, impulsado por mi afición a los 
caballos, el del primer mayoral que llegaba a casa. 
¡Aquel delicioso río! rápido y caudaloso, cuya linfa 
cristalina me fascinaba y me atraía a su purísimo 
seno. 

¿Y será que mis ojos se cierren sin que vuelva a 
reflejarse en ellos la dulce imagen de aquel pedazo 
querido de la Patria? Sólo a Dios corresponde dar 
respuesta a tal pregunta. 

Un mes tres días hace que somos huéspedes for- 
zados en este castillo y aun no se ha dignado dedi- 
carnos una visita ninguno de los 200 cubanos que re- 
siden en Barcelona; a pesar de recorrerse en 6 h. 1 ', 
por f-c- la distancia de esa ciudad a este lugar. En 
cambio tres catalanes, Ignacio Casas, Jaime Hill y 



(34) Estuve en ella (situada en la calle hoy denominada Agui- 
lera, antes El Salvador) en febrero de 1915, en compañía del ilus- 
tre patriota D. Fernando Figueredo Socarras, con quien recorrí des- 
pués toda la célebre ciudad. La hermana de Estrada Palma, a quien 
todos llaman allí "Manguita", nos recibió y condujo a la habita- 
ción en que nació él. De un horcón de los que sostienen paredes y 
techo, extraje un pedazo que conservo como recuerdo de mi estan- 
cia en el cuarto donde vio don Tomás la luz primera. Acerca de 
esta inolvidable visita nuestra escribió el señor Figueredo un inte- 
resante y expresivo artículo en La Discusión (Habana, 25 abril 
1915), titulado Una visita a la casa de D. Tomás. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 91 

Eduardo Quir se tomaron la molestia de venir desde 
la expresada ciudad el 19 del ppdo. mes, con objeto 
de verme y recordarme su amistad. 

No he recibido la carta que V. dirigió p? mi a Die- 
go Tamayo. 

José Nicolás le envía una expresión de verdad? ca- 
riño. Déles recuerdos en nuestro nombre a los com- 
patriotas que nos honraban con su visita en Sta. Ca- 
talina, en particular al bondadoso Sr. Rios — Joaquín. 

Le abraza de corazón su primo 



XI 

En? 181878. 



Sr. Pedro Consuegra. 



Mi distinguido y respetable amigo: 

Siento una verdadera satisfacción al llamar a U. 
de esta manera. 

A veces no 'necesitan los hombres mucho tiempo 
p* conocerse y estimarse, y casos hay en que a la 1* 
vista llegan dos almas a entenderse, en que un solo 
rasgo da la estructura completa del ser moral con la 
misma exactitud con que Cuvier, teniendo a la mano 
un hueso cualquiera y apoyado en la correlación de 
formas, construía un esqueleto de un animal deseo- 
nocido. 

El espíritu como el cuerpo está sometido a leyes 
inmutables que nos da a conocer la Psicología; pero 
existe una ley misteriosa, que escapa a la acción de 
la ciencia, por más que los materialistas la quieren 
someter al dominio de la electricidad. 

Me refiero a la ley de simpatía. 

No tendré la pretensión de explicar ésta en lo 
q. e se relaciona con su parte especulativa; me limi- 
taré a referir el hecho. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 9o 

Dos hombres que jamás se han visto se encuen- 
tran por la 1? vez y ambos experimentan en el acto 
una impresión de plácido bienestar, un movimiento 
espontáneo de recíproca atracción; hallan la opor- 
tunidad de dirigirse la palabra, sin que se den cuenta 
de ello ; entablan una sostenida conversación, y, cuan- 
do llega el momento de separarse lo verifican con 
pesar, despidiéndose como dos amigos que se hubie- 
ran conocido desde la infancia. 

¿Qué fuerza misteriosa ha obrado el rápido con- 
sorcio de aquellas dos almas ? ¡ La simpatía ! con- 
testarán todos en coro; y yo mismo me veo obligado 
a decir, "la simpatía". Pero como esa voz nada me 
explica, hago un esfuerzo y añado: esos dos homb. s 
que tan fácilmente se han entendido poseen el mis- 
mo fondo moral; están dotados de idéntico grado de 
energía para repeler el mal, de idéntico vigor para 
amar el bien, y de la propia virtud para cumplir el 
deber sin titubear : en una palabra : han resistido en 
el Gran laboratorio de las sociedades humanas a los 
reactivos de una civilización emponzoñada y sus al- 
mas conservan la pureza primitiva. 

La simpatía es imposible en los hombres de senti- 
mientos extraviados, quienes podrán asociarse, pero 
nunca unirse; las escabrosidades del alma de cada 
uno mantendrán a los dos separados entre sí. 

Por otra parte, no es indispensable que dos hom- 
b. s lleguen a verse para que se manifiesten la simpa- 
tía. Basta que vengamos en conocimiento de alg. s 
actos que puedan considerarse como rasgos caracte- 
rísticos de un espíritu elevado y fuerte para que nos 
sintamos atraídos por él. Suele acontecer, que aqué- 



94 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEKAS 

lia no sea recíproca, pero esto sucede tan sólo como 
excepción; pues no debe confundirse con la verda- 
dera la pseudo-simpatía, muy en boga, por cierto, 
como máscara hipócrita de nuestra adulterada so- 
ciedad. 

La verdadera simpatía no se engendra a voluntad, 
mas puede afirmarse que es como el espíritu de las 
almas educadas para el bien, y, principalmente, de 
las que han logrado empaparse en la caridad evan- 
gélica. 

La ausencia es la piedra de toque de la simpatía 
como de toda clase de afectos. Se extingue por 
la ausencia, si es falsa, se robustece si es verda- 
dera. 

Haciendo aplicación del mal desenvuelto tema, que 
sirve de asunto a esta carta, me es honroso asegurar 
que conocía a Ud. antes de haberlo visto por primera 
vez y que lo estimé desde el punto que le conocí. No 
es la comunión de principios políticos el único lazo 
que me une a U: la conciencia de sus virtudes es 
vínculo para mí mucho más apreciable; así, pues, ni 
el tiempo ni la distancia podrán debilitar nunca la 
justa estimación que ellas me inspiran. 

Por tanto, me permito rogarle que no atribuya 
jamás a tibieza de afecto mi silencio más o menos 
prolongado; cuando las palabras ( 35 ) es más elocuen- 
te el corazón. 

José Nicolás siente por U. el mismo aprecio ex- 
presado por mi en las líneas precedentes.— Los dos 



(35) Aquí falta una palabra en el original. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 95 

hablamos muy a menudo de "Don Pedro" ( 36 ) con 
ingenua satisfacción. 

Quedaría incompleta esta carta si no suplicase a 
U. se digne hacer presente al Sr. Ríos — Joaquín ( 37 ) 
no le hemos olvidado, ni es posible que nosotros olvide- 
mos a quien tributamos un sincero cariño tan acen- 
drado como respetuoso. 

Estrecha a U. cordialmente la mano su atento s. s. 



(36) La misma persona a quien dirigió esta carta: D. Pedro 
Consuegra. 

(37) Debe de ser el Ldo. Joaquín del Río, quien fué deportado el 
21 de marzo de 1869. 



XII 

Enero 19 de 1.878. 
Doctor Eduardo Cartaya. 

Mi amigo muy querido : 

Estimamos José Nicolás y yo en lo que vale su 
apreciable carta de 1? del corriente. — La hemos leí- 
do repetidas veces, siendo creciente el interés de su 
lectura. Los diferentes asuntos de palpitante actua- 
lidad que le sirven de tema, el espíritu recto y filo- 
sófico de las ideas q. e forman su parte esencial y la 
perfecta forma que reviste, hacen de ella un con- 
junto instructivo, a la par que ameno. 

No recibimos periódico y sólo hemos leído alguna 
vez el correo militar. Esto le explicará el reconoci- 
miento que debemos a su interesante revista política 
y científica, sobre España y otros Países. 

De acuerdo nosotros con el principio que U. sos- 
tiene y con los juicios que emite: sobre la pena de 
muerte, os damos el parabién por esta nueva comu- 
nidad de dogma, que nos une a U., dentro de la otra 
comunidad menos concreta, pero no menos estable, 
de la patria libre. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 97 

Comprendemos que la Colonia cubana de Cádiz 
sienta la ausencia de los Sres. Trujillo ( 38 ) : nos- 
otros, que sólo pudimos tratarles algunos días, les 
cobramos cariño y legítimo aprecio ; compadeciendo 
al propio tiempo al padre, que ignoraba la muerte 
— ocurrida en el campo cubano — de uno de aquellos 
dos dignísimos hijos suyos ( 39 ), que habían logrado 
llegar allí después de repetidos esfuerzos y de pe- 
ligrosos ensayos. 

El Sr. Gr. le instruirá, sin duda, del incidente 
desagradable que tuvo lugar con relación a nosotros 
en los primeros días de este mes. Esperamos que, 
con respecto a una indicación que dirigimos a aquel 
Sr., Ud. hará lo que le sea posible. 

Fuera del citado incidente, nuestra vida en este 
castillo ha venido y viene marchando al compás de 
una monotonía, no interrumpida, que sería abruma- 
dora si los libros no se encargasen de soportar una 
parte de su peso. 

Tenemos días de frío intenso, que nos molesta a 
su placer, y días de frío soportable. — Coinciden los 
primeros con la aparición de la tramontana, que deja 
con su ausencia paso a los segundos. 

Relevado el bon. que guarnecía esta plaza, pasó 
a Gerona. Desde allí tuvo la bondad de escribirnos, 



(38) Debe de referirse a los señores José Trujillo y Carrera y Ma- 
nuel Trujillo y Armas, quienes íuerou deportados a Fernando Poo un 
el vapor San Francisco de Borja, que salió del puerto de La Habana 
el 21 de marzo de 1869. Llevaba a su bordo más de doscientos cu- 
banos. 

(39) Me ha sido imposible averiguar el nombre, con certeza, de 
este hijo de uno de los señores Trujillo. 



\ 

98 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

el día 12, el Sr. Alfau, Alférez de dicho bon. y na- 
tural de Sto. Domingo. Entre otras noticias, nos 
comunicaba la de haber fallecido el rey de Italia. 

Ya había llegado hasta nosotros la expresada no- 
ticia, pero en forma de vago rumor. La carta del 
Sr. Alfau vino a confirmar que, en efecto, una testa 
coronada acababa de caer al seguro golpe de la Par- 
ca inexorable. Este acontecimiento inesperado — no 
obstante hallarse comprendido entre los sucesos or- 
dinarios de la humanidad — acumuló en mi mente, 
impresionada por él, multitud de reflexiones. In- 
vencible tentación me mueve a trasmitirlas al papel; 
pero antes, me permito invocar la más amplia indul- 
gencia de U. 

Supongo con fundamento que el cuerpo inanimado 
de Víctor Manuel no sería conducido al lugar pú- 
blico y común de las inhumaciones; un monumental 
sarcófago, alzado en el panteón de la real familia, 
recibiría, sin duda, los fríos despojos del monarca 
que fué. ¿Pero se habrá conseguido con esto que 
deje de tener aplicación en el rey difunto la alego- 
ría de Jorge Manrique?. ¿Aquel severo dístico de 
Horacio : ' ' Pallida mors asquo pulsat pedereg umque 
turres pauper umque tabernas" ( b ) habrá dejado de 
cumplirse? Anticipada respuesta ha dado a seme- 
jantes interrogaciones la muerte misma del rey. ¡ Elo- 
cuente lección, que debiera aprovechar a los que se 
consideran inmortales porque habitan alcázares sun- 
tuosos y tienen a sus pies numerosa grey de servi- 
les cortesanos! 



(b) Así en. el original. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 99 

Mas entremos en otro orden de ideas. 

¿Dejó de ser la Monarquía Italiana, porque el Mo- 
narca dejó de existir? No; que apenas tuvo lugar 
la defunción, el pregonero de palacio gritaría suce- 
sivamente. "El Rey ha muerto ¡Viva el Rey!" 
cuya doble fórmula expresa la destitución por la 
muerte y la sustitución por la herencia; es decir: en 
primer término, la ley natural que mide a todos los 
hombres con el propio rasero ; en segundo término, el 
delito de usurpación cometido por unos pocos con- 
tra el dro. de todos. No bien exhala su último alien- 
to el padre, cuando el hijo, ceñida su frente con la 
insignia del Monarca, sube hasta el elevado solio y se 
acomoda en la regia silla. 

Ahora bien, ¿el que pasa a ocupar tan distinguido 
puesto es acaso conocido por sus virtudes, por su 
ciencia y aptitud para la admon. de los pueblos? 
¿Inspira, siquiera, la esperanza de que se entregará 
con desvelo y buena fe al cumplimiento de sus múl- 
tiples y espinosos deberes? 

El que sucede al rey difunto nació rey, no en el 
orden establecido por la Naturaleza, sino dentro de 
una aberración de las sociedades humanas, perpe- 
tuada no tanto por la fuerza de los menos como por 
la humillación de los más. Nada importa que en- 
cierre un alma deforme y una inteligencia obtusa; 
su padre fué rey, y el primogénito de la casta, o sea 
de la privilegiada familia, ha de ser forzosamente 
rey como su padre. 

En cambio, ios hijos de los proletarios — los cuales 
constituyen una respetable mayoría en los pueblos — 
reciben por única herencia, o un trabajo abrumador, 



100 DESDE EL CASTILLO DE EIGTJERAS 

que les ofrece por general perspectiva "vejez y muer- 
te anticipadas", o la miseria, que prostituye su alma 
y los arrastra por el cieno de las ínfimas capas so- 
ciales. 

Los q. e amamos al hombre, tanto en el género como 
en el individuo, experimentamos un dolor profun- 
do, una pena desgarradora, ante el odioso espectácu- 
lo de tamaña injusticia. Para los unos el patrimo- 
nio de todos los bienes de la tierra, para los otros el 
cúmulo de todos los males. 

¿Mientras subsista semejante orden de cosas, po- 
drá realizarse la redención del hombre a impulsos de 
la caridad cristiana? ¿Podrán los miembros deshe- 
redados de la familia amar a los favorecidos con la 
herencia? ¿y éstos considerarán como hermanos a 
los que miran como seres nacidos de castas inferiores 
y degradadas, destinados, a semejanza de las bes- 
tias de trabajo, a producir exclusivamente para sus 
amos? 

La falta de equidad en la distribución de los bie- 
nes, que pertenecen por iguales partes — según las le- 
yes y los dros. naturales — a todos los individuos de 
la familia humana, engendra fatalmente en los unos 
la envidia, el rencor y un espíritu concentrado de 
venganza; en los otros, altanero desprecio, soberbio 
egoísmo e instintos de opresión, que se elevan a cos- 
tumbre y convierten al fin en sistema social la ti- 
ranía. 

Tan monstruosa amalgama de elementos discordes 
antitéticos, que luchan y se repelen entre sí, han 
traído todos los cataclismos sociales que registra la 
Historia. El 89-92-93 en Francia, el 91 en Haití, 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 101 

son, como tantos otros, amargo fruto de la injusti- 
cia: la comuna, la internacional, las huelgas, son co- 
natos de nuevos cataclismos. 

Y no puede ser de otra manera; desconcertada 
como se halla la Humanidad, no esperemos que exis- 
ta lazo de "amor", de individuo a individuo, de fa- 
milia a familia, de pueblo a pueblo, de nación a na- 
ción; y sin amor no esperemos tampoco que se forme 
el vínculo de "fraternidad", que está llamado a ser 
la más bella manifestación de las sociedades humanas. 

Ahora bien, ¿podrá haber "amor" donde falta la 
"Justicia"?; ¿y sería posible la "Justicia", cuando 
se carece de "Libertad"? 

Libertad! Al pronunciar este augusto nombre 
siento inundada mi alma de una luz divina y enar- 
decido mi corazón por un fuego sagrado ; siento que 
se transforma mi ser y que adquiere tal grado de 
pureza, cual si acabara de salir de las manos del 
Creador. 

Cuando la Libertad, penetrando en todas las ca- 
pas sociales, lleve su espíritu regenerador a esa masa 
de hombres, masa abigarrada e informe, que los pa- 
rásitos de la trastornada humanidad llaman por bal- 
don ' ' casta de los proletarios ' ' ; cuando éstos, abrien- 
do los ojos de su alma, a la luz del dro., asciendan 
en la escala del. género humano al puesto que les se- 
ñaló el autor de la Naturaleza ; cuando las castas pri- 
vilegiadas — que lo son únicamente por la virtud de 
la fuerza — pierdan esta ventaja artificial y descien 
dan al nivel de los demás hombres; cuando el indi- 
viduo y la familia y los pueblos y las naciones, ejer- 
zan como entidades sui juris, pero sometidas al se- 



102 DESDK EL CASTILLO DE FIGUEKAS 

vero y recto criterio de la libertad, ejerzan, repito, 
el Poder que les otorgaron las leyes inmutables de la 
Creación, para que cada cual busque por sí misma, 
respectivamente, su propio bienestar, que os el fin 
de su existencia; entonces, y solo entonces, se resta- 
blecerá el equilibrio en el género humano; entonces 
se hará indisoluble el vínculo de "fraternidad", bajo 
el suave imperio del "amor" ¡chispa desprendida 
del alma del Eterno para establecer las relaciones 
mutuas de los hombres entre sí y las de la Humani- 
dad con Dios ! ¡ venerandas relaciones, que están sin- 
tetizadas en "la Caridad Evangélica ' ' ! 

Los que nos hemos inspirado en la Doctrina del 
Maestro; los que sentimos iluminado nuestro ser mo- 
ral por el reflejo de aquel fuego santo que descen- 
dió sobre el espíritu de los Apóstoles, conservamos 
la Fe y mantenemos la Esperanza: creemos y confia- 
mos en que las sociedades humanas, marchando a su 
completo desarrollo, de evolución en evolución y a 
la voz de genios extraordinarios, como Guillermo Tell 
en Suiza, Washington en los Estados Unidos, &, ha- 
rán al fin un Todo Perfecto, conforme al Ideal del 
Supremo Hacedor. 

Vuelvo a ocuparme de Víctor Manuel. — Realizó, 
aunque inconscientemente, una obra de progreso, 
Impelido por Garibaldi y amenazado por Mazzini, 
formó la Union Italiana a la manera que Guillermo 
el de Prusia, llevado de la mano por "el Canciller", 
hizo la Union Alemana. Ambas obras son imperfec- 
tas, pudiendo decirse que se hallan en estado de cri- 
sálida; pero, al fin y al cabo, ellas existen, y, si hoy 
les sirve de débil punto de apoyo una corona, espe- 



CAUTAS DE ESTRADA. PALMA 103 

remos que mañana descansarán sólidamente en Ins- 
tituciones Democráticas ( 40 ). 

Habrá subido al trono de Italia, por la muerte de 
Víctor Manuel, el primogénito de la casa de Saboya, 
el príncipe Humberto. — No tengo conocimiento de 
las cualidades que constituyen el carácter del nuevo 
soberano; así, me toca sólo por lo pronto, y en obse- 
quio de la humanidad, rogar a Dios le ilumine para 
q. e marche a la par, con los pueblos confiados a su 
administración, en el movimiento progresivo de és- 
tos; pues si queda rezagado, los pueblos marcharán 
sin él. 

No se me esconde que debe estar fatigada la aten- 
ción de Ud., que he abusado de su indulgencia. Por 
eso cierro esta carta con un estrecho apretón de ma- 
nos, vivo testimonio de cordial afecto y profundo 
aprecio. 

José Nicolás hace suya esta sentida muestra de 
amistad y ambos saludamos respetuosamente a su es- 
timable Sra. 

Su at.° S. S. 



(40) Ahora, al cabo de cuarenta años, parece empezar a cum- 
plirse esta profecía; porque Alemania, a causa de la derrota que 
está sufriendo por la fuerza de les ejércitos aliados, tendrá que ser 
regida por instituciones democráticas y no por la autocracia del 
Kaiser que ha desatado sobre el mundo la más tremenda guerra 
que han visto las edades. 



XIII 

Enero 19 de 1.878. 
Sr. Manuel Cisneros y Cisneros. 

Mi estimado Manuel: 

Su carta de 8 de Dbre. llegó a mis manos la se- 
mana pasada. 

Dos emociones contrarias hízome experimentar su 
lectura. Dulce, inefable la una, como nacida al ca- 
lor de las bellas acciones de una alma grande; cruel 
la otra y desgarradora, como herida abierta por el 
dardo emponzoñado de la calumnia. 

No hablaré de la última, porq. e tengo decidido no 
volver a ocuparme del asunto que ha dado margen 
a ella; ya q. e poseo la suficiente fuerza moral para 
compadecer y perdonar a los que juegan al honor de 
los hombres con estúpida ligereza, por no decir con 
reprobada intención. Sería necio e indigno que yo 
entrase en lucha a brazo partido con la calumnia, 
cuando la Justicia y el tiempo tienen a su cargo ven- 
cerla y desarmarla. Además, mi carta escrita en el 
Morro y dirigida al Sr. Echeverría vio la luz en el 
periódico "La Verdad" del 15 de Dbre. en cuyo 
número se publicaron también otras dos cartas — del 
Marqués la una, del Gral. Gómez la otra — relativas 
a mi caída en poder del enemigo. Los que deseen 



CASTAS DE ESTRADA PALMA 105 

obtener informes pueden acudir al citado periódico, 
teniendo por suyo, los más escepticos, el camino que 
conduce al campo cubano, en donde no quedarán 
defraudados sus deseos de averiguar la verdad. 

He dicho que la lectura de su carta me hizo sen- 
tir una dulcísima emoción. Así fué en efecto. 

El interés generoso — que pudiera llamar evangé- 
lico — demostrado por el Sr. Salvochea a favor de 
los prisioneros cubanos, y que U. refiere con gráfica 
expresión, ha grabado en el fondo de mi alma amor 
y respeto para el virtuoso republicano, que sabe in- 
terpretar, practicándolos con noble desprendimiento, 
los grandes principios de la Democracia Universal. 

Los que han enarbolado la verdadera enseña de la 
" Libertad" tienen por patria, no un pequeño rincón 
del planeta que habitamos, sino el orbe entero, y por 
conciudadanos a todos los hombres. Ellos, como el 
Divino Maestro, el que ascendió por el Gólgota a la 
apoteosis, no rechazan a los pobres, a los débiles, a 
los humildes, a los parias, en una palabra, a los des- 
heredados de la tierra ; no, antes bien, les abren en 
p. r térm. sus brazos amorosos y los apoyan y los le- 
vantan a la altura de la majestad humana. 

El Sr. Salvochea pertenece a ese grupo de seres 
privilegiados que aman y no aborrecen, que elevan 
y no deprimen, que recuerdan con sus actos el ori- 
gen divino de la humanidad. 

¡Ah! cuánto consuelo recibiría en mi acibarada 
vida, si me fuera dable estrechar la noble mano de 
ese digno representante de la filosofía cristiana, si 
me fuera permitido ayudarle en sus tareas evan- 
gélicas de enseñar al que no sabe, de volver la salud 



106 DESDE EL CASTILLO DE EIGUERAS 

al enfermo, de educar, de dirigir las conciencias, en- 
caminándolas por el áspero, pero recto sendero del 
"deber" y la "virtud" (41). 

De todos modos tengo por lo pronto la satisfac- 
ción de conocer su alma y la esperanza de merecer 
algún día la honra de que se estrechen los lazos de 
fraternidad q. e nos unen, como obreros del Dro. y la 
Justicia, en la Causa sublime de la regeneración de 
los hombres por la libertad del individuo y por la li- 
bertad de los pueblos. 

Somos forzados huéspedes de este Castillo, desde 
el 15 de Dbre. Si consideramos nuestra prisión, por 
la capacidad interior del depart. que ocupamos, no 
podemos llamarla "estrecha"; pero si la apreciamos 
bajo el punto de vista de la escrupulosa severidad 
con que se nos mantiene encerrados, sin que un día 
siquiera se nos haya invitado a tomar el sol o a res- 
pirar un rato el aire libre, tenemos justo motivo para 
calificarla con aquel epíteto. 

El frío se está haciendo sentir de un modo des- 
agradable para nosotros, extremando su rigor en los 
humildes pies, cuyos dedos hincha y lastima dolo- 
rosamente. 

No sé a qué atribuir la falta de contestación a la 
carta q. e dirigí desde Cádiz a Pepe Aguirre y El- 
pidio Mola ( 42 ). Otro tanto dice José Nicolás res- 
pecto a las que dirigió a los mismos en la propia 
fha. Infórmese si las han recibido. 



(41) Así lo hizo siempre Estrada Palma. 

(42) El entonces comandante José María Aguirre, que murió 
en la guerra de 1895-98 siendo mayor general. — Mola: Ayudante 
de* Máximo Gómez. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 107 

Fuimos conducidos por mar de Cádiz a Barcelona. 
Cuando divisé desde el estrecho la roca en que se 
alza "El Hacho", confié a las olas y a la brisa un 
saludo y mi "adiós", desprendidos de lo íntimo de 
mi corazón. "Llevad, les dije, a esos hermanos míos 
que lloran allí, como lloro también yo, la ausencia 
de la patria amada, y aseguradles en mi nombre que 
ellos están conmigo, a pesar de la distancia que nos 
separa, que el dolor de mis dolores consiste en que 
ese mismo gigante de piedra q. e los aloja en sus en- 
trañas no sea el encargado de guardar igualmente mi 
prisión". Eso dije, y como yo creo que los efluvios 
del alma ni se extravían ni se pierden, estoy seguro 
de que en aquellos instantes solemnes, en que mi es- 
píritu se ponía en relación con vosotros, vuestro es- 
píritu experimentó un sacudimiento que os trajo mi 
recuerdo. No obstante, como pudiera ser que ni el 
viento, ni el mar hubiesen dado curso al mensaje que 
les encomendé, espero que V. se tomará el trabajo de 
trasmitirlo. 

José N. recuerda su afecto a V. y a Linito ( 4S ), 
y, en gral., a todos los amigos. — Desea saber, además, 
si el alf. z Amaranto Alvarez recibió una carta que 
le dirigió desde Cádiz. 

Él y yo estrechamos con gusto la mano de Manuel 
y Marcos. 

Cierro entre mis brazos a V. y a Linito, a quien 
no le perdono su pereza para escribirme. 

Suyo. 



(43) Lino Sánchez, subteniente ayudante del general Maceo. 



XIV 



Febrero de 1.878. 

C. Salvador Cisneros. Presidente de la Cámara 
de R. R. 

Cuba. 

Mi distinguido y respetable amigo: 

Seríame difícil medir, si lo intentara, la intensi- 
dad de la emoción que experimento al trazar estas 
líneas. Sólo puedo asegurar que todas mis amargu- 
ras se renuevan, que se exacerban todos mis dolores ; 
pues dirigiéndome a Ud. desde Europa, desde una 
fortaleza de España, no cabe que me engañe a mí 
mismo. Toco, palpo la realidad, estoy fuera de Cuba, 
be dejado de ser obrero, quedando convertido en 
miembro inútil, de la más respetable de las asocia- 
ciones; en tanto que mis hermanos, en la patria, lle- 
van sobre sus hombros todo el peso de la obra, cum- 
pliendo noble y heroicamente los deberes ineludi- 
bles que aquélla nos ha impuesto. 

Necesito, en verdad, de toda mi fe inquebranta- 
ble en el triunfo de Cuba, para resignarme a sopor- 
tar tan desesperante situación. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 109 

Y aun eso no sería suficiente. Mas, en medio del 
desierto que me rodea, mi espíritu, salvando las dis- 
tancias, ha establecido la más estrecha comunicación 
con los inolvidables lugares en donde se vienen rea- 
lizando los más grandiosos esfuerzos que jamás los 
hombres llevaron a cabo, para reintegrarse en la po- 
sesión de su libertad y sus derechos. Se halla mi es- 
píritu en tan íntima relación con Cuba, que experi- 
menta con frecuencia emociones alternativas, agra- 
dables y tristes; cual si estuviera allí, presenciando 
las vicisitudes y accidentes de la lucha. 

He adquirido algunas noticias de ella, por los pe- 
riódicos españoles y por cartas particulares. He vis- 
to en los primeros la descripción del encuentro en que 
murió Eduardo Machado ( 44 ) después de haber hecho 
fuego dos veces con su revolver, y la del combate de Pi- 
loto, en Guantánamo, muy adverso, sin duda, para 
el enemigo ; supuesto que éste, en el parte militar, 
confiesa noventa bajas. He recibido una copia ma- 
nuscrita de la alocución de Javier Céspedes, al en- 
cargarse del Poder Ejecutivo ( c ), y he leído en un re- 
corte del "Sun" de New York, que Vicente García 
hizo prisionero al Brigadier Valera ( 45 ) y a varios 



(44) Fué Presidente de la Cámara de Representantes. Era 
ingeniero y hombre de no común ilustración. Había viajado mucho 
y fué de los primeros en incorporarse al movimiento revolucionario 
en Las Villas. Nació en Santa Clara el 20 de octubre de 1836 y 
murió en combate, en Camagüey, el 29 de diciembre de 1877. 

(c) Expone en ella Céspedes las causas por las cuales ocupa ese 
puesto. Fechada el 22 de octubre de 1877 en Caureje, jurisdicción 
de Bayamo. 

(45) Vicente Valera. La noticia de esta captura, dada por el 
Sun, no tuvo comprobación. 



1J DESDE EL CASTILLO DE FIGTJERAS 

oficiales de su E. M. Añade el periódico citado que 
el Gral. Gómez había propuesto al Gral. Martínez 
Campos canjear a Valera por Calixto y por mí, no 
habiendo admitido la proposición el Gral. en Jefe 
del Ejército enemigo. A pesar de estos detalles, no 
me aventuro a prestar entero crédito a aquella noti- 
cia, por la facilidad con que los periódicos dan cabi- 
da a correspondencias inexactas. 

Poseyendo tan escasos informes de lo que ha ocu- 
rrido en Cuba, desde que caí en poder del enemigo, 
hta. la fecha, comprenderá U. cuánto anhelaré cono- 
cer más detalladamente aquellos sucesos y cuánto le 
agradeceré, si U. se digna contestarme, que se tome 
el trabajo de referírmelos. 

Estando en el Morro de la Habana me dirigí al 
Gral. Gómez y terminaba rogándole dijese a U. que 
aprovecharía la primera oportunidad de escribirle. 
Desde Cádiz volví a dirigirme a Gómez, escribiéndo- 
les, a la vez, a Vicente García y a Maceo. El objeto 
único de estas cartas ha sido demostrar a los expre- 
sados Generales, que tienen el deber imperioso de 
olvidar todos los motivos de agravios entre sí, a fin 
de consolidar con su ejemplo, en toda la Eepública, la 
unión, que es tan necesaria en las presentes circuns- 
tancias al triunfo de la guerra de independencia. 

Ignoro si han llegado dichas cartas a su respecti- 
vo destino; por lo cual me permito recomendar a U. 
que interponga su influencia para que cesen cuantos 
desacuerdos puedan existir aún: de esa manera se 
conseguirá que la marcha de la Revolución se vea 
libre de obstáculos y que llegue a ser uniforme y 
combinada la defensa común. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 11] 

Quizás sea U. el único que se halle en aptitud de 
apreciar el patriótico esfuerzo que me costó dirigir- 
me a V. García. Hice, sin embargo, lo que juzgué 
mi deber, y estoy pronto a repetirlo cuantas veces lo 
creyere conveniente a la causa que sostengo. Yo co- 
nozco el temple de alma que a U. caracteriza y sé 
perfectamente que todo lo pospone a Cuba ; por lo 
tanto, poseo la más completa confianza en q. e U. ha- 
brá puesto y pondrá de su parte todo lo que esté en 
sus manos para contribuir a una sólida conciliación. 

Supongo que habrá recibido algún ejemplar del nú- 
mero de "La Verdad", en que se publicó una carta 
dirigida p. r mí a Echeverría, desde el Morro de la 
Habana. Ella contiene la relación de cuanto me 
acaeció después que me separé de Udes. en Loma de 
Sevilla, hasta el día antes de salir para España José 
Nicolás y yo; es decir, hasta el 4 de Dbre. 

Catorce días estuvimos en Cádiz — Castillo de San- 
ta Catalina — . De allí se nos trasladó a esta forta- 
leza, donde nos encontramos desde el 15 de Dbre. 

Tengo a mi lado, por fortuna, a José Nicolás, cuya 
compañía ]e quita la aridez al desierto en que mi 
alma vive ; sin él me sería más difícil combatir la nos- 
talgia. 

Considerando nuestra prisión por la capacidad in- 
terior del pabellón que ocupamos, podemos decir que 
es holgada; pero juzgándola bajo el prisma de la se- 
veridad con que se nos mantiene encerrados en ella 
y del celo con que se nos vigila, tenemos que clasifi- 
carla de "estrecha". Aunque el pabellón se halla 
situado en segundo piso y no es húmedo, el frío nos 
hace sufrir cruelmente, lastimando con especialidad 



112 DESDE EL CASTILLO DE FIG ITERAS 

nuestros pies, hasta el extremo de hallarse J. N. casi 
imposibilitado de andar. 

El recuerdo de Fernandito, de Ignacio, de Luis, y 
aun de José, mi otro asistente, me asalta a menudo, 
mezclado de amarga tristeza. Les había cobrado en- 
trañable cariño, particularmente a los dos primeros, 
que estuvieron desde su más tierna infancia bajo mi 
protección. Estas razones deben justificar la reco- 
mendación que le hago a V. y a todos cuantos me 
conserven en la República algún aprecio, para que 
dispensen su afecto a Fernandito, Ignacio, Luis y 
José, para que los guien por la buena senda y les 
amparen en circunstancias adversas. Eligió, el asis- 
tente que me acompañaba el año 72, debe estar en 
"Guá" en unión de su madre. Si necesitase él de 
que U. le preste algún servicio, tenga presente, mi 
querido Marqués, que yo le guardo a ese hombre las 
consideraciones de un hermano. 

Sírvase decirles a Luis Victoriano ( 46 ), Fernan- 
dito Figueredo, Spotorno, Pancho Sánchez y demás 
miembros de la Cámara, a Trujillo, Gral. Gómez, Be- 
nítez, Gonzalo Moreno ( 47 ) y a cuantos luchan y su- 
fren en los campos de la Patria por la regeneración 
política y social de ella, dígales que no los olvido un 



(46) Luis Victoriano Betancourt, abogado, nacido en Matanzas 
en 1842. Murió en La Habana en junio de 1885. Su hermano Fede- 
rico, que también era entonces miembro de la Cámara, desempeñó 
luego en el Palacio Presidencial, durante el gobierno de Estrada 
Palma (1902-06), el cargo de Jefe del Despacho de la Secretaría 
de la Presidencia. 

(47) Benítez : El brigadier Gregorio Benítez (a) Goyo, jefe de 
la División del Camagüey. — Gonzalo Moreno: coronel jefe del regi- 
miento "Jacinto' - . 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 113 

instante, y que, no siéndome dable otra cosa, elevo 
diariamente a Dios mi corazón, pidiéndole que pro- 
teja y defienda tan preciosas vidas. 

Puede asegurarles también que mi alma no ha de- 
jado, por un momento, de experimentar la misma ar- 
dorosa fe que ha venido alimentando desde que, eri- 
giendo en culto la libertad de Cuba, acepté la guerra 
como único medio de realizarla. 

Marqués, V. y yo nos conocemos íntimamente. Si 
no me engaño, existen entre los dos lazos más fuer- 
tes que los de las amistades ordinarias. Sentimien- 
tos y rasgos de- carácter muy parecidos nos acercan 
recíprocamente y han determinado ya, entre nos- 
otros, una especie de fusión fraternal. ¿Qué, pues, 
podré añadir desde esta horrible clausura que enca- 
dena mi cuerpo? Sólo me es permitido abrazarle 
en espíritu, y así lo hago con todo mi corazón, reco- 
mendándole, a la vez, un recuerdo cariñoso al doctor 
y a Gasparito. 



XV 



C. de S. F. de F— 

En. 31 de 1.878. 

Sr. José Ant? Echeverría, Comisionado Gral. Diplo- 
mático de la República de Cuba. 

New York. 

Mi distinguido y muy respetado amigo : 

Recibí ayer su carta del 1? del actual, en extremo 
interesante para mí. Ya era tiempo, pues mi espí- 
ritu estaba próximo a doblegarse bajo el peso ele una 
cruel incertidumbre. 

No he temido a la calumnia, ni la temo, en cuanto 
a sus autores. Me atormenta por el juicio de los 
hombres honrados. Si este me fuera adverso ¿para 
qué necesitaría la vida terrenal? En el ser de Dios 
encontraría la justicia que los hombres me hubiesen 
negado. 

Mi situación ha sido angustiosa; no crea U. que 
he procedido con ligereza. Cuando las puertas de la 
prisión cerráronse para mí, abrigué la esperanza de 
que la calumnia me olvidase. No contaba con la ce- 
leridad que le es propia, para volar y extenderse y 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 1]5 

propagarse hasta llenar por completo su infernal mi- 
sión. Así, pues, deslizóse también a través de los es- 
pesos muros de mi encierro y vino a exacerbar el do- 
lor de mis heridas. 

¿Si habré dado realmente motivo para que se me 
juzgue culpable?, pensé. ¿Si habrá asaltado la 
duda el ánimo de los hombres dignos y rectos, cuya 
estimación ha sido el objeto constante de mis aspira- 
ciones? Tales pensamientos, en mi espíritu esen- 
cialmente susceptible y en las circunstancias en que 
me encontraba, me producían un efecto aterrador; 
pues Ud. convendrá conmigo en que la duda, cuando 
llega a ser acogida por razones fuertes y respetables, 
si no mata moralmente al que es víctima de ella, lo 
hiere de tal modo que, por bien que cierren más tarde 
las heridas, las cicatrices revelarán siempre las mar- 
cas del estigma. 

Mi naturaleza es, al mismo tiempo, altamente reli- 
giosa y profundamente social. De aquí resultan en 
mi alma dos distintas tendencias; la una me llevaría 
al ascetismo, por el amor a Dios; la otra, por el amor 
a la humanidad, me inspira el deseo ardiente de una 
asociación de hermanos — semejante deseo me condu- 
jo años atrás a la utopia, la utopia a la decepción y 
ésta a la realidad. 

El germen de amor que se desprendió del alma de 
Jesús, el hijo de María, en la cima del Gólgota, ha 
prendido, es cierto, en muchos corazones; pero no en 
todos éstos ha logrado desenvolverse y adquirir la 
fuerza de un sentimiento vigoroso y fecundo. Esta 
convicción y los engaños sufridos me han venido in- 
clinando a buscar los hombres privilegiados, en quie- 



116 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

nes haya alcanzado verdadero desarrollo el germen 
divino de amor fraternal. 

De ellos seré comprendido y estimado — me he di- 
cho — y tal vez lleguemos a formar una sociedad mo- 
delo, sin palabras sagradas, ni signos convencionales, 
sin ritos, ni formalidades exteriores, que acaban por 
matar el espíritu de cuanto es grande y bello en sí. 

Nueve años de agitada vida en el seno de la revo- 
lución cubana, lejos de amortecer aquella tendencia, 
la han grabado más y más en mi naturaleza; pues 
las asociaciones políticas, con motivo de su propia ín- 
dole y, principalmente, del estado imperfecto en que 
se encuentra nuestra educación moral, no pueden 
constituir las asociaciones de herm. s a que aspiro y 
que tienen por piedra angular el amor recíproco y la 
virtud. 

Bajo tal supuesto, fácil es comprender la inefa- 
ble satisfacción que he debido sentir cuando la Pro- 
videncia ha puesto en mi camino algunos de esos se- 
res de alma noble, de espíritu fuerte y elevado, que 
llevan en sí todos los elementos estables de una so- 
ciedad perfecta. No he podido menos, desde luego, 
que estimarlos y respetarlos, aspirando a la vez a ser 
digno de su respeto y estimación. 

Esto precisamente me sucedió cuando tuve la opor- 
tunidad de comunicarme con TL, desde el campo cu- 
bano; sentíme impelido por una fuerza misteriosa 
y me dejé conducir. Yo siempre he creído que los 
corazones en que se alberga la virtud son los únicos 
qfte poseen la facultad de inspirar simpatías, antes 
de ser conocidos; los corazones estrechos y viciados 
desconocen ese lenguaje, mudo al parecer, pero dulce 



CARTAS DE ESTRADA PALilA 117 

y elocuente, origen, por regla general, de amistades 
firmes y duraderas. 

Las relaciones oficiales y particulares afianzaron 
aquel primer sentimiento, y me hicieron apreciar, en 
todo su valor, la amistad con que U. se dignó corres- 
ponder a la que espontáneamente le ofrecí. 

Razones eran éstas bien poderosas, para que, en 
aquellos momentos de tribulación para mi espíritu, 
cuando no contaba con más amparo que mi propia 
dignidad y mi amor a Dios, el recuerdo de U. me 
diese ánimo para ordenar mi memoria y escribir la 
carta de 3 de Nbre. expresión sincera y fiel de cuan- 
to me había ocurrido en el término de un mes. 

Confiando a U. el testimonio de mi causa, me en- 
tregué a su juicio y recobré hta. cierto punto mi se- 
renidad, la suficiente, siquiera, para esperar con me- 
nos impaciencia el fallo. 

Repito ahora que la calumnia no me ha afectado, 
por lo que ella significa en sí; puedo, antes bien, de- 
cir que me ha ofrecido la ocasión de compadecer y 
perdonar; esto es, de ser fuerte por el amor. Pero 
no debo negar que di entrada a una debilidad, hija, 
sin duda, de la influencia que alcanza a ejercer, de 
vez en cuando, el barro sobre el espíritu ; me asedia- 
ba el temor de que hubiesen llegado a dudar de mí 
personas respetables, y contribuía, en ocasiones, a 
intranquilizarme el silencio de Ud. 

Cuando tuve noticias, por un periódico español, de 
que se había publicado en "La Verdad" del 15 de 
Dbre. mi carta dirigida a U. desde el Morro, vime li- 
bre de una parte del peso que me abrumaba. Éste 



118 DESDE EL CASTILLO DE EIGUERAS 

lia cedido por completo al influjo bienhechor de su 
apreciable de 1? del corriente. 

Un peregrino en el desierto, que, después de haber 
estado a punto de perecer de cansancio y de sed, lle- 
ga por fin al oasis que le ofrece agua fresca y grata 
sombra, puede dar una idea aproximada de la emo- 
ción que me hizo experimentar la lectura de su carta. 

No se vive sólo de pan de trigo. Personas hay, a 
quienes les hace más falta el pan del alma ; y así como 
las plantas y las flores serían agostadas del todo por 
los ardientes rayos de un sol tropical, si el rocío pu- 
rísimo de la mañana no les comunicase diariamente 
nueva vida, así el espíritu, azotado por el ábrego 
cruel de la desgracia, sucumbiría al cabo si no lle- 
gasen hasta él alguna vez los efluvios vivificantes de 
corazones bondadosos y amigos. 

Puede U. estar seguro de que en lo sucesivo no me 
atormentará otra cosa sino la desesperante conside- 
ración de que me hallo convertido en miembro in- 
servible de la sociedad a que estoy ligado por sagra- 
dos vínculos, en obrero inútil, que ya no lleva al san- 
to edificio en construcción, ni arena, ni piedra, ni la 
más insignificante ayuda; mientras que obreros in- 
fatigables, operarios excelsos trabajan con denuedo 
en la obra común, cumpliendo heroicamente los ine- 
ludibles deberes que la amada Patria nos impuso a 
todos. 

Elevar mi alma hasta el Ser Supremo, tan solo 
me es permitido; y eso hago todos los dias, pidiendo 
al Padre de Eterna Justicia que proteja tan precio- 
sas vidas y que acelere el triunfo de la causa de Cuba, 
que es la causa de la Razón y del Derecho. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 119 

Me ocuparé de otros particulares. 

Estuvimos José N. y yo en el castillo de Sta. Ca- 
talina 14 días. El 6 de Dre. por la tarde se nos em- 
barcó en uno de los vapores mercantes que hacen la 
carrera de Cádiz a Barcelona ; llegamos el 14 a este 
último puerto, el mismo día se nos condujo por fe- 
rrocarril a Gerona, a cuya ciudad llegamos a las ocho 
y media de la noche; a esa hora se nos trasladó a 
una tartana, y continuamos marcha para este casti- 
llo. Entramos en él a las ocho de la mañana del 15, 
después de pasar una noche penosísima, fría y llu- 
viosa, andando durante toda ella; porque el vehículo 
tenía que moverse al paso de una parte de la escolta, 
que era de infantería. 

Hernz. y yo hemos sido encerrados en el mismo pa- 
bellón, y esta circunstancia, como U. ha pensado muy 
bien, es un destello de luz en el negro cielo de la des- 
gracia. La habitación que ocupamos se halla situa- 
da en segundo piso y es amplia y seca. Estas condi- 
ciones nos favorecen; pues, de otro modo no podría- 
mos resistir, sin enfermar, la severa clausura en que 
se nos mantiene. La puerta de nuestra prisión da 
a un pasadizo ; en él se halla instalado el oficial, jefe 
de la guardia; debajo, está el piquete que forma el 
cuerpo de la misma; centinelas, al frente y a la es- 
palda del edificio, completan el orden de vigilancia 
adoptada respecto de nosotros. El Gobernador del 
Castillo, Brigadier Felipe Dolsa, se muestra muy ce- 
loso de nuestra seguridad. Este Sor. ha sido, entre 
todas las autoridades españolas de que hemos depen- 
dido, desde que fuimos conducidos a la ciudad de 
Holguín, el único que, pasando por encima del res- 



120 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

peto debido a los hombres que profesan principios 
inquebrantables, ha tratado, con intención o sin ella, 
de poner a prueba nuestra dignidad por medio de un 
acto q. e pudo evitar. 

Referiré en resumen lo ocurrido. Si fuere nece- 
sario, más adelante, haré que se transcriba a U. la 
relación detallada que dirigí a un amigo, tan pron- 
to como tuvo lugar el incidente. 

Había sido decretado un censo gral. de población 
en España p? el día 1? de año. El día 2, un sargen- 
to empleado en el despacho del Gob. r nos presentó, 
por orden de éste, cuatro cédulas de estadística, para 
que las llenásemos como cabezas de familia. El sar- 
gento, a pesar de mis observaciones, insistió en re- 
petir que todos cuantos estuviesen en la Península 
tenían obligación de inscribirse en el censo gral. 
Está bien, le dije; y poniéndome de acuerdo con 
José N., procedió éste a llenar las planillas, en que 
figuramos como extranjeros; una vez firmadas, las 
devolvimos. El día 3, el Mor. de Plaza, Tte. Coro- 
nel Eduardo Cambronero, nos trajo las cédulas, por 
disposición del Gobernador, para que rectificásemos 
lo escrito, pues no era posible — nos dijo — que el 
Brig. r diera curso a tales documentos, en que Cuba 
aparecía como nación extranjera. Expliqué deteni- 
damente al jefe citado las razones en que nos fun- 
dábamos para proceder de esa manera, y que, a mi 
juicio, el único medio de evitar el conflicto era de- 
sistir de que José N. y yo figurásemos en el censo. 
El Mor. de Plaza sostuvo que no podía eximírsenos, 
con arreglo a la ley de estadística, y, como yo le re- 
petí que nosotros en la prisión seguíamos sostenien- 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 121 

I 

do el principio de independencia, proclamado y de- 
fendido en los campos de Cuba, se despidió cortes- 
mente y se retiró, llevando las cédulas. Volvió al 
siguiente día; pero sólo para preguntarnos en qué 
pueblo de Cuba habíamos nacido. Debo advertir que 
la columna de las cédulas, destinada a "la natura- 
leza" de los extranjeros, sólo contenia la casilla co- 
rrespondiente al nombre de la Nación. Allí había- 
mos escrito nosotros "Cuba". 

Ignoramos, a la fecha, si el Gob. r hizo llenar otras 
cédulas, o si alteró las que habíamos firmado. Nada 
hemos podido averiguar en el aislamiento en que nos 
encontramos; pero tengo esperanza de descubrir la 
verdad, si se practican las diligencias que he recomen- 
dado a varios compatriotas. 

No ha vuelto a incomodársenos hta. aquí; pues 
no damos importancia al cuidado que tuvo el Brig. r , 
el 2? día de los 3 señalados p? celebrar el matrimonio 
de D. Alfonso, el cuidado, repito, de hacer extender 
entre las dos ventanas de nuestra prisión una ban- 
dera española, a quisa de colgadura. Juzgo excusa- 
do decir a U. que antes de concurrir esta circunstan- 
cia nos habíamos retirado José N. y yo al fondo del 
departamento que nos sirve de prisión, para no ser 
ni siquiera accidentalmente espectadores de unas fies- 
tas que por el objeto de ellas y por su clase (lidias de 
toros), hacían tan poco honor a la Humanidad. 

No puedo resistir a la tentación de ofrecerle otro 
rasgo de nuestro guardián. Llegamos sábado al Cas- 
tillo; al siguiente día se nos acercó el Ayudante de 
la fortaleza y nos invitó, en nombre del Brig. r , a asis- 
tir a misa, Contéstele que, no profesando el culto ca- 



122 DESDE EL CASTILLO DE ITCUERAS 

tólico, ni Hernz, ni yo, no podíamos aceptar la invi- 
tación; sin perjuicio de mostrarnos altamente reco- 
nocidos por ella. Más tarde me comunicó una ter- 
cera persona, confidencialmente, que el Gobernador, 
al invitarnos a asistir a la misa del domingo citado, 
se había propuesto que pasásemos a la vista de la 
tropa, formada en la plaza, a fin de que los solda- 
dos, fijándose en nosotros, tuviesen ocasión de co- 
nocernos. 

Hasta la fecha hemos venido enviando y recibien- 
do nuestra correspondencia, sin que haya sido vio- 
lada ni interceptada. La vía de que ya V. ha he- 
cho uso es la más segura, y creo, por lo mismo, 
que debe seguir aprovechándola. Cité poco antes 
"la humanidad", y esta palabra me recuerda que 
debo a U. una explicación. 

Los que conocemos y sentimos en sí [sic] la con- 
dición moral de la naturaleza humana, no podemos 
admitir ninguna especie de duda sobre la excelen- 
cia de ésta; los que somos eminentemente cristia- 
nos, en el dogma político y en el principio filosófico- 
social, lejos de dudar de la perfectibilidad del hom- 
bre, creemos firmemente que el individuo y la so- 
ciedad poseen una tendencia invariable a su mejo- 
ramiento progresivo, y tenemos profunda fe en que 
el bello ideal del Gran Maestro — considerado hoy 
como imaginaria utopia, en virtud de lo imperfecto 
y efímero de nuestra educación moral — llegará un 
día a ser una hermosa realidad. 

Asediado en el Morro de la Habana por tantos 
dolores a la vez, que hicieron rebosar de amargura 
mi corazón, no pude evitar que subiendo una gota 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 123 

de hiél a mis labios repitiesen éstos la desgarradora 
frase de Lord Byron. Aquello fué un grito del 
alma, pero no el juicio de la humanidad. — -Yo, que 
me considero parte integrante y constituyente de 
ella, no puedo negar al todo lo que hallo y siento 
en mí mismo. Ese orden interior que forma un 
sistema completo, y que no es ni el cuerpo, ni la in- 
teligencia; esa fuerza irresistible que me empuja 
por el camino del deber y que me amenaza, si ti- 
tubeo, con los más negros tormentos; esa luz divina 
que me permite conocer lo bueno, lo bello, lo verda- 
dero y absoluto y distinguir lo justo de lo injusto, 
la verdad de lo falso ; ese fuego celestial, sentimiento 
de amor purísimo, átomo desprendido del alma del 
Eterno, para unir a la criatura con el Creador y a 
los hombres entre sí ; todo esto, que se encuentra en 
mi naturaleza moral y que imperiosamente existe 
en la de los demás, será siempre una barrera infran- 
queable entre mi espíritu y el escepticismo. 

A estas razones, de conciencia, y por las cuales 
creo en las aptitudes del hombre para el bien, se 
asocia una razón práctica, que me ofrece una prue- 
ba evidente, no hija de la aptitud, sino de la bon- 
dad misma, una prueba, no de lo que puede ser, 
sino de lo que es. En medio de los adversos tiem- 
pos que estoy corriendo, el testimonio que acabo de 
recibir, y que no es la falaz expresión de una amis- 
tad vulgar, sino el lenguaje espontáneo y sentido 
de un alma que se confunde con otra alma, por la 
comunión de ideas y sentimientos; ese testimonio, 
representado por su apreciable carta del 1? del ac- 
tual, bastaría para reconciliarme con la humanidad, 



124 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEEAS 

si hubiera sido posible q. e yo me hubiese divorciado 
de ella; así como basta para contradecir aquel dís- 
tico de Horacio, tan absoluto en la regla, que esta- 
blece: "Doñee eris felix, multus numerabis andeos 
— Témpora, si fuerint nubila, solus eris" (*). 

Antes de que lleguen a sus manos estas mal tra- 
zadas líneas, las corrientes misteriosas que ponen en 
comunicación, a través de las distancias, a los es- 
píritus entre sí, le habrán trasmitido la expresión 
de inefable reconocimiento con que se despide su 
amigo. 

T. E. 



Día 6 fbr? al Sr. Gener.— Día 7 fbr? a la Sra. Paula 
Ruiz. — Día 5. Sr. Aguilar. — 6 fbr? Juan Miguel Fe- 
rrer. — Er 9 7. fbr? al Sr. Plácido Gener. — A. Calixto 
p. r Y. el 17 ib?— 



(*) El dístico creo que es de Ovidio y no de Horacio. 



XVI 



C. José Miguel Párraga (48) _Feb« 18 1878. 

Mi estimado amigo yh.-. 

Recibí ayer su muy apreciable del 14 e inclusos en 
ella los ejemplares del "Eco de Cuba" y el recorte 
de la Gaceta. No dudo de que sea cierta la noticia 
sobre el Brig. Pérez y el Dr. Bravo ( 49 ) ; ambos se 
hallaban en la zona de Cambute, jurisdicción de San- 
tiago de Cuba. Lo que no parece probable es que el 
últ 9 fuese candidato para la Presid? 

Doy a U. las más expresivas gracias por la exacti- 
tud con que ba sabido interpretar mis sentimientos y 
mis deseos. U., al contestar a sus amigos de 
la Habana sobre las ofertas hechas en mi obse- 
quio, se ha expresado en los mismos términos en 
que yo lo hubiera verificado. Atendidos José Nicolás 



(48) Médico. Desembarcó en Cuba en la expedición del Perrit 
y perteneció al Cuerpo de Sanidad. En Nueva York prestó muy bue- 
nos servicios a la cansa revolucionaria. 

(49) Brigadier Jesús Pérez, muerto en un encuentro con los 
españoles. — Dr. Bravo : Miguel Bravo y Sentíes, médico. Fué 
hombre de influencia entre los revolucionarios, diputado por Orien- 
te, jefe de Sanidad Militar interino y Secretario de la Guerra. 
Se rindió a los españoles en el encuentro en que fué muerto el bri- 
gadier Pérez. 



126 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

y yo, como lo estamos, por determinados círculos de 
patriotas del exterior, sabríamos con verdadera satis- 
facción que se aplican a cubrir las más urgentes ne- 
cesidades de la Patria, cantidades reunidas en Cuba 
con destino a nosotros. 

Puede igualmente asegurar a esos Sres. que, lejos 
de conservar el menor agravio por la impremeditada 
ligereza de que fui objeto, mi alma, sintiéndose fuer- 
te para olvidar, y aun para devolver amor en cambio 
de la injuria recibida, experimenta dulce y tranquila 
satisfacción. 

He tratado inútilmente de recordar cuáles son las 
palabras sagradas y los signos respectivos de los gra- 
dos de compañero y maestro en la sociedad "Laboran- 
tes" (50). 

No es de extrañar; porque siempre he dado poca 
importancia a las formalidades exteriores, consagran- 
do constantemente mi atención a la esencia, al es- 
píritu de las cosas. 

He observado que las ideas más bellas, que los más 
grandes principios, comienzan a degenerar desde el 
momento en que se encierran en la árida armazón de 
estudiadas ceremonias, en donde se empequeñecen su- 
cesivamente y acaban también por desaparecer. 

¿ Quién es capaz de descubrir en la iglesia católica 
de nuestros días la doctrina evangélica de los prime- 
ros tiempos del cristianismo? ¿ Qué ha sido de aquella 
pureza, de aquella sencillez divina que caracterizaba 
la doctrina del Gran Maestro? ¿Qué se ha hecho del 



(50) Esta sociedad patriótica residía en Nueva York y prestó 
grandes servicios a la Revolución. Estaba organizada de un modo se- 
mejante a la masonería. 



CASTAS DS ESTRADA PALMA 127 

sentimiento y del espíritu que comunicaba a la pala- 
bra de Jesús una fuerza irresistible para persuadir, 
conmoviendo los corazones y para convencer por me- 
dio del amor y la verdad? El culto católico, apostóli- 
co romano ha tenido la habilidad de sustituir a cuanto 
posee el Evangelio de natural, de libre, de bello y de 
sublime, prácticas artificiales y monótonas, ritos que 
abruman y cansan, reglas que esclavizan. 

El cristianismo, que pudo luchar y vencer mientras 
fué la expresión fiel de la hermosa doctrina de amor, 
de fraternidad, de igualdad y libertad que enseñó 
su heroico fundador, desde el momento en que cayó 
bajo las férreas manos de los Papas y de los Concilios, 
vióse atacado y herido en su propio espíritu, y tuvo 
necesidad de refugiarse, para no perecer, en corazones 
privilegiados, que han sabido conservarlo sin mancha 
dentro de la sagrada vestidura de la caridad evangé- 
lica. 

Abandonado el catolicismo por el espíritu cristiano, 
ha quedado reducido a una teogonia pagana, a una 
teología enmarañada, oscura y tenebrosa, a una es- 
colástica, que no enseña, que no convence, fastidiosa, 
irascible, ergotista, y, por último, a prácticas de gro- 
sera idolatría. 

No se busque en el actual culto romano cosa alguna 
que recuerde la divina palabra del que se transformó 
en Dios, porque supo ser hombre. En cambio ese cul- 
to os dará una idea muy aproximada de la gentilidad ; 
pues ésta, después de haber sido dominada y vencida 
por los primeros cristianos, apareció de nuevo, rena- 
ciendo como el fénix de sus cenizas, y ofreciéndose al 
mundo bajo la forma del catolicismo. 



128 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Es tan exacto lo que digo, q. e los dioses del tpo. 
de Augusto no se desdeñarían de ocupar los templos y 
de presidir las fiestas de los católicos, si bien podrían, 
con razón, hacer notar la diferencia que hay entre los 
toscos ídolos que salen de nuestras fábricas de santos 
y las bellas estatuas de Júpiter, Apolo, Venus, &, 
obras maestras de los grandes artistas de la anti- 
güedad. 

He aquí, pues, el fatal resultado de ese afán que 
generalmente impera en las congregac. 8 religiosas y 
en otra clase de asociaciones. Las extravía el error 
en que incurren por lo regular, suponiendo q. e es ne- 
cesario confiar con preferencia a los sentidos "el prin- 
cipio" y "las ideas". No reflexionan que los sentidos 
están al servicio de la corteza material, constante- 
mente mudable, limitada y perecedera; no meditan 
que las ideas y los principios q. e representan verdades 
del orden moral, tienen su santuario propio y un len- 
guaje suyo, tan sencillo como elocuente, que hace pe- 
netrar aquéllas en todos los corazones; no han apren- 
dido a conocer de la experiencia que el loco empeño 
de encerrar lo Grande, lo Universal en lo pequeño y 
lo estrecho, les ha dado y les dará spre. un resultado 
contraproducente ; pues cuando se forjan la ilusión de 
poseer lo que intentaron conservar, sólo tienen entre sus 
manos una porción de barro ordinario y deleznable. 

Es preciso, por tanto, no gastar el alma en el cuer- 
po, el espíritu en la materia, el principio en la forma ; 
es neces 9 cuidar, antes bien, de q. e el primero de am- 
bos elementos ocupe el lugar superior en el orden je- 
rárquico y que el segundo le esté ciegamente subor- 
dinado, como órgano spre. a su servicio. 



CAUTAS DE ESTRADA PALMA ] 29 

De esta manera, ni los cultos religiosos, ni ciertas 
sociedades, correrán el riesgo de convertirse en insti- 
tuciones puramente formalistas, para venir a parar 
los unos en instrumento del absolutismo y de la tira- 
nía y para no llenar las otras el fin concreto de su 
fundación, ni producir ningún beneficio a la huma- 
nidad. 

Una digresión involuntaria me ha distraido del ob- 
jeto principal; he consumido el tiempo en ella y me es 
forzoso aplazar p? otra ocasión el asunto q. e debía 
tratar en ésta^ 



Feb 9 25, A Diego Tamayo. 

Feb° 26 a Aguilar. 

Feb 9 24 al Sr. Fermín Salvochea, Ceuta. 



XVII 



Feb* 2811.878. 



Sres. Benigno y Plácido Gener. 



Mis distinguidos amigos: 

El día 22 fuimos sorprendidos dolorosamente por 
la noticia, con carácter oficial, de la pacificación de 
Cuba, en virtud de arreglos que no se fundan en el 
reconocimiento de su independencia. Nosotros, que 
conocíamos el espíritu dominante entre los patriotas 
en armas, resueltos enérgicamente a no transigir con 
España, mientras no aceptara ésta la emancipación 
de la Isla ; yo, particularmente, que encontré el más 
decidido apoyo para proceder, sin ningún género de 
consideración, en el asunto de Bello, Varona, &, 
con los cuales, estando ya ausente, se procedió confor- 
me a mis disposiciones, no he podido menos de recibir 
como cosa inesperada la noticia de que los patriotas 
cubanos iban a deponer las armas, dispuestos a some- 
terse de nuevo a la dominación española. 

Por otra parte, yo, que conozco íntimamente la hon- 
radez, la dignidad y otras notables virtudes que dis- 
tinguen a los miembros de la Cámara y a los jefes mi- 
litares más caracterizados, no acierto a comprender 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 131 

cómo se han prestado a transigir, precisamente cuan- 
do era más crítica la situación del enemigo. Es nece- 
sario que allí hayan surgido acontecimientos de con- 
secuencias más poderosas que la voluntad de aquellos 
heroicos y beneméritos patriotas; ante las cuales ha- 
brá sido forzoso que éstos cedan, contra la firmeza de 
sus principios y la rectitud de sus sentimientos. 

Si no hubiese adoptado por sistema no prejuzgar 
tratándose de aquellos con quienes he compartido, por 
tan largo tiempo, trabajos, fatigas, privaciones y pe- 
ligros, me aventuraría a decir que quizás hayan pro- 
vocado el infausto desenlace que se anuncia, las esci- 
siones de partido, que venían minando allí la unión 
de la familia militante. 

De todos modos, sean cuales fueren las causas, el 
efecto nos contrista y apesara ante la consideración 
de que nos encontramos — después de nueve años de 
jornada por un camino penoso, que ha quedado cu- 
bierto de sangre y cadáveres y en el que hemob deja- 
do los jirones de nuestra alma — nos encontramos, di- 
go, en el mismo punto de donde partimos, cuando 
creíamos, en verdad, estar muy próximos a llegar 
al fin. 

Aún abrigamos alguna esperanza; supuesto que los 
telegramas del Capitán Gral. de la Isla no comunican 
un hecho consumado, y bien pudiera suceder que no 
llegara a realizarse; sobre todo, teniéndose en cuenta 
la forma en que están distribuidas las tropas cuba- 
nas, en el vasto territorio que ocupan y el carácter 
inflexible de algunos jefes, que, identificados con la 
causa de independencia y sometidos a condiciones es- 
peciales, no se prestarán fácilmente a ser subditos de 



J32 DESDE EL CASTILLO DE FIGTTERAS 

la monarquía española. Abrigamos, repito, alguna 
esperanza, y bajo este punto de vista nuestra impa- 
ciencia es grande y nuestra incertidumbre cruel. 

Contestando la pregunta que Udes. me dirigen, so- 
bre proposiciones existentes en Madrid, informaré lo 
sig. te : 

Según tengo entendido, pues no me consta, en los 
primeros años de su administración dirigió el Presi- 
dente Céspedes al Ministro de R. s Exteriores de Ma- 
drid una comunicación que tenía por objeto demos- 
trarle cuan inútiles eran, y habían de ser en lo suce- 
sivo, los esfuerzos y empeños del Gobierno español pa- 
ra sofocar la revolución, y cuánta ventaja reportaría 
España de reconocer la independencia de Cuba. Ig- 
noro si entraba en detalles sobre negociaciones. 

La admon. Cisneros no gestionó jamás en este sen- 
tido, ni por sí, ni por el Comisionado General diplo- 
mático. 

En cuanto a mí, tampoco tomé directamente inicia- 
tiva sobre el particular; pero entregué al Obispo Mr. 
William L. Pope, que nos visitó en mayo último (d), 
una carta dirigida a él, en que — a vuelta de reñexiones 
y consideraciones sobre las diferentes circunstancias 



(d) Esta entrevista con Pope, titulado obispo de Haití, se ha 
querido presentar como misteriosa. Pope, a cambio de auxilios que 
dijo le era posible prestar a la Revolución, pedía la mitra de San- 
tiago de Cuba cuando se triunfase ; y Estrada Palma, en esta carta, 
expone una parte del resultado de esa entrevista. Pope estuvo al- 
gunos días con los revolucionarios. Con relación a este aventurero, 
véase lo que cuenta el general Máximo Gómez en su folleto titulado 
Carta dirigida a Tomás Estrada Palma... (Santiago de los Caballe- 
ros, 1893), págs. 7, 8 y 9 : estaba preso en la cárcel de San Pedro 
Sula (República de Honduras), por la desaparición de un cáliz de 
la iglesia del lugar. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 133 

que separaban ya para siempre a Cuba de España, co- 
mo parte integrante de su territorio, y los males y des- 
ventajas que ocasionaría a la última su temeridad en 
la prosecución de la guerra — hacía indicaciones para 
un arreglo que tendría por bases, sitie quibus non, la 
independencia de la Isla y la abolición de la esclavi- 
tud; me refería a indemnización al Gobn? español, a 
reconocimiento de derechos, a favor de los peninsula- 
res domiciliados en Cuba al tiempo de celebrarse el 
tratado, a indemnización a los dueños de esclavos a un 
tipo moderado, a ventajas comerciales en provecho de 
la antigua metrópoli, siempre que ellas no lastimasen 
los intereses de Cuba, &. &. 

No pude saber si Mr. Pope dio conocimiento de mi 
carta a Martínez Campos, o al Casino de la Habana; 
mas supe que había conferenciado con Mr. Evarts, Se- 
cret. de R. s Ext. s de los E. U. ( 51 ), y que había salido 
en Julio para Madrid, a donde creo que no llegó. 

No poseo otras noticias relativas a proposiciones 
emanadas del Gobierno Cubano, o de sus representan- 
tes en el Exterior. 

Me tomo la libertad de recomendarles se sirvan mos- 
trar esta carta al Sr. Cartaya, a quien ruego la tenga 
por suya, en contestación a la que nos dirigió con fha. 
22 a J. N. y a mí. ' 

No es que me falte voluntad para escribir a quien 
tanto aprecio; es que mi espíritu se halla agitado y 
combatido, pues no sólo me afecta la anunciada tran- 
sacción de los patriotas en armas, por lo que interesa 



(51) No he hallado ninguna información acerca de esta entre- 
vista. 



134 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

a Cuba, sino también por lo que se refiere a mí mismo. 
Si aquélla resulta cierta, probablemente serán pues- 
tos en libertad los prisioneros de guerra. Esto senta- 
do, estoy resuelto, por lo pronto, a salir de España in- 
mediatamente. ¿Y después? ¿Volveré yo a Cuba a 
inclinar mi cuello bajo el yugo colonial? ( 52 ). Aun- 
que tengo confianza en que — llegado el caso — los con- 
sejos de amigos leales y prudentes y el sentimiento 
de mi propia dignidad me señalarán la senda que de- 
ba seguir, no puedo sustraer mi ánimo a la influencia 
de ese pensamiento, por más que procuro alejarlo, 
como una cosa que no es del dominio de hoy, sino de 
mañana, y que depende de un hecho que ignoramos se 
haya realizado. 

El pliego q. e Udes. me remitieron por Barcelona 
contenía únicamente un número de "La Verdad ' ' — 15 
Dbre. — y varios recortes del mismo periódico. 

José N. y yo enviamos nuestros recuerdos a los com- 
patriotas residentes en ésa -y la expresión cordial de 
nuestro cariño a Joseito. Sírvanse Udes. aceptar nues- 
tro reiterado testimonio de justo aprecio y profunda 
estimación. 

T. ESTKADA. 

* 

A Calixto en 2 Mzo. 1878. 



(52) No volvió a Cuba sino después de muchos años: cuando 
era libre del poder español, y ya candidato a la presidencia de la 
República. Véase, además, mi libro Estrada Palma. Contribución 
Histórica (Habana, 1911), donde hay fragmentos de cartas suyas 
en las cuales confirma su propósito de no volver a la Patria mien- 
tras España gobernase aquí. 



XVIII 

Mor. Gral. Máximo Gómez. — Nbre. 3 de 1877. 

En el Morro de la Habana. 

Estimado y querido amigo. 

Supongo que el Gral. Céspedes, el Cmte. Castella- 
nos u otro le habrá referido cuanto nos ocurrió hasta 
el 16 del mes ppdo. en que perseguidos por el enemigo, 
perdimos las acémilas de los asistentes y nos dispersa- 
mos; así como también del modo como fuimos hechos 
prisioneros José Nicolás y yo, en la casa de la Sub- 
prefectura a cargo de Emilio Cab rales ( 53 ). 

Tengo escrita una relación de todos los sucesos, que 
de algún modo me conciernen, desde fines de Setiem- 
bre a la fecha ( e ). Como me falta tiempo y oportunidad 
para remitirle una copia, he recomendado a un amigo 
que tiene encargo de enviarla a New York, haga lo 
posible por sacar de ella un traslado con destino a 



(53) Véase, en el apéndice a este volumen, la carta a José An- 
tonio Echeverría. En ella expone con detalles los incidentes de la 
captura. 

(e) Es, sin duda, la que hace a Echeverría en la carta citada. 



136 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

U., o que, en caso de que se inserte en alguno de nues- 
tros periódicos en los Estados Unidos, mande a Udes. 
algunos ejemplares. 

Hace cuatro días que nos encontramos en esta for- 
taleza y estamos sufriendo José Nicolás y yo, desde 
antes de ayer, la más dolorosa impresión, porque ha 
llegado hasta nosotros el eco de la más infame calum- 
nia, que se propaga en la ciudad, diciéndose que no 
es cierto que caimos prisioneros, sino que nos pasamos 
al campo español. 

Después de tan constantes y tan repetidas pruebas 
de patriotismo y de inquebrantable fe, han venido a 
escupir en nuestro rostro los hombres que carecen ab- 
solutamente de dro. para juzgarnos. ¡ Cuánta corrup- 
ción y podredumbre! Ya sea que haya partido la 
propaganda de los españoles, para desacreditar la re- 
volución, o ya sea que haya partido de los hijos del 
país, por cualquier circunstancia, el caso es que los 
cubanos acomodados, residentes en esta capital, la han 
acogido como pretexto oportuno para no tener que 
ocuparse de nosotros en la prisión. Así es que a la 
fha., si no fuera porque el Gobernador del Castillo 
nos manda la comida y porque en Holguín nos visitó 
el Gral Morales de los Ríos, estaríamos casi desnudos 
y viviríamos con el rancho de los demás presos. 

Dejo a la consideración de U., que conoce bien mi 
manera de ser, a cuan horrible tortura estará some- 
tida mi alma ante el perverso propósito de deshon- 
rarme. 

Pasado mañana se nos hará embarcar en el vapor 
correo que saldrá para España a las 4 de la tarde. 
Desde allí le escribiré. Espero que U. lo hará con fre- 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 137 

euencia, por conducto de Mismísimo ( 54 ) o de Alda- 
ma. Me dirigirá las cartas con sobre al Sr. Carlos de 
Palma. 

Cayó en poder del enemigo una cartera del archivo, 
conteniendo varios copiadores de cartas particulares, 
el de comunicaciones de la Sría. de Relaciones Exte- 
riores; dos cuadernos de la Secretaría de la Guerra; 
correspondencia de Aldama, Echeverría, Sanguily; 
algunas comunicaciones del interior y una nota de 
las claves convenidas con Echeverría, Aldama, Smith, 
Mismísimo, Pompeyo ( 55 ) y Villegas. Dicha nota no 
contenía las claves acordadas con U., con Sanguily, 
Roloff, Vicente García, Maceo, Roa, &. &. 

Ignoro la solución que Udes. hayan dado a la cues- 
tión de Gobierno, después que supieron que yo había 
caído en poder del enemigo. Pero estoy seguro de 
que, cualquiera que sea, satisfará las necesidades de 
las actuales circunstancias. Conozco bien la índole 
de la Revolución y sé perfectamente que siempre se 
encuentra el remedio oportuno para toda situación, 
por difícil que parezca. Sin embargo, cumplo con 
gusto mi deber, permitiéndome recomendar a U. des- 
de esta fortaleza la urgente necesidad de que desapa- 
rezcan las divisiones entre los patriotas militantes, y 



(54) El ahogado D. Sixto Guereca se ocultaba bajo este nombre. 
Prestó eminentes servicios a la causa cubana. — Como Presidente que 
fué del primer partid'.' político constituido en Cuba con la denomi- 
nación de Liberal Nacional, presidía en el teatro Payret, de La Ha- 
bana, el famoso mitin en que José Antonio Cortina improvisó aquel 
célebre discurso que empezaba: "Mentira parece, señores; señores, 
parece mentira" . . . 

(55) No he podido averiguar el nombre del agente confidencial 
Pvmpeyo. 



138 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEKAS 

la notoria conveniencia, para alcanzar tan importan- 
te fin, de que U., Vicente García, Maceo y otros jefes 
de verdadera significación en Oriente, Camagiiey y 
Villas, establezcan recíproca armonía y buena inte- 
ligencia, con lo cual se conseguirá que los elementos 
morales y materiales de la Revolución se combinen en- 
tre sí, adquiriendo aquélla, en el territorio de la Re- 
pública, la unidad posible. 

Lejos de sentir debilitada mi confianza en el triun- 
fo de la Causa de Cuba, he tenido ocasión de apreciar 
las circunstancias desfavorables y graves contrarie- 
dades con que lucha el Gobierno español para soste- 
ner la guerra; por cuya razón, pienso hoy como pen- 
saba antes del 19 del mes ppdo., a saber que si la Re- 
volución logra hacer una resistencia organizada en 
los tres departamentos, durante la campaña de la seca, 
M. z Campos verá burladas sus esperanzas — si las ha 
llegado a abrigar — y no le quedará sino la elección 
entre volverse a España sin laureles, o la de ajustar 
con los patriotas en armas una paz beneficiosa para 
españoles y cubanos, dentro de los principios susten- 
tados por la Revolución. Hablando con algunos de 
los primeros que han ( 56 ) 



(56) Aquí se interrumpe esta carta en el cuaderno de borrado- 
res, sin que aparezca continuada ni terminada en todo él. La razón 
de la interrupción parece estar en la carta siguiente, cuando dice : 
"Por eso he continuado, en carta que dirijo a Echeverría, la ante- 
rior narración." 



:ix 



Mor. Gral. Máximo Gómez.— Nbre. 26—1.877. 

Mi distinguido amigo : 

Le escribí desde el Morro de la Habana con fecha 
3 del corriente. 

Lo hago por segunda vez, aunque sea a la ligera. 

Fuimos embarcados el 5 en el vapor correo "Co- 
millas", que levó anclas a las 6 de la tarde, y entró 
en Cádiz, después de 17 días de navegación, en la 
noche del 22. El 23 fuimos conducidos a este castillo, 
a donde trajeron poco después 27 prisioneros más, 
que había conducido el mismo vapor. Entre éstos úl- 
timos se hallaban el Subteniente Lino Sánchez ( 57 ), 
ayudante del Gral. Maceo, y el Capitán Manuel Cis- 
neros, Jefe del taller de armería en la zona oriental de 
Holguín. Habiéndole indicado al Gobernador del cas- 
tillo que estos dos individuos eran oficiales, dispuso 
que se les encerrara en el propio departamento que 
ocupamos José Nicolás y yo. 

Ignoro todavía lo que harán de nosotros. Un perió- 
dico de Madrid, hablando de los prisioneros de guerra 

(57; Siempre le recordaba con afecto Estrada Palma. 



140 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEEAS 

últimamente llegados, dice que "el llamado Presiden- 
te de Cuba y su Ministro están destinados a una plaza 
fuerte de Cataluña, y a Ceuta los demás". Como el 
Capitán General de la Habana nos hizo saber, por 
medio de un ayudante, que seríamos conducidos a Ma- 
drid, porque así lo había ordenado el Gobno. de D. Al- 
fonso, no puedo apreciar el grado de verdad de la no- 
ticia inserta en "El Imparcial ' ', que es el nombre del 
periódico a que me refiero. 

Recomendé en el Morro de la Habana a un amigo 
mandase a U. copia de la relación que envié a New 
York: autoricé al mismo tiempo a Echeverría, para 
que la publicase. — En ella exponía, con detalles, los 
hechos que precedieron al acto de caer prisioneros y 
lo que nos fué sucediendo después, hasta el 5 del que 
cursa. Si U. no ha recibido la copia y si aquélla no se 
ha dado a luz en los periódicos de New York, tra- 
taré de remitirle un traslado del borrador que con- 
servo. 

Me he propuesto encadenar en una relación exacta 
y detallada todos los sucesos de mi vida excepcional, 
a contar desde el 19 de Octubre. Por eso he continua- 
do, en carta que dirijo a Echeverría, la anterior na- 
rración ( f ). Recomendaré que se le envíe copia a U. de 
la expresada carta. 

El laborantismo español, por una parte, y la ligere- 
za y mala intención de los cubanos, por otra, han lan- 
zado a volar contradictorias y falsas versiones sobre 
el incidente de Esteban Varona, Bello, &., sobre la 
muerte de Eduardo Machado y los sucesos que han 



(f) Véase en el apéndice la carta a Echeverría. 



CARTAS DE ESTRADA. PAL1IA ]4i 

tenido lugar en el terrií? de la República ( 58 ), después 
que fui hecho prisionero. Con respecto a este último 
acontecimiento, la calumnia ha desempeñado su papel, 
hincándome con su diente emponzoñado. 

Así, pues, he tenido necesidad de escribir, bajo mi 
firma, cuanto pasó con relación al primer particular, 
desde que recibí la carta de Bello pidiéndome autori- 
zación para dirigirse a la residencia del Gobno. por 
tas líneas españolas, hasta el 6 de octubre en que U. y 
yo nos separamos. — Por otro lado, confío en que Ud. 
| algunos otros habrán informado sobre tal asunto y 
sobre los demás a que aludo, y espero, por lo tanto, que 
la autorizada voz de Udes. romperá la niebla que en- 
vuelve la atmósfera del exterior, penetrando en ésta 
la luz de la verdad. 

Recuerdos al Marqués, a los demás miembros de la 
Cámara, y en gral. a cuantos estén al lado de Ud. 

Una expresión de afecto a Mañana ( 59 ), admitiendo 
§f. la seguridad de mi inextinguible aprecio. 



(58) Se refiere a las disensiones y rencillas en el campo revo- 
lucionario, a los intentos de paz y a los rumores calumniosos que 
sus enemigos o adversarios circularon con motivo de su captura. 

(59) La esposa del general Máximo Gómez, doña Bernarda del 
roro. 



XX 



Mor. Gral. José Antonio Maceo.— Nbre. 26 1 1.877. 

' Mi distinguido amigo: 

Fué mi propósito escribirle, en los pocos días que 
estuve en el Morro de ]a Habana; pero se hizo impo- 
sible satisfacer entonces mi deseo y me apresuro, por 
lo tanto, a realizar aquel propósito. 

No me detendré en referir a Ud. los incidentes que 
íúe trajeron a caer prisionero del enemigo, el 19 de 
Octubre, Ud. debe conocerlos. Tampoco entraré en 
detalles sobre lo que me ha ocurrido después hta. 
la fha. 

He remitido a un amigo de New York una relación 
de todo, autorizándolo para que la publique. En caso 
de que se dé a luz, se circulará en el territorio de la 
República y tendrá Ud. ocasión de leerla. — Si no se 
publicare, enviaré a U. una copia manuscrita. 

El 31 de Octubre llegué a la Habana, en unión de 
José Nicolás Hernández, mi Srio. particular y del 
Consejo, que fué hecho prisionero conmigo. Se nos 
trasladó allí, desde Gibara, en el cañonero " Dardo". 
Se nos encerró en un departamento del Morro, perma- 
neciendo en esa fortaleza hta. el 5 del corriente, que 



CARTAS DE ESTBADA PALMA 143 

se nos llevó a bordo del vapor correo ' ' Comillas ' ' para 
ser trasportados a España. 

Entró el vapor en el pto. de Cádiz el 22 por la no- 
che. El 23 por la mañana fuimos trasladados al cas- 
tillo de Sta. Catalina, desde donde le dirijo la pre- 
sente. 

Ignoro a la fha. en que escribo a qué lugar se nos 
destinará. Si damos crédito a un periódico, que se 
publica en Madrid, parece que seremos encerrados en 
alguna fortaleza de Cataluña. 

Veinte y siete prisioneros más, entre ellos el Capi- 
tán Manuel Cisneros y el subteniente Lino Sánchez, 
su ayudante de Ud., vinieron también en este viaje 
del "Comillas". Ambos oficiales son mis compañeros, 
de prisión en el mismo departamento del castillo. Li- 
nito no ha modificado su carácter. A cada paso tengo 
que advertirle que no cometa imprudencias. 

Escribí desde la Habana al Gral. Gómez con el ob- 
jeto principal de recomendarle trabajase con empe-. 
ño en la conciliación y concordia gral. sobreponién- 
dose él y haciendo lo posible por que Ud., García y 
otros jefes caracterizados se sobrepongan a todo espí- 
ritu de desafección ; porque es absolutamente indis- 
pensable que terminen en el campo cubano las disi- 
dencias, causa de tantos males, y que se establezca una 
sólida armonía en todos los patriotas militantes. 

Ahora bien, Ud. que no sólo se ha distinguido por 
su denuedo en los combates, por su actividad y su pe- 
ricia, sino también por cualidades de otro orden alta-' 
mente apreciables; p. r su amor al orden, su respeto a" 
la ley y a la autoridad constituida, su odio a la dema- 
gogia y a la anarquía ; Ud., digo, que ha expuesto tan- 



1-14 DESDE EL CASTILLO DE FIGÜERAS 

tas veces su vida y que tantos sacrificios ha consuma- 
do, durante nueve años, elevándose por su propio mé- 
rito a una altura envidiable en la Revolución cubana, 
es uno de los que está obligado, en primera línea, a 
ofrecer el ejemplo de abnegación que reclaman los 
sagrados intereses de la Patria ; esto es, a deponer todo 
motivo de repulsión, respecto de otros jefes, y a sellar 
con el olvido sincero de lo pasado el lazo de estrecha 
unión que es absolutamente necesario en las presen- 
tes circunstancias, para oponer al enemigo una resis- 
tencia organizada, en Oriente, Camagiiey y Villas, 
como medio infalible de alcanzar el triunfo definitivo, 
antes quizás de que termine el año entrante. De otro 
modo, faltando la unidad en el campo cubano, segui- 
rá el enemigo encontrando brechas a su gusto, para 
penetrar a mansalva y p* vencer en detalle a los que, 
unidos, serán spre. invencibles. 

Con esta fha. escribo al Gral. García ( 60 ), estimu- 
lándolo, como lo hago con TL, a que entre en la senda 
franca y patriótica de la concordia, no dando en su 
pecho cabida a otro sentimiento q. e al de noble frater- 
nidad, a fin de que se verifique la inmediata fusión 
de todos los disidentes. Si mi voz tiene todavía algu- 
na influencia en el ánimo de V., y si ella contribuye a 
que se consolide la armonía, que con imperio reclama 
la causa de la independencia de Cuba, veré constante- 
mente iluminado el estrecho recinto de mi prisión con 
una luz purísima que inundará mi alma de consuelo 
bienhechor. 



(60) Vicente. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 145 

Sírvase ofrecer a María ( 61 ) mis respetos y expre- 
sar mis recuerdos a Pacheco ( 62 ), a los demás ayudan- 
tes de U. y en gral. a todos los patriotas de la Divi- 
sión de su mando. 

Le abraza cordialmente su invariable amigo. — T. E. 



(61) María Grajales, la esposa del general Maceo. 

(62) Teniente coronel Miguel de la Cruz Pacheco, ayudante del 
Cuartel Genera! de Maceo. 



XXI 

Mor. Gral. Vicente García. — Nbre. 26 — 1877. 

C. de Sta. Catalina. Cádiz. 

Distinguido compatriota : 

La más negra fatalidad me hizo caer prisionero del 
enemigo, en unión de José Nicolás Hernández, el día 
19 de Octubre. Se nos ha trasladado aquí, desde don- 
de seremos conducidos al lugar a que definitivamente 
se nos destine. Si hemos de dar crédito a un perió- 
dico de Madrid, se ñas encerrará en una de las forta- 
lezas de Cataluña. 

Mas dejemos a un lado lo que a mí se refiere, ya que 
la suerte me condena, por tiempo sin límite, a estrecha 
prisión. Ocuparme debo solamente de lo que a Cuba 
interesa, a Cuba, hacia donde tengo sin cesar vueltos 
mis ojos, con la misma fuerza con que se fija en direc- 
ción del polo magnético la imantada aguja. 

Ignoro lo que habrá ocurrido en el campo, después 
del 19, ni acierto a determinar quiénes son los que 
componen el Poder Ejecutivo. Pero en medio de la 
ignorancia en que me hallo y de la incertidumbre que 
me asalta, anímame la fe profunda, hija de la expe- 
riencia, en la fuerza sobrenatural que ha amparado 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 147 

nuestra causa y la ha impelido hacia adelante, a tra- 
vés ¿le muy difíciles y angustiosas circunstancias. 

No obstante, un aciago presentimiento perturba mi 
mente, de vez en cuando; pues me trae el recuerdo de 
la desafección que dividía y alejaba entre sí a jefes 
caracterizados y de mérito notorio, produciendo esci- 
siones en el país contra el interés común de la Patria. 

Ante semejante recuerdo, que me impresiona dolo- 
rosamente, me he tomado la libertad de dirigirme a 
Ud., Gómez y Maceo, con idéntico fin. 

Les he significado a los dos lo que a U. significo, a 
saber: la imperiosa necesidad de que se olviden las 
diferencias y motivos que puedan existir de agravios 
recíprocos entre los patriotas todos, para que se res- 
tablezca la unidad en el Ejército y pueda llevarse a 
cabo una resistencia organizada, en los tres departa- 
mentos. 

Si U. y los dos jefes que he citado dan el ejemplo de 
un acuerdo patriótico entre sí, arrastrarán forzosa- 
mente a los demás a una conciliación general y que- 
darán vencidos los principales obstáculos a la solu- 
ción, cualquiera que fuere, que reclamen las presentes 
circunstancias. 

Si se opone a Martínez Campos un núcleo, por pe- 
queño que sea, de tropas organizadas durante la cam- 
paña de la seca, en Oriente, Camagüey y Villas, pue- 
de abrigarse la esperanza fundada de que el caudillo 
español quedará sin prestigio al final de ella, y el 
Gobno. de España, desacreditado también y sin ele- 
mentos para proseguir la contienda, apelará, al cabo, 
al único medio de terminarla, "al reconocimiento de 
la indeuendencia de Cuba". 



148 DESDE EL. CASTILLO DE FIGUEEAS 

Confío en que U. acogerá cuanto dejo expuesto co- 
mo la expresión sincera de sentimientos patrióticos, 
que sólo tienen por móvil el interés de la causa común. 

Le reitero el testimonio de mi consideración. 



A Calixto — vía Barcelona — Mzo. 14-1878. 
A Lino Sánchez— 14 Mzo. 1878. 



XXII 

Mzo. 19 de 1878. 

Sres. B. y P. GTener. 

Mis distinguidos amigos. 

He querido dejar pasar algunos días antes de res- 
ponder a las muy apreciadas de Udes. de 7 y 9 de 
Mzo., esperando que nuevas noticias sobre Cuba vi- 
nieran a darnos una idea clara de los sucesos que allí 
están ocurriendo. Los días, sin embargo, lian pasado 
y ha sucedido a la excitación y curiosidad desperta- 
das en la prensa, por los telegramas de Cuba, un si- 
lencio profundo que es inexplicable, después de las 
aseveraciones del Gobno. de Madrid sobre la rendi- 
ción y entrada en Pto. Ppe. el día 28 de Febrero, de 
las tropas cubanas correspondientes al departamento 
de Camagüey, "de los miembros del antiguo Gobierno 
y de la Cámara"; inexplicable, repito, después de 
haber asegurado este Gobno. que los patriotas en ar- 
mas, de Las Villas orientales, se estaban ya reuniendo 
en la jurisdicción de Sto. Espíritu ( 63 ), el mismo día 
citado, con objeto de deponer aquéllas; que el 6. del 



(63) Así en el original. 



150 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

mes actual lo verificarían los patriotas que operaban 
en Las Villas occidentales, y que se contaba como se- 
gura la sumisión de las partidas de las Tunas, Baya- 
mo y Jiguaní. 

Si todo esto era cierto, ¿ por qué no se ha dado cuen- 
ta oportunamente de haberse entregado, en efecto, las 
tropas de las Villas y las mencionadas de Oriente? 

Por otra parte, cuáles son las condiciones ajustadas 
entre el Comité contra-revolucionario del Camagüey 
y Martínez Campos? No parecen que sean las publi- 
cadas oficiosamente ; pues no es de creer que el Gobier- 
no de Madrid se negase a instruir al Congreso de lo 
que es ya del dominio público. 

Había llegado a este punto de la presente carta, 
cuando recibí la de Udes. fecha 14, y al mismo tiem- 
po un número del "Eco de Cuba", que se me remitió 
de Barcelona. Este periódico ve la luz en la Habana. 

He leído en él la corresponda de Flores, a que Udes. 
se refieren, el telegrama de Collazo y un suelto, en que 
se noticia la llegada a las Tunas de Santo Espíritu, 
el día 15 de Feb?, de dos comisionados del comité ca- 
magüeyano y, en la noche del mismo día, de Spotor- 
no ( 6i ), miembro que fué de la Cámara de R. R., has- 



(64) Juan Bautista Spotorno, nacido en Trinidad (Santa Clara), 
de padres italianos. Ocupó elevadísimos cargos en la Revolución, 3' 
Estrada Palma le sucedió en la presidencia de la República en ar- 
mas el 29 de marzo de 1876. Firmó el célebre decreto a que dio 
nombre, por el cual se condenaba a muerte a cuantos llevasen al 
campo revolucionario proposiciones de paz no basadas en la inde- 
pendencia de Cuba. Fué hombre de carácter y de gran ascendencia 
entre sus compañeros de armas. Murió hace poco tiempo, en el des- 
empeño de su cargo de Representante por la provincia de Santa 
Clara. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 351 

ta el momento de la disolución ilegal de este Cuerpo. 

Veo, pues, parcialmente confirmadas las palabras 
de Flores : " La contra-revolución hecha por los mis- 
mos revolucionarios". Sin embargo, ha transcurrido 
un mes, desde entonces a la fha. y, como he expuesto 
en párrafos anteriores, no se ha dicho que otras fuer- 
zas cubanas, además de las del Camagüey, hayan de- 
puesto las armas. El mismo telegrama de Collazo no 
comunica un hecho consumado. De su pésima y oscu- 
ra redacción sólo aparecen claras dos cosas: por un 
lado, el afán del que lo suscribe en aparecer respetuo- 
so, diligente y sumiso servidor del General en Jefe 
del Ejto. Español; por otro, que el mismo individuo 
se ocupaba en reunir las fuerzas cubanas de la juris- 
dicción de Holguín p? conducirlas a la cabecera. ¿ Lle- 
gó a reunirías y a presentarlas en la Comandan- 
cia Gral ? Lo ignoro ; pues nada se ha dicho des- 
pués. 

El análisis que vengo haciendo me demuestra : 1? la 
resolución de poner término a la grra. por parte de al- 
gunos ciudadanos de significación y de los jefes mili- 
tares del Camagüey. 2 9 que hta. la fha. no han res- 
pondido a tal propósito ni Oriente, ni Las Villas. 

Ahora bien : ¿ qué fuerza incontrastable ha obligado 
a la Cámara a declararse disuelta, contra lo prescrito 
en nuestra sagrada constitución y contra el deber in- 
herente a cada uno de los miembros de aquella augus- 
ta asamblea ? ¿ Qué causa tan poderosa ha convertido 
al noble y heroico caudillo de las invasiones atrevidas 
de Guantánamo y Las Villas, de las gloriosas acciones 
de la Galleta, Palo Seco, La Sacra, Naranjo, Guási- 
mas, La Loma del Jíbaro, &, así como al valiente y 



152 DESDE EL CASTILLO DE FIGTJERAS 

probo coronel Mola ( 65 ), a los honrados y dignos pa- 
triotas Trujillo y Spotorno; qué causas, vuelvo a de- 
cir, los ha convertido en agentes activos de una paz 
que no emancipa a Cuba de la Metrópoli ? Los que 
hemos permanecido, día por día, durante nueve años 
en el mismo escenario que ellos, los que hemos tenido 
ocasión de presenciar tantas y tan repetidas pruebas 
de su amor inquebrantable a la causa del Dro. y la 
Libertad, no acertamos a explicarnos qué violenta pre- 
sión haya podido ejercerse en los incansables y fuer- 
tes sostenedores de la independencia de Cuba, para 
que éstos se pongan al servicio de la causa de España. 
A cada nueva noticia que nos confirma semejante he- 
cho monstruoso, mi angustia crece, y, no siendo posi- 
ble que se borre de improviso el inmenso respeto que 
debo a aquellos de quienes fui compañero hta. poco 
ha, en la epopeya más heroica y de más noble fin que 
la historia de la Humanidad registra, me decido, ante 
el temor de incurrir en excesiva o injusta severidad, 
a reservar mi juicio hasta que el perfecto conocimien- 
to de los sucesos me permita apreciar, sin ligereza ni 
precipitación, la responsabilidad contraída por los que 
figuran en ellos. 

No guardaré la misma reserva sobre los efectos de 
una paz — si llega a realizarse — que vuelva a colocar 
a Cuba bajo la dominación española. 

Udes. conocen mis opiniones sobre este particular; 
pero debo añadir que ya — antes que la paz sea un 
hecho — se advierten síntomas de descontento en el ele- 
mento peninsular de Cuba, con motivo de las pobres 



(65) Enrique Loret de Mola. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 153 

y raquíticas concesiones que aparecen como bases de 
la capitulación. 

Tales muestras de desagrado comienzan a probar 
mis asertos. No es posible que aquella hermosa, cuan- 
to desgraciada Isla, soporte, a la vez al elemento espa- 
ñol y al elemento cubano, mientras el primero se pre- 
sente como dominador, al amparo de leyes restricti- 
vas y de la protección oficial o extraoficial del Gbno. 
Metropolitano y colonial. 

Los peninsulares en la Grande Antilla, atentos úni- 
camente a enriquecerse, lejos de apetecer reformas 
políticas, ven en la más ligera concesión a este respec- 
to una amenaza contra sus intereses. ¿ Qué les impor- 
ta a ellos poseer el dro. de formar sus leyes, de elegir 
sus gobernantes, si tienen la seguridad de que las le- 
yes y los gobernantes que vayan de España les han 
de ser siempre personalmente propicios? 

No me sorprenderá, por tanto — si la paz que se 
anuncia llega a ser un hecho y las bases de ella son 
más latas que las conocidas del público — , saber que 
los peninsulares residentes en Cuba oponen resisten- 
cia al cumplimiento de las condiciones estipuladas y 
que, para obligarlos a obedecer y a entrar en el nuevo 
orden de cosas, se emplean contra ellos las mismas tro- 
pas que han servido para sostener la guerra contra los 
insulares. 

Cuando conozca las verdaderas condiciones del con- 
venio celebrado entre cubanos y españoles, me será 
lícito volver a tratar este asunto, sobre el cual tengo 
algo más que decir. 

Termino recomendándoles, en nombre de José Ni- 
colás y en mi nombre, recuerden nuestro afecto a Es- 



154 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

teban Estrada ( 66 ), Sres. Cartaya, Consuegra, Ríos j 
demás individuos de la colonia ( 67 ). 

Reitero a Udes. la sincera estimación que les profesa 
su amigo y S S 



El 29 se le envió duplicado. 



(66) El abogado Esteban de Estrada, su pariente, a quien diri- 
ge la carta marcada en este volumen con el núm. X, fecha 18 de 
enero de 1878. En el cuaderno de borradores aparece que le diri- 
gió otra el 17 de diciembre 1877; pero no está copiada en él. 

(67) Se refiere a la colonia cubana de Barcelona. 



XXIII 



Sres. Benigno y Plácido Gener. Abril 16|878. 

Mis queridos amigos: 

El temor de que hubiesen sido interceptadas las. 
mías de 19 y 29 del ppdo. mes, me obligó a escribirles: 
bajo la dirección del Sr. Duffie el 10 del act. 1 Supon- 
go que ya esta carta habrá llegado a sus manos. 

El número de La Verdad y las copias de las corres- 
pondencias de Filadelfia, New York, Habana y Ma- 
tanzas que Udes. me han remitido últimamente, así 
como otro número del propio periódico, que Calixto 
me enviara, han despejado una gran parte de las du- 
das e incertidumbres que ofuscaban mi ánimo. 

En primer lugar, me he convencido definitivamen- 
te de que es preciso incluir en el catálogo de las va- 
has ilusiones, de las necias quimeras, la esperanza que 
había concebido al principio, en el sentido de que se 
hubiese salvado, del naufragio de la Revolución de i 
Yara, la libertad individual del ciudadano y la liber- 
tad colectiva del pueblo de Cuba en su régimen inte- 
rior. No podía presumir que los encargados de con- 
servar este sagrado depósito, los que, en el curso de 10 
años, se habían habituado a vivir la vida de las asocia- 



156 DESDE EL CASTILLO DE EIGUEEAS 

ciones libres, a ejercitar sin restricción todos los dere- 
chos que constituyen la naturaleza moral del hombre 
y a luchar por su defensa con la varonil pujanza de 
los héroes, esos mismos se sometiesen cual manso re- 
baño de débiles ovejas, y se decidiesen a colocar in- 
defensa a Cuba en manos del moderno Velázquez, que, 
si no ha encendido la hoguera a orillas del Yara para 
quemar vivo a un nuevo Hatuey, trata, en cambio, de 
reducir a pavesas la gloriosa bandera alzada sobre las 
márgenes del histórico río. 

Nunca penetró en mi ánimo, después de estallada 
la guerra, la idea de un pacto sobre autonomía, como 
solución a la contienda. Pero es la verdad que, al te- 
ner noticias de las negociaciones entabladas entre el 
Gral. en jefe del Ejército enemigo y personas de alta 
significación en el campo cubano, supuse sin esfuerzo 
— considerando se trataba de una verdadera transac- 
ción — que ésta tendría por fundamento un régimen 
político p? Cuba, por el estilo del que posee el Canadá. 
Veía, por de pronto, cubierta de esta manera la honra 
del pueblo cubano y la facilidad de obtener, más tar- 
de, sin honda convulsión, su independencia, cuando la 
creyese necesaria. 

Mas ya he dicho que los últimos documentos me han 
demostrado hasta la saciedad cuan erróneos eran mis 
raciocinios y cuan fútiles mis esperanzas. Los' que go- 
bernaban la nave le dieron barreno resueltos a echar- 
la a pique. 

Ahora bien, ¿llegó ésta a sumergirse, o flotar aún? 
Considerada bajo el punto de vista material, no cabe 
duda en la respuesta: Una gran parte de la nave se 
ha hundido, la otra se mantiene sobre la superficie y 



CARTAS DE ESTEADA PALMA 157 

parece resistir al revuelto mar de la apostasía. Por 
el contrario, si atendemos al espíritu, al sentimiento 
y a los principios que simboliza, es necesario tener 
fe en las consideraciones siguientes: "La causa cu- 
bana se encuentra muy adelantada en su segundo pe- 
riodo de metamorfosis y no tardará en alcanzar su 
tercera y última transformación; bajo la imperiosa 
ley de las evoluciones sociales, el pueblo de Cuba mar- 
cha rápidamente a su desarrollo político y llegará a 
su término, sin que logren impedirlo ni los ejércitos 
del Gobierno Español ni los esfuerzos de los peninsu- 
lares en la Grande Antilla". 

Es preciso, sin embargo, no fiarlo todo a la acción 
del Destino o de la Providencia. Allí doquiera que 
exista una agrupación de cubanos, por reducida que 
fuere, deberá establecerse una asociación patriótica, 
organizada y constituida para obtener un doble fin ; 
esto es, para arrancar de manos del opresor la vícti- 
ma antillana y para educar a cada uno de los asocia- 
dos en el espíritu y en los hábitos de libertad ; no de- 
biendo olvidarse, por lo que toca a este último parti- 
cular, que la libertad es una idea compleja, pues re- 
presenta, por una parte, el ejercicio de nuestros dere- 
chos naturales, así como el respeto que debemos a los 
dros. de los demás; por otra, la garantía del orden 
social, basado en la obediencia a las leyes, mientras 
no se deroguen, y en la obediencia a la autoridad, 
mientras funcione. 

Si los cubanos esparcidos por extranjeras tierras y 
que tan enérgicamente han protestado contra la do- 
minación española, renunciando a sus queridos lares 
y prefiriendo a la patria humillada bajo la planta del 



158 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

dominador, los azares de indefinida emigración; si 
ellos, repito, se convencieran de la importancia y va- 
lor de esas asociaciones, creadas, no para formar cuer- 
pos de partidos y banderías, sino para constituir, por 
decirlo así, estados federales de la Union Cubana, 
¿quién podría dudar del éxito inmediato de nuestra 
causa, en su doble aspecto de independencia y liber- 
tad? 

Dejo a un lado esta materia y paso a ocuparme de 
otro asunto, que tiene con ella alguna analogía. 

No puedo explicarme la resolución que han adopta- 
do los tres Representantes del Gobno. cubano en New 
York; me refiero al hecho de cesar en sus respectivos 
destinos, en virtud, simplem. te de haberles participa- 
do el Presidente de la Cámara que esta corporación 
se había disuelto. 

En primer término, la Cámara era ajena a toda 
atribución de Gobno. y carecía de competencia para 
entenderse oficialmente con funcionarios del orden 
administrativo. En segundo término, sabiéndose en 
New York, como se sabía ya en España, que había sido 
nombrado el Gral. Vicente García Presidente de la 
República y que se hallaba, a la fha. de la comunica- 
ción dirigida a los Representantes del Exterior, en 
la misma residencia de la Cámara, debía causarles des- 
de luego suma extrañeza que el Jefe del Poder Eje- 
cutivo, de quien dependían directa e inmediatamen- 
te, guardase con ellos absoluto silencio respecto de 
asuntos tan graves como los que tenían lugar a la sa- 
zón; en tanto que el Presidente del Cuerpo Legisla- 
tivo, sirviéndose de las líneas enemigas, enviaba un 
comisionado a participarles expresamente la volun- 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 159 

taria disolución de la Asamblea nacional ( 68 ). Agre- 
gúese a esto, que Echeverría, Aldama y Sanguily ( 69 ) 
no podían ignorar en New York, como nosotros no 
ignorábamos aquí, que el Presidente de la Cámara re- 
nunció su puesto de diputado para tomar asiento en 
el Comité contra-revolucionario de Camagüey ; con cu- 
yo antecedente ¿qué confianza podía inspirarles como 
patriota dicho Sr., del cual, por otra parte, no depen- 
dían bajo ningún concepto? 

Semejantes raciocinios acuden a mi mente y me 
obligan a desaprobar la determinación de los Sres. 
Aldama, Echeverría y Sanguily, a quienes, por la mis- 
ma razón del" alto aprecio que siempre les he profe- 
sado, hubiera querido verles asumir, en circunstancia 
tan extraordinaria, una actitud enérgica y, sobre todo, 
eminentemente patriótica. Hubiera querido verles so- 
breponerse a todos los pasados motivos de agravios, y 
aprovecharse de la conmoción general — que entre los 
emigrados debieron producir las alarmantes noticias 
de Cuba — para ensayar la concordia, para establecer 
la unión y conseguir que se intentara con rapidez y 
decidido empeño salvar la patria del peligro inminen- 
te que corría.. Si obrando así, sus esfuerzos no produ- 
cían grandes resultados positivos, habrían contribui- 
do, por lo menos, a alentar la esperanza de los patrio- 
tas, y estoy seguro de que se hubieran captado las 
simpatías de la parte sensata de la emigración. 

Al emitir este juicio, relativo a tres personas que 
estimo y respeto, me apoyo en hechos que son del 



(68) Sobre estos sucesos pueden ser consultados los distintos li- 
bios que tratan de la guerra del 68. 

(69) General Julio Sanguily. 



160 DESDE EL CASTILLO DE FIGXJERAS 

dominio público; mas, tal vez, existan circunstancias 
reservadas que me obliguen más tarde a rectificar 
aquél. Teniendo esto último en cuenta, sólo en el seno 
de la íntima amistad, que me une a Udes. y al Dr. 
Cartaya, me hubiera aventurado a dar a conocer hoy 
mi opinión sobre el expresado particular. 

La correspondencia fechada en Filadelfia, de que 
Udes. se sirvieron mandarme copia, revela sensatez, 
discreción y recto patriotismo en el que la escribió. Si 
la mayor parte de los emigrados se inspirasen en se- 
mejantes cualidades, pocos obstáculos ofrecería la rea- 
lización del pensamiento apuntado en esta carta, con- 
cerniente a formar patrióticas asociaciones donde quie- 
ra que haya grupos de cubanos, las cuales, si bien 
funcionarían con libertad dentro de su círculo res- 
pectivo, deberían ligarse más a otras p? componer un 
cuerpo social, compacto y uno por el fin común de 
sus aspiraciones. 

Muy acertado anduvo el digno corresponsal de Fi- 
ladelfia en la síntesis que hizo de las causas eficientes 
del cataclismo que acaba de conmover la Revolución 
cubana lita, en su propia base. 

Mucho he cansado la atención de Udes. y no debo 
abusar más de su paciencia; es tiempo, pues, de que 
termine. Antes, sin embargo, les comunicaré que al- 
gunos compatriotas de New York se han servido favo- 
recer, por conducto de Echeverría, a José Nicolás y 
a mí con una suma de dinero que sube a 440$. 

Nuestros recuerdos cariñosos a Joseito, a mi primo 
Esteban y a todos los miembros de la cubana asocia- 
ción en esa ciudad. Acepten Udes. nuestro humilde, 
pero sincero afecto y dispongan de su a. s. s. 



XXIV 

Abril 23 1 878. 
Sr. José Ant 9 Echeverría. 

Mi respetable y distinguido amigo: 

Tengo conocimiento de que obra en su poder la mía 
de 31 de En? 

Largo ha sido el periodo de tiempo q. ha pasado, a 
contar desde esa fha, sin haberle escrito. Lo habría 
hecho en el último tercio de Febrero, cual era mi pro- 
pósito, si no hubieran sumido mi ánimo en un estado 
de cruel angustia las noticias que se publicaron por 
aquellos días, relativas a Cuba. 

Desde que leí los primeros telegramas sobre nego- 
ciaciones de paz entabladas con el Gral. en Jefe del 
ejército enemigo, por jefes caracterizados de nuestro 
ejército y miembros del Cpo. Legislativo, apoderóse 
de mi espíritu la más terrible ansiedad, que fué cre- 
ciendo a medida que nuevos detalles iban confirmando 
las noticias anteriores. 

Por una parte, no cabía dudar en absoluto de cuan- 
to publicaban los periódicos; por otra, no podía resol- 
verme a creer q. e los hombres que habían dado tan re- 
petidas pruebas de elevado patriotismo, de varonil 



162 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

energía y heroica fortaleza, esos mismos se entrega- 
sen a discreción a nuestros adversarios y pusiesen, 
maniatada, en manos de éstos, la patria encomendada 
a su defensa y protección. 

Cuando supe que algunos miembros de la Cámara 
y generales de prestigio ( 70 ) habían tomado a su car- 
go persuadir a las tropas de Oriente y de las Villas, 
para que depusieran las armas y aceptasen el conve- 
nio estipulado por ellos con el Gral. M. ez Campos, cre- 
ció de punto mi asombro y sólo pude explicarme lo 
que pasaba suponiendo que existía sin duda un pacto 
secreto, por el cual quedaba asegurada la libertad in- 
dividual y colectiva del pueblo cubano, en su régimen 
interior; ya que circunstancias y sucesos insuperables 
hubieran compelido a los hombres del Gobno. a pres- 
cindir del principio de independencia, escrito con san- 
gre en la bandera de Yara y en la Constitución de 
Guáimaro. 

Las precedentes líneas le darán una idea de la agi- 
tación en que he vivido desde el 22 de Feb° hasta es- 
tos iiltimos días. Aguardaba recibir por momentos 
una noticia reservada, una carta confidencial que rne 
revelase la verdad de lo ocurrido y que confirmase la 
débil esperanza a que me había asido, en medio de la 
borrasca que amenazaba hundir la nave de la Revolu- 
ción. 

Desgraciadamente, los últimos documentos que he 
leido — el acta de la sesión que celebró la Cámara el 8 
de Feb 9 y las dos cartas del Gral. García^ publicadas 



(70) Sus nombies no deseo darlos aquí. Quien quiera saberlos, 
consulte los libros publicados sobre ia Revolución de los Diez Años. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA ] (jo 

en "La Verdad" del 23 de Marzo — me han demostra- 
do en toda su desnudez la realidad de los hechos, no 
dejando lugar a nuevas ilusiones. 

El golpe asestado a la Revolución cubana es de tal 
magnitud, que pudiera calificarse de mortal, a no ser 
por la confianza que debe asistirnos de que aquélla 
no nació, no se ha sostenido durante nueve años y me- 
ses para perecer, en un momento de vértigo a que no 
supieron o no pudieron resistir los que más obligación 
tenían de conservar el fuego sagrado de la Patria. 

Una inquietud de distinto carácter, pero más inten- 
sa me atormenta hoy. 

La bandera arrojada en el Camagüey a los pies de 
M. z Campos ha sido recogida, antes de ser hollada, por 
el General Maceo. Parece también que el Gral. Gar- 
cía, después de la conferencia del 7 de Feb? — cuya ra- 
zón no alcanzo a comprender claramente, de manera 
que la justifique de todo punto — volvió a colocarse en 
la senda que el honor patrio y la propia dignidad tie- 
nen trazada a cuantos militan bajo el glorioso estan- 
darte de la Causa de Cuba. 

Maceo y García escaparon del naufragio; ambos se 
hallan resueltos a arrostrar todas las consecuencias de 
su envidiable actitud y uno y otro cuentan con algu- 
nas tropas adictas. Pero ¿será posible que ellos solos 
resistan, por largo tiempo, al grueso del ejército ene- 
migo? ¿No llegará a cansarse y a desmoralizarse una 
parte de los hombres que hoy les siguen? ¿Los cuba- 
nos del Exterior se unirán estrechamente, en este día 
de peligro supremo, e impelidos por su deber — nun- 
ca menos ineludible que en las presentes circunstan- 
cias — acudirán pronta y eficazmente en ayuda de 



164 DESDE EL CASTILLO DE PEGUERAS 

aquellos dos esforzados caudillos? He aquí, mi respe- 
table amigo, los pensamientos que me intranquilizan, 
que hacen mi prisión más estrecha, más desesperante 
mi situación de cautivo. 

La última consideración apuntada me estimula a 
consignar aquí — en el seno de la íntima amistad y es- 
cudado por el alto aprecio que tan justamente le tri- 
buto — la impresión que hube de experimentar al sa- 
ber que II., el Sr. Aldama y el Gral. Sanguily habían 
declarado que cesaban en sus respectivos encargos. 

Estimé semejante determinación como una señal 
evidente de considerarse perdida la causa de Cuba, a 
no ser que, existiendo una capitulación secreta, hon- 
rosa en lo posible al pueblo cubano y teniendo Udes. 
conocimiento de ella, hubiesen creído prudente sepa- 
rarse de sus destinos. 

Cuando esta esperanza se desvaneció, cuando me 
persuadí de que el Presidente de la República — Gral. 
Vicente García — no se había sometido a las negocia- 
ciones de paz llevadas a término en el Camagüey, y 
me convencí, por lo tanto, de que no había sido él quien 
les dirigiera la comunicación de que fué portador el 
brigadier González ( 71 ), entonces me fué más sensi- 
ble la resolución adoptada por Udes ; no sólo en virtud 
del apoyo moral de que venía a quedar privada la 
Revolución, militante aún en el suelo patrio, sino tam- 
bién por temor de que ella ofreciese pretexto de re- 
criminaciones a los que parecen siempre prontos a re- 



(71) Gabriel González, mejicano, comisionado para notificar los 
arreglos pacifistas a los representantes de la Revolución en los Es- 
tados L T nidos de Norteamérica. 



CABTAS DE ESTKADA PALMA 165 

velar el vigor de su patriotismo en el menguado círcu- 
lo de enemistades personales. 

Creo, a pesar de todo, que han debido ser muy po- 
derosas las razones que les obligaron a proceder cual 
lo verificaron y me consuela, al propio tiempo, la se- 
guridad que me asiste de que la circunstancia de no 
desempeñar ya puesto oficial no será un óbice para 
que dejen Udes. de trabajar con el mismo empeño que 
anteriormente, o con más si cabe, en obsequio de la 
noble causa que tantos días de gloria ha dado al pueblo 
cubano. 

No me habría conducido con lealtad si me hubiera 
reservado de expresarle sinceramente lo que he senti- 
do, con motivo de la determinación adoptada por Ud, 
el señor Aldama y el Gral. Sanguily. 

Nuestro común amigo J. Miguel Ferrer (" 2 ) me re- 
mitió el l 9 del corriente una letra de cambio por valor 
de 2257 pesetas 20 céntimos y me significó que le ha- 
bía sido dirigida por Ud., con encargo de que la hi- 
ciese llegar a mis manos. Juan Miguel me transcri- 
bió el párrafo de la carta de Ud., relativo a dicho 
asunto. Me impuse, pues, de que algunos compatrio- 
tas de N. York se habían dignado destinar a José Ni- 
colás y a mí la suma representada por la letra a que 
me refiero. En esta virtud, nos permitimos los dos 
rogar a U. se sirva dar, a nuestro nombre, las más 
expresivas gracias a aquellos estimados compatriotas 
que acaban de ofrecernos tan señalada prueba de bon- 
dad y desprendimiento. Cúmplenos, sin embargo, 
añadir que si bien es profunda nuestra gratitud, no 



(72) Véase la nota núm. 26. 



166 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEKÁS 

dejamos por eso de reflexionar amargamente que nos 
encontramos convertidos en obreros inútiles, en con- 
sumidores improductivos, siendo causa de que se haya 
distraído de las urgentísimas atenciones de Cuba una 
cantidad que pudiera haberse aprovechado en cubrir 
algunas de ellas. Menos sería nuestra desazón si su- 
piésemos que los mismos patriotas que nos han dado 
tan inequívoca prueba de interés, se han aplicado con 
mayor solicitud a auxiliar en la presente crisis a la 
patria dolorida, y que están dispuestos a continuar 
auxiliando, con absoluta preferencia, a los que siguen 
combatiendo en los campos de Cuba alrededor del es- 
tandarte augusto de la "Estrella solitaria". 

Una palabra sobre nuestra situación de presos. 

Ocupamos un pabellón bastante ventilado, en se- 
gundo piso, y no podemos decir que sea estrecha nues- 
tra prisión, bajo el punto de vista de la capacidad del 
departamento en que se nos mantiene encerrados. En 
cambio, se ejerce sobre ella la más celosa vigilancia; 
centinela al frente, centinela a la espalda, el cuerpo 
de guardia al pie de la escalera y un oficial a la puer- 
ta del pabellón, en donde no es permitido entrar a na- 
die absolutamente sin autorización escrita del Gober- 
nador del Castillo. 

Afortunadamente, poseemos libros y sostenemos co- 
rrespondencia con algunos buenos amigos. Además, 
los oficiales encargados de la guardia se portan decen- 
temente con nosotros y, gracias a ellos, hemos podido 
establecer con regularidad nuestra correspondencia, 
que hubiera encontrado, de otro modo, algunos obs- 
táculos; pues el Gob. r nos hizo saber, desde el primer 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 167 

día, que debíamos limitar aquélla a las cartas de fa- 
milia. 

Algunos actos de este Sr. nos dan derecho a decir 
que es la única autoridad española — excepción hecha 
del Coronel Mozo Viejo — que no ha respetado nuestra 
desgracia y que ha intentado herirnos en la majestad 
de nuestros principios. 

Envío la presente por vía de París, la cual puede 
U. aprovechar igualmente si se digna contestarme. 

José Nicolás y yo reiteramos a U. el testimonio de 
nuestro respeta y estimación y nos permitimos estre- 
char cordialm. te su mano. 

Su amigo at° s. s. 



XXV 



Sr. Fermín Salvochea. — Mayo l 9 1878. 

Mi digno cuanto apreciado amigo : 

Es para mí grato en extremo referirme a la suya 
muy estimada de 10 de Abril último. 

Los hombres superiores que están en posesión de la 
verdad y de la justicia son los que tienen la virtud y 
el valor necesarios p? expresarse conforme a la letra- y 
el espíritu de la carta que contesto. 

Para los hombres que viven en la humanidad y en 
la razón no hay colonias, ni metrópolis ; pues sólo exis- 
te p^ ellos la Libertad y el Dro. 

Doloroso es contemplar el derramamiento de san- 
gre y las crueles escenas que traen spre. aparejadas 
las guerras q. e revisten el carácter de la de Cuba; 
perq aún es más doloroso, y de ningún modo sopor- 
table, sentirse despojado de cuantos atributos consti- 
tuyen la naturaleza moral del hombre, de aquellos 
q. e son en esencia los únicos que le dan sobre las de- 
más especies de animales una verdadera superioridad. 

He considerado spre. la grra, en gral, como una es- 
túpida aberración de las sociedades civilizadas; pero 
al propio tiempo he considerado aún más estúpido y, 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 109 

sobre todo, altamente depresivo a la humana dignidad, 
que un hombre, una clase, un pueblo, soporten pacien- 
temente que otro hombre, otra clase, otro pueblo los 
exploten a su antojo y los traten como seres de infe- 
rior naturaleza. 

Pudiera admitir que en los primeros siglos de las 
edades prehistóricas, cuando en los hombres domina- 
ban los instintos de su salvaje naturaleza, fuese más 
o menos necesaria, para fortalecer su asociación, la 
arbitraria autoridad de unos pocos sobre los demás. 

Mas no me es posible aceptar que hoy, después que 
la humanidad ha acumulado tantos siglos de experien- 
cia, trasmitida de generación en generación, después 
q. e la democracia y el sentimiento de igualdad cris- 
tiana han logrado penetrar en todos los espíritus y en 
todos los corazones, se tolere y se sufra que unos cuan- 
tos, por el privilegio de dro. divino, por el de casia, 
legado de padres a hijos, o por otra circunstancia 
cualquiera, tengan el monopolio del poder político, 
el de la supremacía social, y, dominando por la fza. a 
la inmensa mayoría de la colectividad, le impongan 
leyes que encadenan, autoridades que oprimen y creen- 
cias contrarias a la razón. 

Esto que digo, refiriéndome a una o más clases 
dentro de una misma asociación, lo aplico con mayor 
fundamento tratándose de un pueblo respecto de otro 
pueblo. 

Mientras existan tales usurpaciones, no esperemos, 
no, paz ni concordia entre los oprimidos y los opre- 
sores. 

Hay un código más obligatorio y una fza. más in- 
contrastable que las leyes y la fza. de los tiranos. Es 



170 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

el uno el código de los dros. ilegislables del hombre; 
es la otra la facultad de ejercer sin restricciones estos 
dros. Cuando una agrupación, grande o pequeña, ha 
estado en posesión de tan inestimables bienes, no es 
posible que se resuelvan a perderlos, y, si lucharon 
con ardor para reivindicarlos, combatirán con más 
energía para sostenerlos y conservarlos. 

He aquí los únicos casos en que yo encuentro jus- 
tificada la guerra. Por bárbaro y cruel que sea este 
medio, es forzoso emplearlo, supuesto que, por hoy, no 
existe otro para hacer entrar en razón a los opresores. 

Si no se apela a él, estarán condenados indefinida- 
mente los oprimidos — ya se trate de una parte de de- 
terminada asociación, ya de un pueblo entero — esta- 
rán condenados por largas generaciones a llevar, en 
la esfera política, la vida de los parias y, perdiendo 
día por día, bajo el peso de la servidumbre, el vigor 
del espíritu, llegarán a convertirse moralmente en una 
especie de seres castrados, semejantes a bestias de car- 
ga, sin poseer, por lo mismo, otra aptitud que la de 
dejarse conducir dócilmente como recuas humanas. 

Las revoluciones armadas son, pues, santas e indis- 
pensables cuando tienen por fin recuperar los dros. 
sagrados del hombre, que un pueblo arrebató a otro 
pueblo, o una fracción a la gran mayoría de los aso- 
ciados dentro de una misma colectividad. Estas san- 
tas revoluciones no son nunca vencidas en principio. 
Circunstancias fortuitas pueden detenerlas pasajera- 
mente en su marcha, pero reaparecen siempre con 
multiplicada fza., para triunfar al fin. 

Por tanto, ni es posible la paz en Cuba, bajo la base 
de un poder extraño al pueblo cubano, ni es posible la 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 171 

paz en España, bajo el régimen actual. Allí, como 
aquí, la revolución recobrará sus fueros y establecerá 
al cabo el orden que reclaman la Razón y la Justicia. 

Los que en Cuba y España estamos por encima de 
bastardas pasiones, de egoistas intereses, los que nos 
sentimos movidos, no por odio a los hombres, sino por 
un amor ardiente y puro, por el amor de la Libertad, 
pertenecemos a la propia agrupación, dentro de la 
familia humana, profesamos el mismo culto y somos 
herm. s en el sentimiento y la idea. 

Obreros V. y yo de una causa idéntica, hemos podi- 
do así entendernos y acercarnos, a pesar de la inmen- 
sa distancia material que separa ntros. respectivos 
países, a pesar, sobre todo, de las preocupaciones y 
recelos que engendró el maquiavelismo de los déspotas 
y que ha sabido fomentar una fracción de hombres in- 
teresados, exclusivamente, en su personal provecho. 

Termino recomendándole con encarecimiento mis 
compatriotas, compañeros de V. en ese lugar de pros- 
cripción, y me prometo q. e V. velará sobre ellos, ejer- 
ciendo la influencia saludable de los espíritus superio- 
res, poseídos de rectos e inquebrantables principios. 

Hernández, mi querido compañero, quien participa 
de cuanto queda expresado en esta carta, me recomien- 
da le signifique que ha leído con suma satisfacción la 
que V. se dignó dirigirle el 10 del ppdo. Abril, pues, 
identificado con los principios y con las esperanzas 
que ella contiene, estima que esta comunidad de aspi- 
rac. s es la garantía más firme de la amistad que V. se 
ha servido aceptar. 

Él y yo estrechamos su mano de todo corazón, des- 
pediéndose por esta vez su afmo. amigo S. S. — 



XXVI 



Sr. Plácido Gener— Mayo 2, 1878.— 

Mi distinguido amigo : 

Ha llegado a mis manos, a su debido tpo, la últ* 
muy apreciada de Y., como también la que en ella 
se sirvió incluir. Igualm. te he recibido la anterior de 
fha. 7 de Abril. 

Las noticias que U. se digna comunicarme están con- 
formes con las que me han sido trasmitidas por otro 
conducto. 

Ignoro si U. ha recibido la mía de 16 del ppdo. 
Iba dentro de ella una para el Dr. Cartaya. 
, Vinieron a visitarnos, según había anunciado a U., 
dos compatriotas y amigos, procedentes de Barcna. 
[Barcelona]. Obtuvieron del Gob. r del Castillo per- 
miso para pasar con nosotros alg. s horas, en la tarde 
del 23 y en la mañana del 24 del mes últ 9 Habían 
transcurrido ya tres meses próximamente, desde que 
los mismos jóvenes nos hicieron su primera visita, y 
como no habíamos tenido el consuelo, durante este 
tiempo, de estrechar la mano de ningún compatriota, 
fácilm. te se comprenderá la satisfacción q. e hubimos de 
experimentar, en los dos días que nos fué dado tener 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 173 

junto a nosotros, por espacio de algunas horas, a los 
dos buenos amigos Tamayo y Párraga ( 73 ). Ese 
tiempo, que pasó fugaz, puede considerarse como "un 
alto" en la cansada vida de la prisión. 

Siendo médicos ambos, prescribieron a José N., des- 
pués de un detenido reconocimiento, el régimen de cu- 
ración a que debía someterse. Este régimen y la más 
favorable estación, que ya se advierte, contribuirán 
probablemente a que se restablezca del todo la alte- 
rada salud de J. N. 

Sírvase decir a mi primo Esteban que he recibido 
su carta de 19 de Abril y que los deseos en ella expre- 
sados corresponden bien al afecto que me profesa; 
mas tengo la convicción de que no se realizarán p. r 
ahora, ni, quizás, en mucho tpo. 

José N. y yo hacemos presente a su respetable fa- 
milia nuestros recuerdos afectuosos y enviamos a U. 
el constante testimonio de nuestra inalterable amistad. 

Su atento s. s. 



(73) Dr. Diego Tamayo y Figueredo, que fué luego el primer 
Secretario de Gobernación al constituirse la República en 1902, y 
Dr. José Miguel Párraga, revolucionario deportado, quienes fueron a 
Terle como comisionados de la colonia cubana en Barcelona. 



XXVII 



Mor. Oral. Calixto García.— Mayo 12, 1.878. 

Mi amigo muy querido: 

Son dos las cartas de V. a que tengo el placer de re- 
ferirme. La ult?, que la recibí ayer, por la tarde, ha 
sido mensajera de una esperanza consoladora. 

Una ley sup. r , más fuerte que los sucesos provoca- 
dos en el campo cubano, bajo la acción de un vértigo 
inexplicable, va reparando las averías causadas por 
la tormenta y colocando la nave de la patria en estado 
de resistir mejor los embates del vendaval. 

La organización dada en Barigua el 17 de Mzo. al 
gobn? de la Revol. n no lia podido ser más conforme 
con las necesidades y circunstancias de actualidad. 
Se descubre en ella el hábil talento de Maceo auxilia- 
do por inspiraciones patrióticas. Siendo reducido el 
üúm? de tropas q. e componen hoy el ejto. de la 
Repbca., el exceso de jefes superiores con mando ac- 
tivo debía considerarse perjudicial a la unidad de ac- 
ción y a la rapidez de los movimientos, que más que 
nunca es indispensable en la presente crisis, para mo- 
lestar y cansar al enemigo, sin pérdidas notables de 
nuestra parte. Pero al mismo tiempo que la conve- 



CARTAS DE EST3ADA PALMA 175 

nieneia pública aconsejaba distraer del servicio a Je- 
fes de importancia, era preciso señalarles un puesto 
decoroso para aprovechar de algún modo sus influen- 
cias respectivas y su decidido interés por la causa co- 
mún. Conocidas las condiciones y aptitudes de Cal- 
var ( 74 ) y Maceo, natural ha sido que se haya desig- 
nado al prim 9 p? ejercer un alto destino civil ( 75 ). 
Respecto de Mármol y Crombet ( 7( 3) rivales en Cam- 
bute, no cabía duda en la elección del jefe más a propó- 
sito, en la actualidad, para mandar las fuerzas de otro 
territ 1 ? 

Analicemos ahora los nombram. tos de Maceo y Gar- 
cía, como jefe del depart? de Oriente el uno, como ge- 
neral en jefe el otro. Esta medida ha sido también 
muy acertada. Por lo pronto, son dos ambiciones sa- 
tisfechas, tan noble y justa la una, como infundada y 
nociva la otra. García, que se ha sentido eonstante- 



(74) Mayor general Manuel de Jesús Calvar (a) Tita, a la 
exhumación de cuyos restos, en el cementerio de Key "West, asistí 
en febrero de 1915 con la comisión nombrada por el Gobierno del 
Presidente Menocal a fin de trasladarlos y depositarlos en el cemen- 
terio de Manzanillo, como se hizo. En el crucero Patria fueron traí- 
dos los restos de tan fiel y abnegado cubano, con los de su esposa. 
La comisión la presidía el patriota Fernando Pigueredo, Tesorero 
General de la República, y la formaban con él los señores Teodoro 
Pérez Tamayo, Ramiro Ramírez Tamayo y Carlos Manuel Quinta- 
na y Correa. 

(75) Presidente del Gobierno Provisional ds Oriente, constituido 
además por el teniente coronel Fernando Figueredo Socarras como 
secretario, y cerno vocales el coronel Leonardo del Mármol y el te- 
niente coronel Pablo Beola. El ejército quedó al mando del mayor 
general Vicente García como general en jefe. Maceo fué nombrado 
jefe de Oriente. 

(76) El coronel Leonardo del Mármol. — Flor Crombet, quien que- 
dó, como brigadier, al mando del cuerpo de ejército del distrito de 
Cuba. 



176 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

mente agitado por un doble deseo, el de no depender 
de nadie y el de poseer sin trabas su distrito federal 
de las Tunas, ve cumplidas ambas aspiraciones; entre 
tanto Maceo, como Jefe de Oriente, a cuyo territorio 
pertenecen la mor. parte de las tropas existentes hoy 
en la Repbca, viene a ser el verdadero Jefe de la nueva 
situación, no sólo por esa circunstancia apuntada, sino 
p. r q e de just* corresponde a él principalmente la glo- 
ria de haber salvado la nave, próxima a hundirse. Su 
dignísima actitud, su resolución enérgica, su activa 
diligencia y su ardiente patriotismo han encauza- 
do de nuevo la Revolución, con probabilidades de 
desarrollo. 

• Si el Gral. García se resigna a representar fielmen- 
te el papel que la salud de Cuba le ha designado; si 
no se la antoja conspirar de arriba a abajo, así como 
lo ha venido haciendo de abajo arriba; si los cubanos 
de la emigración corresponden con prontitud y acier- 
to al heroico esfuerzo de los que no economizan su 
sangre para crear una patria libre; si los cubanos de 
los poblados y caseríos en la Isla, auxilian como les 
sea posible a ese grupo de valerosos guerreros, es pre- 
ciso tener confianza en que no pasará mucho tiempo 
antes que España deje de dominar por completo en la 
codiciada "perla de las antillas". 

Hoy escribiré a N. Y. ( 77 ) con objeto de hacer alg." 
indicaciones que se me ocurren sobre algo que debe 
•ejecutarse sin pérdida de tiempo. 

Una de ellas es simplemente la repetición de lo que 
otras veces he recomendado, respecto a un medio de 



(77) Nueva York. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 177 

auxiliar con municiones de grra. a los patriotas en 
armas, sin enviarlos del Exterior. 

He lamentado la precipitación con que Echeverría, 
Aldama y Sanguily se declararon a sí mismos cesan- 
tes en sus correspondientes encargos. No he podido 
menos de significar al primero de dichos Sres., en car- 
ta anterior, mi opinión sobre el expresado proceder. 
Mayor sería, sin embargo, el disgusto que éste me hu- 
biera hecho experimentar, si no tuviera la esperanza 
de que los tres patriotas a que aludo pondrán, el más 
decidido empeño en desvirtuar con trabajos de prove- 
choso resultado los efectos de un acto que ha podido 
comentarse desfavorablemente. 

He traducido con bastante dificultad, pero al cabo 
lo he traducido, el recorte del "Sun". Estoy seguro 
— sin que falte a la modestia — de que habría hecho la 
traducción muy fácilmente, si hubiese continuado el 
estudio del inglés ; mas debo confesarle, esperando a la 
vez indulgencia de parte de V., que han transcurrido 
tres meses sin haber abierto el Ollendorff. ¿Qué ha 
motivado semejante interrupción, pensará U? Prime- 
ram. te las noticias de los desgraciados sucesos de Cu- 
ba, las cuales desconcertaron mi espíritu, poniéndolo 
en estado poco a propósito para aplicar la inteligencia 
y la memoria a ninguna clase de estudios. Más tarde, 
cuando ya el ánimo se ha acostumbrado a la tempes- 
tad desencadenada sobre la patria, me he propuesto 
completar los conocimientos q. e tenía adquiridos del 
francés, antes de consagrarme de nuevo al inglés. 
Dentro de quince días reanudaré las lecciones de este 
últ? idioma, dedicándome a ellas, como al principio, 
con toda asiduidad. A pesar de lo dho. creo eonve- 



178 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

niente que me envíe sin traducir todo escrito en in- 
glés que tenga a bien remitirme. 

Acabo de recibir la suya del 8 y con ella el Bole- 
tín extraordinario de "La Verdad". Otro ejemplar 
del mismo, que J. M. me envió, ha llegado también a 
mi poder. La carta dirigida p. r Maceo al Gral. San- 
guily revela la enérgica entereza del que ha sabido 
colocarse a una altura envidiable y, sobre todo, del 
que se siente fuerte y capaz de supremo heroísmo, en 
cumplimiento del deber que voluntariamente se ha 
impuesto. Si los emigrados no corresponden al lla- 
mamiento que en lenguaje franco y vigoroso les ha 
dirigido el Gral. Maceo, indignos serán en todo tiem- 
po de figurar en el banquete de los hombres libres. 
No tardaremos en conocer lo que de ellos puede es- 
perarse en la presente crisis. Le incluyo uno de los 
ejemplares del Boletín; pues no quiero que U. se pri- 
ve de conservar los documentos insertos en esa hoja. 

Tema interesantísimo es el que se refiere a la forma 
de gobno. de la Revolución y sobre el cual consigna 
V. reflexiones tan atinadas como sentidas, propias 
sólo de los hombres honradamente patriotas, de los 
que poseen alma y corazón templados y educados en 
los verdaderos principios, en los rectos sentimientos 
que inspiran el Dro. y la Libertad. 

Desgracia y grande ha sido que los que en la Repbca. 
de Cuba representaban, en carácter oficial, estas san-- 
tas ideas, los que tenían a su cargo tan sagrado depó- 
sito, hubiesen desmayado en el momento de prueba, 
hubiesen sucumbido moralmente. Mas no debemos 
desalentarnos por eso; aquellos eternos principios tie- 
nen ya entre los patriotas militantes raíces mas o me- 



CASTAS DE ESTRADA PALMA 179 

nos firmes que no podrá cortar fácilmente el filo de la 
espada. Así lo justifica la creación de un centro de 
autoridad civil, al que se halla subordinado — siquiera 
sea en la apariencia — el elemento militar. En medio 
de las insuperables dificultades p- constituir un go- 
bierno que emanase del pueblo, única fuente de sobe- 
ranía, el sentimiento de la libertad, unido a los sanos 
consejos de la conveniencia general, dominó en los es- 
forzados patriotas que compusieron la junta de Ba- 
rigua, el 17 de Marzo; y cuando parecía inevitable el 
entronizamiento del poder militar, sin género alguno 
de embozo, salió de aquella reunión, constituida ínte- 
gramente por individuos del Ejército, la elección de 
magistrados, con carácter civil, para llevar las rien- 
das del gobierno supremo. 

La tendencia a la forma republicana existe impre- 
sa en los corazones de aquel noble pueblo, y así, en un 
momento difícil, se ha manifestado de la manera que 
ha sido posible. Confiemos, pues, en que a medida 
que cobre nuevos bríos la revolución, los poderes pú- 
blicos se irán reorganizando en la forma prescrita por 
la democracia. 

Dos palabras sobre la letra girada por Diego Ta- 
mayo. Recibimos José Nicolás y yo 450 $ remitidos 
desde New York. ¿Podíamos y debíamos aceptar esa 
suma, sin hacer partícipe de ella a nuestro muy que- 
rido hermano, a quien sus cuarenta y tres meses de 
calabozo le hacen más acreedor que nosotros a disfru- 
tar de alg. s comodidades dentro de lo posible? Tam- 
bién enviamos a nuestros hh. de Ceuta una cantidad 
— 50 pesos. — Al proceder así, no hemos hecho sino 
cumplir estrictamente nuestro deber. Por otra parte 



180 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEEAS 

¿habría querido U. privarnos de la dulcísima emo- 
ción q. e precisamente debíamos sentir al sorprenderle 
con un tributo, modesto, es verdad, pero expresión 
sincera de nuestro fraternal cariño? No merece la 
pena que nos* detengamos más en este asunto. 

Lo que deseo saber es si U. continúa indispuesto, si 
sus males son frecuentes, si revisten carácter agudo o 
crónico y si le visita algún médico. 

Leo ahora mismo en "El Comercio de Barcelona" 
dos telegramas que me producen alarma. Dice el uno, 
que Maceo ha confiado a la hidalguía de Martínez 
Campos su madre e hija. Éste me recuerda el que se 
publicó en Dbre. últ?, refiriéndose a Máximo Gómez y 
a su esposa. El otro dice que en N. York se asegura 
que antes de fin de mes se habrá adherido Maceo a las 
condiciones de paz. Mucho me inquietan tales sín- 
tomas. 

Mis recuerdos cariñosos a su señora madre y U. 
acepte ©1 estrecho abrazo que le envía su amigo y h. 



XXVIII 



Mor. Gral. José Ant 9 Maceo.— Mayo de 1878. 

Mi amigo muy querido y profundamente estimado: 

Experimento, al escribir el vocativo de esta carta, 
noble orgullo, legítima satisfacción. El lazo de amis- 
tad que a U. me unía en el suelo de Cuba, se ha robus- 
tecido con un sentimiento de justísimo respeto. 

He leído su carta de 25 de Marzo últ 9 . dirigida des- 
de Pinar al Gral. Sanguily, y puedo asegurar a U. 
que ella ha sido como un rayo de luz celestial que ha 
penetrado en la bóveda de mi prisión. He abrazado 
a U. en espíritu y, si es cierto que las almas se comu- 
nican a través de las distancias, U. debe forzosamen- 
te haber sentido en estos días la impresión de mi ar- 
diente cariño. 

Mucho y muy amargamente he sufrido, desde que 
me alcanzaron en esta apartada región y en este ne- 
gro cautiverio las primeras noticias sobre el movimien- 
to contra-revolucionario del Camagüey. Sólo una es- 
peranza pudo entonces templar un tanto la febril agi- 
tación de mi ánimo, y esa esperanza la he visto gran- 
diosam. te realizada. 

Cuando la virtud alienta el corazón, no hay temor 
de que éste sucumba en los momentos de prueba — V. 



182 DESDE EL CASTILLO DE FIGTJERAS 

debe recordar el espíritu que dominaba spre. en la 
corresponda particular que tan agradablem. te soste- 
nía con U. Bien sabía yo que era U. uno de los que 
tenían mayores aptitudes p? ser hombre libre, y de 
los pocos capaces de poseer las virtudes de los gran- 
eles hombres. 

Votos fervientes elevo al Dios de la Libertad, para 
que lo escude con su invencible egida y para que le 
ayude en la santa obra de redención, que la Providen- 
cia puso en manos de U. en el momento en que era 
abandonada e impelida hacia insondable abismo. 

Ignoro si esta carta llegará a sus manos; por eso 
me limito a lo que dejo expuesto. 

Temo que no haya U. recibido la que le remití des- 
de el Castillo de Sta. Catalina, en Cádiz, el 26 de 
Nbre. último, y este legítimo temor justifica la mode- 
rada extensión de la presente. 

También entonces escribí al Gral. García, haciéndo- 
lo en el mismo sentido que a V. ; es decir, represen- 
tándole la necesidad imperiosa de que los jefes supe- 
riores diesen el ejemplo de concordia entre sí, p? q. e 
terminasen las escisiones que minaban la Eepública 
y la exponían a desastrosa ruina. : . 

Me permito felicitar, por conducto de V., al Gral. 
Calvar, al Coronel Mármol, a Fernandito Figueredo, 
a Beola y a Félix ( 78 ), así como a todos ios dignísimos 
patriotas que se han agrupado alrededor de la enseña 
de la patria, resueltos a hacerla triunfar. 

Saludo respetuosamente a María y estrecho a U. 
entre mis brazos. 



(78) El benemérito patriota Félix Pigueredo. 



XXIX 



Sr. José Ant? Echeverría.— Mayo 15 de 1878. 

Mi distinguido y apreciado amigo: 

En 23 del mes ppdo. me dirigí a U. por conducto 
de nuestro común amigo J. M. F. r ( 79 ). 

Vuelvo hoy a escribirle antes de tener contestación 
a mi anterior. Me obliga a ello el deseo de comuni- 
carle algunas ideas que han acudido a mi mente, des- 
pués de leer las cartas suscritas por los generales Ma- 
ceo y Calvar e insertas en el Boletín extraord 9 de La 
Verdad, del 22 de Abril. 

Las críticas circunstancias por q. e atraviesa la Re- 
volución, próxima a hundirse, si no son auxiliados con 
prontitud y acierto los patriotas esforzados que la sos- 
tienen íntegramente sobre sus hombros, deben servir- 
me de disculpa al distraer de nuevo la atención de U. 
Cumplo un deber señalando los medios que considero 
oportunos para servir de momento, con resultado, la 
causa de Cuba. 

En Agosto o Setiembre del año últ° escribí al Gral. 
Sanguily, recomendándole la necesidad de remitir una 



(79) Juan Miguel Ferrer. 



184 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

suma de pesos a nuestro encargado de confidencias 
en. . . ( 80 ). Le hacía presente la facilidad con que se 
adquiere parque en las poblaciones enemigas, en don- 
de podía comprarse la cantidad q. e se quisiera, a bien 
moderado precio. Así lo comprobaban los 4000 tiros 
extraídos de. . . ( 81 ) por aquellos días y los 6000 que 
en el mismo punto había en depósito. 

Repetí luego desde el Morro de la Habana la expre- 
sada recomendación en la carta que dirigí a U. 

En la del Gral. Maceo, que publica el Boletín de 
''La Verdad", expresa claramente dicho jefe que le 
es fácil comprar en los poblados españoles municio- 
nes de grra. y q. e cuenta con el medio de extraerlas; 
pide, por lo tanto, que se le envié dinero. Esto jus- 
tifica lo que recomendé por dos veces al Gral. San- 
guily. 

Basta apelar a la experiencia para convencerse de 
cuan difícil es introducir hoy en el campo cubano, 
desde el Exterior, y con la urgencia que la situación 
exige, pertrechos de grra. Mas no encuentro grandes 
inconvenientes en hacer llegar hasta Maceo, Calvar y 
Vicente García sumas de pesos, destinadas a la adqui- 
sición de cápsulas metálicas, compradas en los cam- 
pamentos españoles. 

No debe entenderse de lo expuesto que yo me pro- 
nuncio contra la organización de expediciones. Acon- 
sejo sí — ya sea que se organicen éstas o no, ya salgan 
inmediatamente o sufran demora — que se remita des- 



(80) Los puntos suspensivos aparecen en el original. No me ha 
sido posible averiguar el nombre de este confidente. 

(81) Así en el original. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 185. 

de luego a los jefes citados alguna cantidad de dinero 
para que puedan atender de momento a la perentoria : 
provisión de cápsulas de rifle, indispensables para 
mantener a raya al enemigo y para hostilizarlo cuan- 
do convenga. 

He ahí, pues, uno de los medios de auxiliar la revo- 
lución con éxito y prontitud. 

Veamos otro. 

Partiré del supuesto de que emigrados jóvenes, 
fuertes y en bastante número se decidan a poner su 
vida al servicio de. la patria, de que se alisten, se equi- 
pen y se dispongan a marchar a Cuba. En primer lu- 
gar, pasará largo tiempo antes de que puedan hallar-: 
se en estado de partir; en segundo, los peligros y los 
múltiples incidentes que van unidos a esa clase de 
empresas las hacen siempre aventuradas. Quiero de- 
cir con esto que si una expedición de cubanos, del Ex- 
terior es medio que puede intentarse p? aumentar el 
número de patriotas combatientes, la prudencia pre-, 
visora y el verdadero interés de la causa que se trata 
de proteger aconsejan que no se apele a él, única-, 
mente. 

Bastando a lo que me propongo indicar, los incon-, 
venientes apuntados en el párrafo ant. r , omitiré con- 
signar otros, de tanto peso, por lo menos. De todos 
ellos se deduce que es preciso buscar dentro de la Isla 
soldados que refuercen al ejército libertador. ¡ 

Conozco perfectamente el pueblo que ha militado, 
por espacio de nueve años, bajo el estandarte de la 
estrella solitaria; sé bien que tan fácilmente como fué 
arrastrado a deponer las armas, así mismo volverá a 
empuñarlas. Necesita sólo que algunas personas de su 



186 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

confianza le estimulen y le entusiasmen. Semejante 
parecer me hace pensar en la conveniencia de que 
nuestro querido Marqués redacte una proclama sen- 
cilla y clara, pero enérgica y entusiasta, dirigida al 
pueblo de Camagüey, con el fin de excitarle a que 
abandone las líneas enemigas, para unirse a los patrio- 
tas que prosiguen con noble constancia la obra de re- 
dención y libertad. 

E-emítanse muchos ejemplares de esta proclama al 
Gral. García, al Agente de... ( 82 ) y al de... ( 83 ) 
con encargo de que las introduzcan en los poblados y 
caseríos en donde exista mayor número de capitu- 
lados. 

Se dice que Roloff y oficiales suyos han mostrado 
deseos de enarbolar de nuevo, en las Villas, la ban- 
dera de independencia. Acertado parece que alguna 
de las asociaciones de N. Y. se ponga en relación con 
aquel Jefe, o con otros de los que operaban y tenían 
influencia- en el citado departamento. Deberá recor- 
dárseles los días de gloria cr\\Q lian dado a Cuba, y de- 
mostrarles cuanto pueden hacer todavía por la patria. 

Ignoro hasta qué punto han sido desgraciados Gó- 
mez y Benítez ( 84 ) ; por lo mismo, me atrevo a indi- 
car que — en el caso de no haberse vendido ellos al oro 
español, y siempre que su reprobada conducta haya 
sido sólo el resultado de un momento de vértigo — se 
trate de despertar en ambos el sentimiento de su pro- 
pia dignidad y de estimularles a que busquen en los 



(82) Así en el original. 

(83) Así en el original. 

•(84) Los generales Máximo Gómez y Gregorio Benítez. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 187 

campos de Cuba, bajo la enseña gloriosa que con su 
sangre han teñido, el medio seguro de rehabilitarse 
y un teatro proporcionado a la virilidad de su espí- 
ritu, de que dieron tan brillantes pruebas en sus an- 
tiguas proezas. 

Quizás estas líneas me atrajeran la censura de mu- 
chos que no comprenden — ya sea por fanatismo, ya 
por otra razón — que es posible, que es generoso y, so- 
bre todo, útil extender la mano para sostener al que 
flaquea, para levantar al que ha caído. Mas, aparte 
de que debemos abrir nuestros brazos para recibir en 
ellos a los que vienen a nosotros sinceramente arre- 
pentidos, es indispensable tener presente que la polí- 
tica de atracción de Martínez Campos — no sus huestes 
numerosas — es la que, ayudada por alg* otra causa, 
ha conducido la revolución al estado en que hoy se 
halla. A esto debo añadir que no es tan fácil formar 
de pronto jefes y soldados, capaces de resistir los ri- 
gores de la clase de grra. q. e es preciso hacer en Cuba ; 
no siendo aventurado afirmar que bajo ese punto de 
vista es casi, casi una necesidad contar con los vetera- 
nos de nueve años. 

He apuntado lo que creo practicable de momeuto, 
para prestar auxilio y para promover la ayuda eficaz 
que se debe a ese grupo de héroes patriotas que sos- 
tienen frente a frente de poderoso enemigo el honor 
de la causa cubana. Dejo a juicio de V. las ant. s con- 
sideraos, a fin de que haga de ellas el uso q. e estime 
conveniente. 

He sabido p. r J. Miguel Ferrer q. e el Sr. Aldama 
me ha escrito y que extraña, como es natural, que no 
le haya contestado. Me apresuro, por lo tanto, a ro- 



188 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

gar a V. se sirva significar a tan estimado compatriota 
que su carta no ha llegado a mis manos ; cuya circuns- 
tancia me ha privado del honor de corresponder a su 
generosa atención. 

J. N. hace presente a U. su alto aprecio. 
• Admita el testimonio de mi mor. respeto y la afec- 
tuosa expresión de una amistad sincera. — s. s. s. 



XXX 

Mor. Gral. Julio Sanguily. 

Mayo 22 1878. 

Mi distinguido y nunca olvidado amigo. 

Ha llegado la ocasión de que me dirija a V., desde 
las bóvedas de la fortaleza que me guarda prisionero, 
y cumplo con agrado este deber, que no me es permi- 
tido eludir. 

He seguido, en cuanto ha sido posible, el curso de 
los sucesos que han puesto en peligro de muerte la 
causa de la patria. Desde el últ 9 tercio de Febrero 
he vivido en una ansiedad cruel y he tenido momentos 
próximos a la desesperación. 

Las más recientes noticias, y con especialidad las 
cartas de los dignos Generales Maceo y Calvar, han 
afirmado en mi ánimo la esperanza, que nunca llegué 
a perder. Ellas me sugirieron algunas ideas, que 
trasmití en la semana pasada al Sr. Echeverría y ellas 
son las que ponen la pluma en mis manos para trazar 
estas líneas. 

Carezco de competencia — en medio de la forzada 
reclusión a que me hallo sometido — para entrar en de- 



190 DESDE EL CASTILLO DE PIQUERAS 

talles sobre la manera de organizar expediciones, des- 
tinadas a auxiliar a los patriotas militantes con per- 
trechos de grra. y con hombres. No tengo, por otra 
parte, necesidad de ocuparme de ese asunto cuando 
me dirijo a un General experimentado q. e se halla 
sobre el terreno y que posee una voluntad decidida, a 
prueba de obstáculos y peligros. También excuso re- 
petir aquí las indicaciones que me permití exponer al 
Sr. Echeverría. Supongo que U. tendrá conocimien- 
to de ellas. 

¿Cuál es, pues, el objeto de esta carta? Tocar un 
punto de capital importancia, en la esfera de los ser- 
vicios encomendados a los cubanos q. e se hallan en el 
extranjero, sobre todo a los que por virtud de sus glo- 
riosos antecedentes, de su prestigio y aptitudes, de las 
simpatías y confianza que inspiran, están designados 
por la opinión pública para jugar un papel muy pral. 
en la sagrada tarea de hacer llegar hta. los patriotas 
en armas los auxilios de la emigración. 

Un punto de importancia capital, he dho., y así es, 
en efecto, el que se refiere a la armonía que debe rei- 
nar imperiosamente entre los cubanos del Exterior, 
para que sus esfuerzos y sacrificios produzcan el re- 
sultado a que se encaminan. 

La experiencia es la más instructiva de las escuelas 
y ella nos enseña cuánto tiempo se ha perdido antes 
de ahora en polémicas estériles y en rivalidades im- 
propias de los obreros en la santa comunión de la Pa- 
tria libre. Ahora bien ; si tan funestas divisiones pro- 
dujeron, en épocas anteriores al 10 de Peb 9 del co- 
rriente año, amargo fruto y nocivos efectos, ¿qué es- 
peraremos de ellos, en medio de la angustiosa situación 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 191 

a que se halla reducida la Causa Cubana, herida gra- 
vemente en su seno por los mismos que tenían a su 
cargo el deber de defenderla? La respuesta es ate- 
rradora. Los atletas q. e han permanecido en el circo, 
de pie sobre la arena, sosteniendo con sus robustos bra- 
zos el símbolo de la Libertad, no podrán luchar ellos 
solos, por largo tpo. contra las numerosas legiones de 
un enemigo tenaz. Sucumbirán, sin duda, si no se les 
auxilia oportunamente, y habrán sido inútiles, para 
salvar la patria, su heroísmo 3^ su muerte. 

En presencia de espectáculo tan desconsolador, de- 
bemos sentimos animados por la inquebrantable reso- 
lución de no economizar ningún género de sacrificios, 
para impedir a toda costa que llegue a convertirse en 
amarga realidad. 

Tengo entendido que, a consecuencia de la natural 
alarma que produjeron en N. Y. los sucesos de Cama- 
giiey, Villas y parte de Oriente, se ha organizado allí, 
por acuerdo de una agrupación de patriotas, mas o 
menos numerosa, un Comité ejecutivo encargado de 
socorrer con la posible celeridad a Maceo y a García. 
Sé también que el animoso apresador del "Moctezu- 
ma" ( 85 ) muestra incansable actividad en los prepa- 
rativos de una expedición que se propone llevar a Cu- 
ba. No tengo conocimiento de los trabajos emprendi- 
dos por U. con este mismo objeto; pero me asiste la 
convicción de que han de estar muy adelantados y de 



(85) Leoncio Prado, joven peruano hijo del Presidente del Perú, 
general Mariano I. Prado. El audaz apresamiento del Mocteztima 
lo realizó con varios compañeros en noviembre de 1876, y le cambió 
al barco el nombre por el de Céspedes. 



192 DESDE EL CASTILLO DE EIGUERAS 

que U. multiplica su diligencia en proporción a lo 
apremiante de las circunstancias. 

Comprendo, pues, que los emigrados residentes en 
N. Y. y en otros lugares de los E. U. revelan celoso in- 
terés por acudir en auxilio de ese pequeño grupo de 
nuestros hermanos, que han formado con sus pechos 
fuerte muro tras el cual flota al aire la refulgente en- 
seña de la causa cubana. Mas descubro, a la vez, que 
el fin común a que se dirigen no ha bastado para armo- 
nizar entre sí las distintas fracciones que componen la 
emigración: advierto, con pesar, que los esfuerzos de 
los unos no son secundados por los otros, y que no les 
ha servido de noble ejemplo la patriótica reconcilia- 
ción de Maceo, Calvar y García. Abrigo, por tanto, 
el natural temor de que la falta de concierto de unas 
agrupac. 8 con otras sea causa de que sus trabajos res- 
pectivos den escasos resultados, en relación al deseo 
q. e demuestran aisladamente y a la magnitud del pe- 
ligro q. e se trata de conjurar. 

¿ Cómo atraer a los diferentes grupos a una concor- 
dia sincera, no con objeto de fundirlos en uno solo 
— que tal cosa no recomendaré por ahora — , sino pa- 
ra q. e cooperen en combinación al fin apetecido, ayu- 
dándose recíprocamente y aun decidiéndose a costear 
y proteger una misma empresa, cuando lo aconseje 
así el mejor servicio de la patria común? 

He aquí, mi querido general, mi simpático amigo, el 
más noble, el más augusto deber de cuantos le toca a 
V. cumplir en su envidiable cualidad de patriota hon- 
rado. Sus gloriosos timbres de esforzado guerrero, que 
su sangre selló en los campos de batalla, y el noble 
título de ciudadano probo que le ha conquistado su. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 193 

ejemplar conducta en el Exterior, colocan a U. por 
encima de toda estrecha ambición y de pugilato entre 
bandos opuestos. Extienda sus brazos, como leal ser- 
vidor de Cuba, y de seguro que encerrará en ellos a 
todas las agrupaciones que se disputan hoy la gloria 
de auxiliar a nuestros hermanos en armas. Si es ne- 
cesario, al efecto, que U. descienda de su legítima su- 
perioridad, para ponerse en contacto, para mezclarse 
con los demás obreros de nuestra justa causa, no se 
detenga por ninguna clase de preocupación ; pues debe 
tener presente que muchas veces, cuando nos propo- 
nemos atraer hacia la mejor senda a los que no están 
a nuestra altura, es indispensable que nos inclinemos 
ante ellos, para q. e nos sea fácil encender en sus cora- 
zones el fuego que arde en el nuestro y para llevar a 
su espíritu suave y fructífera persuasión. 

Deseche U. el temor de que, procediendo así, men- 
guará su prestigio. Lejos de alimentar este recelo, 
piense que la virtud aquilata el mérito; y que es la 
más sublime virtud aquella que comunica al hombre 
la fuerza moral suficiente p* depositar en el altar de 
la patria cuantas ofrendas — por costosas que fuesen — 
la patria exija. Recuerde U. que ni Cincinato, ni 
Washington alcanzaron el dictado de grandes, sólo 
por sus proezas ; lo merecieron principalmente por sus 
esclarecidas virtudes públicas. No olvide que la glo- 
ria mayor de nuestro inmortal Agramonte consistió 
en haberse vencido a sí propio, y creo bien, que con- 
vendrá U. conmigo en que Maceo, atrayendo a una 
concordia patriótica a jefes divorciados hondamente, 
ha obtenido más brillante triunfo que los de 100 com- 
bates en que ha peleado como héroe. 



194 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Si ü. se propone combinar y encauzar los esfuerzos 
separados de las distintas fracciones de la emigra- 
ción; si Y. trabaja a este fin con empeño, con esa ab- 
negación inextinguible de los espíritus superiores, U. 
lo conseguirá, no lo dude, llegando a prestar así, en las 
difíciles circunstancias por que atraviesa Cuba in- 
fortunada, uno de los servicios más eminentes que 
puede hacer un virtuoso ciudadano en obsequio de su 
amada patria. 

No necesito acentuar más mi pensamiento. Résta- 
me sólo rogarle que no vea en el contexto de esta car- 
ta sino la débil muestra de la estimación que le pro- 
feso y de la confianza que yo, como miembro de la fa- 
milia cubana, cifro en el hermano muy querido que 
tan hermosos días ha dado a nuestra noble causa. 

José Nicolás se complace en significar a U. su inde- 
clinable aprecio. Él y yo enviamos recuerdos cariño- 
sos a Manuel y a Joseito Rodríguez. 

Estrecha su mano con efusión su constante amigo. 



XXXI 

Sres. Benigno y Plácido Gener. 

Mayo 26 1878. 

¡ Cuan rápidas se suceden las emociones en esta agi- 
tada existencia, llena de incertidumbre, de esperanzas 
y temores ! Puedo asegurar — no incurriendo en hipér- 
bole — que durante los nueve años en que llevé sin 
interrupción la vida de patriota militante, no me vi 
asaltado por tan contrarias impresiones como las que 
vengo experimentando de tres meses a esta parte, en 
mi vida de patriota cautivo. 

¿Se hundirá la revolución, o saldrá triunfante de 
la tempestad que la azota? He aquí los extremos del 
problema ; pero ¡ ay !, que entre uno y otro se alza pa- 
ra el infeliz recluso un abismo de cruel ansiedad, en 
donde solo penetra, de vez en cuando, algún rayo de 
benéfica luz. 

Para dar a Uds. una idea de la condición a que debe 
hallarse reducido mi espíritu, bastará decirles lo que 
sigue. 

Recibí hace pocos días — procedente de París — un 
ejemplar del Boletín extraordinario de La Verdad,, 



196 DESDE EL CASTILLO DE FIGTJERAS 

en que se da ota. de la feliz organización en Cuba de 
un gobn.? provisional y en que se lee una dignísima 
carta del Gral. Maceo, expresión elocuente de heroica 
firmeza en el inquebrantable propósito de sostener y 
defender a todo trance la bandera de la patria. Esta 
carta dilató mi alma, que se abrió francamente a la 
esperanza, disfrutando de reposo, de bienestar no sen- 
tido en largo tiempo. Vi establecida la base de una 
resistencia organizada, q. e permitía aguardar con me- 
nos impaciencia la reacción de dentro y los socorros 
de fuera. Vi hábilmente combinados los elementos 
discordes del ejército patriota y afianzada de pronto 
la unión, tan indispensable p* hacer frente con buen 
éxito a nuestro poderoso adversario. Pude, pues, dar 
a mi espíritu descanso y reconciliarlo con el porvenir. 

Pero, no comenzaba a disfrutar de este beneficio 
cuando me sorprende la noticia, publicada en un pe- 
riódico de Barcelona, de haber confiado el Gral. Ma- 
ceo su madre y hermana a la hidalguía de Martínez 
Campos. Pocos días después leo en el mismo periódi- 
co que, antes de terminar el presente mes, se habría 
adherido aquel Gral. al pacto del Camagüey, y, últi- 
mamente, un telegrama de Madrid expresa que el Mi- 
nistro de Ultramar ha asegurado a las Cortes ser cier- 
to q. e "el cabecilla" Maceo, herido y enfermo, se ha- 
bía embarcado p* Jamaica. 

Aunque Udes. no conocen personalmente al Jefe 
de que me ocupo, no dejarán por esto de apreciar su 
significación y su importancia, teniendo en cuenta la 
fama de sus hechos de armas y la noble actitud que 
asumió en el mes de Mzo. último. Fácil les será, por 
lo mismo, comprender por qué razón yo, que poseo 



CAETAS DE ESTRADA PALMA ] 97 

perfecto conocimiento de la influencia ejercida por 
Maceo en gran parte de las tropas de Oriente, así 
como de las cualidades de valor, intrepidez y activi- 
dad que le distinguen, considero su ausencia de los 
campos patrios, en las actuales circunstancias, como 
un suceso funestísimo a la Causa de Cuba. 

No se dice si Maceo salió para la isla vecina, direc- 
tamente del territorio de la república, o por las líneas 
españolas. Esta incertidumbre es un motivo de te- 
mor y de esperanza; pues en el caso de q. e haya teni- 
do lugar el l. er extremo, explícase satisfactoriam. te 
su traslación a Jamaica, como indispensable para 
atender a la curación de la herida, grave sin duda, 
que parece ha recibido en estos días. Partiendo de 
este supuesto, debemos creer que los demás jefes de 
Oriente continúan a la cabeza de sus tropas y que no 
se ha celebrado pacto alg 9 con el Gral. en Jefe del 
Ejército enemigo. Tales ideas me consuelan un tan- 
to ; pero no llegan a vencer la inquietud de que es pre- 
sa mi ánimo ante la gravedad q. e implica el hecho de 
encontrarse Maceo fuera del campo cubano. 

Agrégase a esta legítima zozobra, la débil confianza 
q. e me asiste en que lleguen con la debida oportuni- 
dad los auxilios q. e los cubanos del Exterior se pro- 
ponen remitir a los patriotas en armas. Mucho temo 
que se continúe malgastando el tpo. en mezquinas ri- 
validades, tan indignas de la augusta causa en cuyo 
nombre se sostienen, como perjudiciales a los intere- 
ses que se trata de servir. 

Cuando recorro los periódicos q. e representan la 
opinión de los cubanos avecindados en N. Y. : cuando 
leo los art. s y correspondencias y remitidos, aplicados, 



198 DESDE EL CASTILLO DE FIGTJERAS 

no por cierto, a levantar el espíritu público contra el 
enemigo común, a dar dirección al amor patrio, a 
educar el sentimiento de libertad, ni a conducir al 
ciudadano por la senda de la virtud en el ejercicio de 
sus aros, y en el cumplimiento de sus deberes; sino 
— ¿ quién lo creyera ? — a sustentar con ardor una con- 
tienda criminal entre hermanos, que han hecho de la 
prensa libre palenque estrecho de polémicas estériles, 
notables sólo por la saña que ostentan y por las ofen- 
sas q. e infieren ( 86 ) : Cuando pienso en los elementos 
que se desperdician, por tan reprobada conducta, y 
contemplo a la vez, allá a lo lejos, aquel puñado de 
esforzados guerreros que tiñen con su sangre el suelo 
de Cuba, que caen diezmados por el plomo enemigo, 
reduciéndose de día en día su exiguo número; enton- 
ces llénase mi alma de amargura y me parece tan ne- 
gro el porvenir, que recuerdo, como con envidia, a los 
que tuvieron la fortuna de volar al seno de la muerte 
en tiempos más felices, cuando a todos nos sonreía la 
esperanza de seguro triunfo. 

Aviva mi pesar la condición a que me veo reducido 
por este malhadado cautiverio, que si puede encade- 
nar la actividad del cuerpo, dentro de las espesas bó- 
vedas de una fortaleza, no ha logrado debilitar mi in- 
quebrantable voluntad, mi ardiente deseo de contri- 
buir con mis esfuerzos a conquistar la libertad patria. 

En medio de la penosa situación a que me veo re- 
ducido, sintiéndome, por un lado, con vigor para 
trabajar, y condenado, por otro, a permanecer inacti- 



(86) Parece que traza el cuadro de una gran parte de la actual 
prensa de Cuba. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 199 

vo, he tratado, no obstante, de hacer lo único que me 
es posible. Escribí la semana última a Echeverría 
y he escrito en ésta al Gral. Sanguily, exponiendo al 
1? algunas indicaciones q. e considero practicables de 
momento, p* socorrer a nuestros hermanos en armas, 
e invocando los levantados sentimientos del 2 9 para 
que cumpla la misión que parece naturalmente enco- 
mendada a su prestigio, a su mérito superior y a su 
probado patriotismo; misión q. e tanto tiene por objeto 
propender a auxiliar por sí mismo y con prontitud a 
los q. e militan en los campos de Cuba, como atraer a 
una concordia sincera a todos los que en el Exterior 
"laboran" en la causa común. 

Estas débiles manifestaciones del interés q. e la pa- 
tria me inspira, no satisfacen con mucho la necesidad 
q. e tiene mi espíritu de ocuparse de cuanto se refiere 
al presente y porvenir de ella. Sírvame de excusa 
tal circunstancia, si continúo cansando la atención de 
Udes., al someter a su consideración y a la del Dr. 
Cartaya, de un modo más directo, el pensamiento que 
apunté en mi anterior de 16 de Abril. 

La propia y la ajena experiencia, la historia de to- 
dos los pueblos, antiguos y modernos, y el simple aná- 
lisis de la naturaleza del hombre, nos dará a conocer 
el origen salvaje de éste, que ponen a cada paso en 
evidencia ciertos instintos no sofocados por largos si- 
glos de civilización. No se entienda que participo de 
las teorías de Spencer y de Darwin sobre la formación 
de la especie humana por el principio de las evolucio- 
nes. Tengo bien clara conciencia de mi ser moral, 
para no dejarme seducir por el brillo de semejantes 
paradojas. Creo, sí, que existen en el hombre dos na- 



200 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEKAS 

turalezas contrarias, en lucha constante, dispuestas a 
sobreponerse la una a la otra y representadas respec- 
tivamente por los instintos animales y por la razón: 
creo también que en los tiempos prehistóricos los pri- 
meros prevalecieron sobre la segunda, y no me cabe 
duda de que el trabajo social operado a través de las 
edades ha sido insuficiente, aun en los pueblos más 
cultos, para dar a la razón el predominio que la ley 
de perfectibilidad le señala. 

Queda sentado, pues, que existen en el hombre de 
hoy, como en el de ayer, tendencias antagónicas, una 
de las cuales lo inclina hacia la naturaleza común de 
los seres irracionales y la otra lo separa p. r completo 
de todos ellos, poniéndole en relación con un Espíritu 
superior, que entrevé en el camino de purísimas aspi- 
raciones. 

El hombre, en su afán por alcanzar la felicidad, ha 
inquirido sin descanso los medios de conseguirla; ha 
cultivado las artes y las ciencias, ha desarrollado la 
industria y el comercio, ha amontonado riquezas fa- 
bulosas ; y las generaciones y los pueblos, al sucederse 
unos a otros, en el curso de los siglos, nos han dejado 
testimonios ostensibles de los progresos que obtuvie- 
ron. Mas — pregunto — , ¿se encuentra, por ventura, 
la anhelada felicidad en ese movimiento prodigioso de 
la inteligencia y el ingenio? Encárgase de responder 
Aimé-Martin, autor de "La educación de las madres 
de familia", obra que leí algunos años ha y a cuyo 
prólogo les remito. 

Las ventajas del mayor progreso industrial y del 
más lato desarrollo de las facultades intelectuales no 
bastan, por sí solas, para dar al hombre la ventura a 



CARTAS DS ESTRADA PALMA 201 

que dirige sus afanes. El conocimiento de sí mismo, 
la conciencia del deber y la práctica de la virtud, he 
aquí los únicos medios de alcanzar en la tierra una 
felicidad cierta y estable. 

No diré, con Sócrates, que el estudio de las ciencias 
nos hace más desgraciados, porque aumenta nuestras 
dudas en vez de resolverlas; pero sostendré con este 
filósofo-mártir, modelo de ciudadanos e intachable en 
su vida privada, que la más útil, la más provechosa de 
las aspiraciones del hombre es la perfección moral. 

No repetiré con Rousseau, "la civilización corrom- 
pe las costumbres".; pero exclamaré con Luz y Caba- 
llero: "Necesitamos hombres, antes que sabios" ( 87 ). 

Ahora bien, ¿de qué manera podremos llegar a ser 
' ' hombres " ? : encaminando nuestros esfuerzos hacia 
la perfección moral. ¿ Cómo obtendremos este fin ? 
Combatiendo, hasta vencer, las tendencias de nuestra 
naturaleza salvaje, que se rebela no pocas veces contra 
la razón y que nos arrastra con frecuencia, en peque- 
ña y en grande escala, en la vida privada y en la pú- 
blica, a cometer actos contrarios a los eternos princi- 
pios de "lo bueno" y "lo verdadero" y contrarios al 
dro. natural y a la justicia. 

Quiero decir que es necesario que nos eduquemos a 
nosotros mismos, ya que por desgracia la Sociedad no 
ha colocado todavía a la mujer — generalmente ha- 
blando — en condiciones de poder educar y formar 
"hombres" en el regazo materno. Cuando logremos 
persuadirnos de que inútilmente buscaremos en el ex- 



(87) La misma necesidad de hoy, porque más que sabios necesi- 
tamos hombres en todas partes, es decir : caracteres. 



202 DESDE EL CASTILLO DE F1GTTERAS 

terior la soñada felicidad ; cuando nos convenzamos 
de que ella no existe ni en la gloria de las armas, ni 
en el brillo de las riquezas, en el lustre de antiguos 
pergaminos o de elevada posición, en el poder de la 
inteligencia, ni en la fama de vastos conocimientos; 
cuando lleguemos a comprender que la felicidad sólo 
puede residir en el interior de cada cual, y, haciendo 
nuestra propia alma objeto primordial de nuestra 
ciencia, lleguemos a poseer la suficiente fuerza de vo- 
luntad p? cumplir con religiosa exactitud nuestros de- 
beres de hijos, de herm. s , de esposos, de padres y de 
ciudadanos; entonces podremos afirmar que somos 
"hombres", aptos eompletam. te para vivir en familia, 
para formar pueblos y naciones. 

Inspirado yo en el espíritu y en el sentimiento de 
las anteriores doctrinas, procuré, desde el principio 
de la guerra de independencia, inculcarlas en nues- 
tros compatriotas y convencer a éstos de q. e teníamos 
a nuestro cargo una doble tarea: "la ele emancipar 
a Cuba y la de educarnos al propio tiempo para el 
ejercicio de la libertad". Repetíales con frecuencia: 
"es más fácil ser subdito de una monarquía absoluta, 
que ciudadano de una república democrática ; tome- 
mos empeño, pues, en hacernos dignos de la sublime 
empresa que hemos acometido, a justando a ella nues- 
tra conducta pública y privada". 

Siempre he creído q. e el hombre lleva del seno de 
la familia al seno de la sociedad sus virtudes y sus vi- 
cios. Cuando traducía, siendo niño, las selectas pro- 
fanas (g), me sentí fuertemente impresionado por la 



(g) Así en el original. 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 203 

sig. te másinia que nunca olvidé : ' ' cuida de no proce- 
der, estando solo, como no lo harías a la vista de los de- 
más; muchos actos en presencia de nosotros mismos, 
deben ser dignos de ejecutarse en la plaza pública". 
Practiquemos esta máxima y quedará completa nues- 
tra educación. 

Al llegar aquí me parece oírles preguntar : ¿ qué 
objeto tiene todo esto? A lo cual respondo: asentar 
los fundamentos de la recomendación que me atrevo 
a dirigir a Udes. y al Dr. Cartaya, en quienes concu- 
rren las condiciones que se necesitan para su desem- 
peño. 

Laudables son, y no lian dejado de aprovechar, las 
asociaciones patrióticas que se han venido organizan- 
do fuera de la Isla, desde el comienzo de la guerra. 
Pero es preciso convenir en q. e habrían resultado ma- 
yores y más estables los beneficios de las propias aso- 
ciaciones, si ellas hubieran participado del doble ca- 
rácter que para los patriotas honrados — en la acepción 
moral de esta palabra — debe tener la revolución cu- 
bana. Ésta representa, en efecto, la emancipación de 
un pueblo y su regeneración bajo todos los aspectos 
de la vida humana, en las relaciones del individuo 
consigo mismo y con les demás a quienes se asocia 
para formar cuerpo político. 

Por tanto, los clubs cubanos y toda clase de asocia- 
ción formada por nuestros compatriotas, deben pro- 
ponerse realizar dos fines : el de contribuir con sus 
trabajos a separar a Cuba de España, y el de ejerci- 
tar a los asociados en la práctica de todas aquellas 
virtudes que son compañeras inseparables de la liber- 
tad. Nuestra obra es, en esencia, creadora; pues si 



204 DESDE EL CASTILLO DE FIGTJEKAS 

avienta las cenizas del pasado, es con objeto de levan- 
tar el edificio del porvenir. En consecuencia, es pre- 
ciso q. e en el seno de esas agrupaciones el patriota 
aprenda a ser ciudadano, esto es, a hacer uso de sus 
derechos individuales y colectivos, pero un uso discre- 
to, ajeno a torcidas pasiones e inspirado siempre en 
el bien de la comunidad, antes que en el suyo propio. 
Es preciso que el patriota aprenda allí a amar y res- 
petar a sus herma. s y a conocer el estímulo del verda- 
dero mérito, que descansa exclusivamente sobre una 
conducta intachable en las distintas fases de la vida. 

La asociación que llene este fin será una escuela de 
ciudadanos, el gimnasio de la libertad, el templo de la 
virtud ; y los que tengan la gloria de pertenecer a ella 
se hallarán en condiciones de prestar a Cuba, en cual- 
quier tiempo, muy señalados servicios. 

Toda concepción humana tropieza en la práctica 
con algunos obstáculos; la de que me ocupo encuentra 
una seria dificultad en los hábitos adquiridos por 
nuestros compatriotas, bajo el coloniaje español. Por 
eso es forzoso proceder con método, cuando se trate 
de realizarla. Lo que importa primero es fundar la 
base ; después se irá alzando el edificio. Para esta- 
blecer aquélla, de un modo estable, será conveniente 
reunir los elementos más afines, los que estén mejor 
preparados para identificarse con el alma de la obra. 

Hay en Cádiz núm 9 de cubanos suficiente para ha- 
cer un ensayo de la asociación que propongo. Bien 
sé que no podrá contarse con todos; pero creo que no 
faltarán algunos, capaces de responder al pensamien- 
to. Si éste recibe de Udes. y del simpático doctor 
acogida favorable, me prometo que pronto quedará 



CARTAS DE ESTRADA PALMA 205 

organizado en esa ciudad un centro de enseñanza 
práctica p? formar ciudadanos cubanos. 

En el caso de que las circunstancias les obliguen a 
mudar la residencia, dentro o fuera de España, con- 
fío en que allí, doquiera que se establezcan, trabaja- 
rán en la forma indicada y harán propaganda de ella 
— salvo el mejor parecer de Udes. 
1 La asociación que les recomiendo debe revestir ca- 
rácter político y no ha de tener nada de común con 
esas sociedades secretas, abrumadas de signos, de ri- 
tos, de exterioridades, q. e han acabado por matar su 
espíritu. Se redactará un reglamento orgánico, cla- 
ro, preciso y calcado en el doble fin que ha de realizar 
la patriótica sociedad. No se tolerará la transgresión 
de ninguno de sus artículos, ejerciéndose, a este res- 
pecto, la mayor severidad posible. 

He insinuado el mismo asunto a algunos amigos de 
Barcelona, en donde hay gran número de cubanos. 
Es verdad q. e no poseen, según entiendo, moral muy 
levantada; pero esta circunstancia no me desalienta; 
antes bien, la considero como una razón más para que 
nos tomemos empeño en constituir en la capital del 
antiguo principado un centro que estimule a nuestros 
jóvenes compatriotas a trillar mejor senda, cultivan- 
do en sus corazones el sentimiento de la patria libre. 

Ruego a Udes. encarecidamente que no atribuyan 
la más ligera pretensión a las ideas expresadas en es- 
ta carta; les agradeceré que sólo vean en ellas el re- 
flejo de mi ardiente amor a la Libertad, así en la cau- 
sa de Cuba como en la del género humano. 

Acabo de recibir carta del Gral. Maceo fhada. el 
25 de Mzo. El noble espíritu que revela su contenido 



206 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEEAS 

acreeenta el pesar que ine produce la noticia de haber 
pasado a Jamaica, herido y enfermo, este denodado 
Jefe. 

Llegaron oportunamente a mis manos las cartas de 
N. York y las de Ceuta, remitidas por Udes., así como 
los números de La Verdad, las copias de las corres- 
pondencias de Filadelfia y la Habana, el impreso q. e 
contiene el discurso del Gral. Salamanca y contesta- 
ción del Ministro de Ultramar &. 

José N. y yo abrazamos tiernamente a Joseito, en- 
viamos afectuosos recuerdos a todos los miembros de 
la colonia y repetimos a Udes. la expresión de nues- 
tro profundo aprecio. 

Su afctmo. amigo. 



APÉNDICE 



APÉNDICE 

Castillo del Morro, noviembre 3 de 1877. 

Sr. José A. Echeverría. 

Mi distinguido amigo : me dirijo a usted desde la 
fortaleza del Morro, de donde saldré el 5 para ser 
conducido directamente a Madrid, según orden del 
gobierno de don Alfonso, comunicada por telégrafo. 
Keferiré a usted brevemente los hechos y las causas 
que me han traído a poder de los españoles. Un cu- 
bano, Esteban Varona, que observó desde el principio 
de la Revolución una conducta dudosa, conservándose 
al lado del enemigo, hasta el año 1874, en que pasó 
al campo de la contienda, después de haber sido causa 
directa o indirecta de que el general Calixto García 
Iñiguez cayera prisionero • Esteban de Varona, repito, 
en unión del teniente coronel Duque de Estrada, fué 
conducido el 25 de agosto a Santa Cruz en calidad de 
prisionero de guerra. Mas por los informes y datos 
que pude recoger, adquirí muy pronto la convicción 
de que Varona, al menos, si no Duque de Estrada, se 



210 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

había puesto de acuerdo con el brigadier Bonanza, 
jefe de Santa Cruz, para cubrir su presentación en 
las líneas enemigas con apariencias honrosas. El caso 
es que Varona, conociendo a fondo el carácter débil, 
vano y superficial del coronel Antonio Bello, Jefe del 
regimiento Yara, en Manzanillo, se dirigió inmedia- 
tamente a él, invitándolo a que celebrase conferencia 
con el brigadier Daban. Bello, no obstante tener co- 
nocimiento de una circular del Gobierno, por la cual 
se prohibía, bajo la pena de incurrir en el delito de 
traición, celebrar conferencias con individuos del cam- 
po enemigo, aceptó lo que se le proponía y, en unión 
de otros jefes y algunos oficiales, tuvo entrevista el 
20 de septiembre en el caserío "El Congo", a dos le- 
guas de Manzanillo, con el general Alfonso de Corti- 
jo y brigadieres Daban y Bonanza. Varona asistió 
a la conferencia. Con la misma fecha me dirigió 
Bello una carta, por conducto del brigadier Bonanza, 
en la que se me decía poco más o menos lo siguiente : 
"Razones que no puedo consignar por escrito me han 
obligado a tener en "El Congo" una conferencia con 
jefes españoles, y me aconsejan pedir a usted autori- 
zación para pasar por las líneas enemigas a la resi- 
dencia del Gobierno en unión del coronel Santieste- 
ban, el C. Esteban de Varona y otros, con el fin de 
celebrar nuevas conferencias, que exigen, como us- 
ted verá, los más caros intereses de la patria, y aun 
del Regimiento de mi mando. Asistirán también el 
general Cortijo y los brigadieres Bonanza y Daban. 
Debo advertirle que nada habrá que amengüe la rec- 
titud de mis principios, después de nueve años de sa- 
crificios; y en tal concepto, si no se aceptaren las in- 



APÉNDICE 211 

dicaciones que debo hacerle, cuente usted que volveré 
a ocupar mi puesto frente al regimiento Yara, con la 
misma decisión que me ha caracterizado siempre." 
El contenido de semejante carta y el exacto conoci- 
miento que poseía de las condiciones morales del coro- 
nel Antonio Bello me hicieron comprender que éste 
se había colocado en el camino de la traición y que no 
era imposible arrastrase con él una parte de la tropa 
de su mando, causando grave daño tal defección en 
el distrito militar de Bayamo y Manzanillo. Era in- 
dispensable acudir allí con urgencia, y mientras tan- 
to, traté de que Bello no concibiese el menor recelo 
ni desconfianza. En consecuencia, tomé algunas me- 
didas para que el brigadier Bonanza mantuviese la 
creencia de que no me habían sido entregadas, por en- 
contrarme distante, su carta y la de Bello. Prepara- 
ba mi viaje a Bayamo, cuando llegó el general Gómez 
de regreso del extremo oriental de Holguín. Le im- 
puse de lo que ocurría, determinando quedase en el 
Camagüey, donde su presencia hacía falta, le di ins- 
trucciones por escrito, entre otras, sobre el procedi- 
miento que debía seguir en el caso de que Bello, Va- 
rona, etc., llevaran a cabo la audacia de dirigirse al 
Camagüey por las líneas españolas; y le recordé el 
decreto del 30 de julio de 1875, por el cual se pres- 
cribe que sean juzgados como espías, en consejo de 
guerra verbal, los que lleven al campo cubano propo- 
siciones de paz que no se funden en la Independencia 
de Cuba. El 5 de octubre por la mañana se separó de 
mí el general Gómez. Yo debía emprender marcha 
por la tarde en unión del general Vicente García 
que debía acompañarme dos o tres jornadas. Como a 



212 DESDE Eli CASTILLO DE FIGTTERAS 

las once de la mañana se me presentó un expreso en- 
viado por el general Gómez, con una comunicación 
de éste en que me daba cuenta de haberse encontrado 
en el lugar denominado "Jobo Dulce" con los coro- 
neles Bello, Santiesteban, Varona, José del Carmen 
Castellanos y dos individuos más, todos los cuales 
procedían del campo enemigo: añadía que los había 
reducido a prisión y esperaba órdenes. Dispuse en 
el acto que el general Gómez condujese los presos con 
toda seguridad al lugar en que yo me encontraba. Lle- 
garon al caer la tarde. Reuní en seguida bajo mi pre- 
sidencia los miembros del Gabinete, compuesto del 
general Gómez, Secretario de la Guerra e Interior, 
general Francisco J. de Céspedes, Secretario de Re- 
laciones Exteriores y Hacienda, y del teniente José 
N. Hernández, Secretario del Consejo. Hice compa- 
recer separadamente a los coroneles Bello y Santies- 
teban, al capitán José Alonso Rivero y a Esteban Va- 
rona. Mandé a cada uno que refiriese las causas y 
sucesos que les habían conducido a aquella situación. 
Bello y Santiesteban estuvieron de acuerdo en mani- 
festar que fuertemente amenazada por el enemigo la 
zona de Guá, cuya defensa estaba a cargo del regi- 
miento Yara, careciendo éste de municiones, y com- 
puesto, además, en gran parte, de individuos corres- 
pondientes a la reacción de los años 73 y 74, conside- 
raban graves tales circunstancias reunidas, que po- 
dían ocasionar defecciones en la tropa; por cuya ra- 
zón habían estimado conveniente, para ganar tiempo 
— supuesto que se había ofrecido, por parte de los 
Jefes españoles, suspender las hostilidades durante 
algunos días — , en cuanto a Bello aceptar la confe- 



APÉNDICE 213 

rencia del "Congo", y respecto del mismo Santieste- 
ban, aventurarse a dirigirse por las líneas enemigas a 
la residencia del Gobierno para imponerle de sus te- 
mores y que considerando ambos apremiante el mo- 
tivo que los impulsaba a dar este paso, creyeron abso- 
lutamente necesario no retardarlo aguardando mi au- 
torización. El capitán José Alonso Rivero expuso 
que más bien había obedecido a una orden del 
Coronel Bello, y de ningún modo a intención propia 
en el hecho de pasar por las líneas enemigas para di- 
rigirse a la residencia del Gobierno. Esteban Varona 
comenzó diciendo que había sido hecho prisionero en 
la zona de Santa Cruz : que se le había perdonado la 
vida y aun ofrecídosele pasaporte; que sabiendo que 
el regimiento Yara carecía de municiones se le había 
ocurrido provocar al coronel Bello a una conferencia 
para tratar sobre los medios de que este Jefe adqui- 
riese aquéllas. Que después de haber tenido lugar la 
conferencia en el "Congo", el 20 de septiembre, ha- 
bía marchado en unión del brigadier Daban, a Cár- 
denas, en donde se avistaron ambos con los generales 
Martínez Campos y Jovellar : el primero de éstos le 
dijo: "Usted puede hacer un gran beneficio a su país: 
yo estoy dispuesto a poner a Cuba en condiciones de 
que alcance su independencia, en menos tiempo que 
tardaría en conseguirla por la fuerza de las armas, 
caso de que por medio de ésta llegara a obtenerla. 
Estoy pronto a dar a Cuba la mayor suma posible de 
derechos y libertades, a reconocer los grados de todos 
los individuos así cubanos como extranjeros que figu- 
ran en el ejército de la insurrección y a pagar los 
sueldos devengados en nueve años de todos los em- 



214 DESDE EL CASTILLO DE PIGUERAS 

pleados civiles y militares de la misma." Varona 
añadió : ' ■ Amante en alto grado del bien de mi país, 
y estimando que podía hacerlo feliz, he venido, no 
a presentar proposiciones, sino a referir simplemente 
lo que se me ha comunicado." En virtud de lo ex- 
puesto por Bello, Varona, etc., casi con las mismas 
frases empleadas en la anterior relación, hice uso de 
la palabra — después de mandar retirar al último de 
los interrogados — para emitir mi opinión sobre el par- 
ticular. Dije que Esteban Varona estaba desde lue- 
go comprendido en el decreto de 30 de julio de 1875, 
y que por lo tanto debía ser juzgado como espía en 
consejo de guerra verbal. Que respecto de todos los 
otros detenidos encontraba que había en cada uno de 
ellos diverso grado de responsabilidad, que no me 
atrevía a calificar; por cuya razón creía prudente, 
para dar la mayor prueba de rectitud e imparciali- 
dad, que se nombrase un tribunal, con el carácter de 
consultivo, el cual, examinando a Bello, a Santieste- 
ban, a Rivero y demás, pudiera determinar qué clase 
de responsabilidad había eoritraído cada uno de ellos, 
si era que no se les consideraba cómplices de Varona 
por haber venido en unión de él, y a qué juicio, or- 
dinario o verbal, debía sometérseles. Haciendo uso 
de la palabra sucesivamente los demás miembros del 
Gabinete, entablóse una discusión razonada, que ter- 
minó al fin aceptándose lo que yo había propuesto. 
Cerrada la sesión como a las nueve de la noche, me 
dediqué inmediatamente a extender las autorizacio- 
nes competentes a favor del general Máximo Gómez, 
Secretario de la Guerra, para que nombrase los miem- 
bros del Tribunal consultivo, acordado en el Consejo 



APÉNDICE 215 

de Gabinete, y para que pusiese desde luego a Varo- 
na a la disposición del Jefe de la División del Ca- 
magüey y a los demás presuntos reos una vez que 
fuese evacuada la consulta del Tribunal citado. Al 
amanecer del 6 el general Gómez marchó con los pre- 
sos hacia el cuartel del regimiento "Jacinto", Di- 
visión del Camagüey, y yo tomé con el general Vicen- 
te García el camino de las Tunas para seguir marcha 
hacia Bayamo. Las circunstancias de encontrarse las 
fuerzas del Camagüey a largas distancias unas de 
otras, en las diferentes zonas del Distrito, y la de ha- 
llarse en la parte Norte el mayor número de las tro- 
pas de las Tunas, así como la urgente necesidad de 
llegar cuanto antes a Bayamo, me hicieron aceptar el 
grave riesgo de atravesar extensos territorios, cruza- 
dos por columnas enemigas, llevando conmigo una es- 
colta en extremo reducida. Por otra parte, no quería 
distraer fuerzas de Camagüey, donde debía llevarse 
a cabo una operación inmediata, con esperanza de 
éxito notable. El diez atravesé el camino de las Tu- 
nas al Guamo y el doce me encontraba en el potrero 
Las Bocas, margen derecha del Cauto y a corta dis- 
tancia de Cauto el Paso. Ese mismo día hubiera cru- 
zado el río, siguiendo en dirección a Bayamo, si el 
práctico que debía conducirme hubiese llegado opor- 
tunamente. El trece a la hora de marchar, y a caba- 
llo ya, se oyeron cinco disparos, que anunciaban la 
presencia del enemigo, compuesto, según supe más 
adelante, de dos columnas, procedentes de Holguín la 
ima y la otra de las Tunas. Dispuse que la mayor 
parte de la Escolta se emboscase convenientemente, 
con orden de que causase al enemigo todo el daño po- 



216 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEEAS 

sible. A poco se rompió el fuego, teniendo que reti- 
rarme, porque la Escolta no era suficiente para resis- 
tir el empuje de los contrarios. Al día siguiente me 
alcanzó el enemigo en las Tasajeras. Allí se le hizo 
fuego en emboscada, teniendo orden el oficial que 
mandaba ésta de seguir mi huella hasta incorporár- 
seme. Le aguardé en la cañada de Yarey, a tres le- 
guas de las Tasajeras; pero en vez del oficial y de los 
números de la Escolta, llegó el enemigo como a las 
cinco de la tarde. Siete hombres armados que me 
quedaban sostuvieron el fuego, mientras yo, con el ge- 
neral Céspedes, José Nicolás Hernández, mi secreta- 
rio particular y del Consejo, dos Ayudantes y los asis- 
tentes, emprendimos la retirada. Traté de acercar- 
me de nuevo a las Bocas, con la esperanza de reunir 
la Escolta que suponía, dispersa por aquel rumbo y 
también porque los prácticos que conservaba a mi la- 
do me significaron no conocer el terreno desde la ca- 
ñada del Yarey en adelante. El quince a mediodía 
me encontraba cerca de las Bocas y al obscurecer te- 
nía conmigo algunos números armados, no de la Es- 
colta, sino de una pequeña guerrilla que operaba so- 
bre el Cauto. El diez y seis por la mañana se presen- 
taron de repente los españoles sobre nuestra avanza- 
da, lanzándose a carrera sobre el campamento, a pesar 
del fuego que se les hacía, y no dándonos tiempo, ape- 
nas, para tomar nuestros caballos. Hicimos una re- 
tirada penosísima, perseguidos por el enemigo, el cual, 
además, había destacado oportunamente una guerrilla 
de caballería, que tomando en cuenta la dirección que 
llevábamos, debía cortarnos la retirada, saliendo a 
nuestro paso. Así fué en efecto; dicha guerrilla nos 



APÉNDICE 217 

dio alcance cerca de una sabana, apoderándose de las 
acémilas de los asistentes que las abandonaron inter- 
nándose en el bosque. Lo mismo hicieron, poco des- 
pués, el general Céspedes y mi ayudante el capitán 
Rodríguez, cuyos caballos, según parece, estaban en 
extremo fatigados. El comandante Castellanos se 
había separado de nosotros desde el primer encuentro 
que tuvimos aquel día con los españoles. Quedaba só- 
lo conmigo José Nicolás Hernández. Habiendo reco- 
rrido una extensión como de legua y media por una 
vereda que ignorábamos a donde conducía, determi- 
namos ocultar los caballos en el bosque y aguardar a 
cierta distancia. Permanecimos allí el resto del día 
j de la noche. El diez y siete quisimos salir a la ve- 
reda que habíamos tomado la víspera; nos extravia- 
mos a través del bosque sin encontrar los caballos y 
dimos al fin con la vereda al mediodía. La seguimos 
con muchas precauciones, en dirección inversa de la 
que habíamos llevado el día anterior. Nos sorprendió 
la noche, y hubimos de pasarla en el bosque. El diez 
y ocho volvimos a emprender nuestra marcha, aun 
con mayor recelo que el día antes, porque nos acercá- 
bamos a las Tasajeras, punto en que suele acampar el 
enemigo. Como a las once descansábamos dentro del 
bosque cerca del camino, cuando vimos pasar a un 
Subprefecto, llamado Emilio Cabrales, a uno de mis 
asistentes y otro individuo. Iban en busca nuestra. 
Salimos a su encuentro, y disponiendo que fuesen por 
nuestros caballos, aguardamos en el mismo sitio su 
regreso. Reunidos de nuevo, tomamos el camino de 
la subprefectura. A media legua de ésta, dejamos los 
caballos ocultos en un pequeño potrero y seguimos a 



218 DESDE EL CASTILLO Dü¡ PIGUERAS 

pie hasta la casa del subpreíecto, a donde llegamos al 
obscurecer. El diez y nueve al ser de día, cuando dis- 
ponía que saliese un práctico con comunicaciones pa- 
ra el Prefecto y que dos números armados que había 
en la Subprefectura se dirigieran hacia la hacienda 
de los Pozos, con el objeto de explorar aquel sitio, 
donde las columnas españolas solían también acam- 
par, y cuando me preparaba a dejar el rancho de la 
Subprefectura para colocarme a cierta distancia, por 
temor a un asalto, uno de los números que iban a ex- 
plorar, volvió apenas había salido, diciendo: "aquí 
está el enemigo, no me queda duda." Me apresuré 
a tomar la cartera del Archivo y dije al Subprefecto: 
"Guíeme Vd." Marchó delante de mí algunos pa- 
sos; pero en seguida emprendió rápida carrera, des- 
apareciendo a mi vista. A otro individuo de apellido 
Perdomo, que encontré a mi paso, le entregué la car- 
tera del Archivo y seguí tras él; mas no tardó en des- 
aparecer, tirando la cartera, que encontré en mi cami- 
no. Cuando me inclinaba a cogerla, divisé una em- 
boscada enemiga, a cortísima distancia, mientras que 
un guerrillero, hijo del país, y a quien confundí en 
el primer momento con uno de los números armados 
que había visto antes en la Subprefectura, se me echa- 
ba encima, no dándome tiempo de tirar del revólver 
que llevaba a la cintura. Mi secretario Hernández 
fué igualmente hecho prisionero por dos guerrilleros, 
hijos también del país, quienes se apoderaron de él 
en el suelo donde había caído. Fuimos atados como 
malhechores, facilitando las cuerdas uno o dos de los 
guerrilleros cubanos. Inmediatamente se nos condujo 
ai lugar donde estaba acampado el rrueso de la co- 



APÉNDICE 219 

luinna, mandada por el coronel Agustín Mozoviejo, y 
perteneciente al Distrito de Holguín. La de las Tu- 
nas se había retirado ya. Debo advertir que la colum- 
na de Holguín había pasado a Cauto Embarcadero el 
día diez y seis, después del encuentro que tuvo con 
nosotros, con el fin de racionarse, y que el diez y ocho 
volvió a la zona comprendida entre los ríos Cauto y 
Salado, con objeto de hacer reconocimientos en busca 
de ranchos de familias, y ajena por completo a la idea 
de perseguirnos, porque suponía que yo me encontra- 
ba distante con motivo de la pérdida de las acémilas. 
Así, pues, el -hecho de haber caído prisioneros Her- 
nández y yo, no fué resultado de combinación, ni de 
cálculos por parte del enemigo, sino el cumplimiento 
de un decreto de la fatalidad. La guerrilla en cuyo 
poder caímos, no tenía noticias de que nos encontrá- 
semos en el rancho de la Subprefectura, al cual se di- 
rigió en la madrugada del diez y nueve, a consecuen- 
cia de haber reconocido los exploradores de la colum- 
na, en la tarde del día anterior, algunas huellas que 
hicieron sospechar habitaban familias por aquel lu- 
gar. De esta manera se explica que la guerrilla espa- 
ñola no hubiera ocupado nuestros caballos. Referiré 
eon pormenores, aun a riesgo de cansar a usted, cuan- 
to nos ha ocurrido a Hernández y a mí desde que lle- 
gamos al lugar en donde estaba acampada la columna 
hasta la fecha. El coronel Agustín Mozoviejo, jefe 
de aquélla, me interrogó sobre mi nombre y el destino 
que ejercía en la insurrección. Díjele cómo me lla- 
maba y que ejercía el destino de Presidente de la Re- 
pública de Cuba. A esta respuesta se desató en gro- 
seros insultos, tratando de bandidos a los patriotas 



220 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

cubanos. En seguida añadió: "y su partida ¿dónde 
está?" Le dije: "Si hubiese tenido tropas conmigo 
no sería prisionero de ustel. ' ' Tal contestación le irri- 
tó en extremo, hasta el punto de lanzarme la amenaza 
de fusilarme en el acto. Repliquéle: "Usted puede 
hacer lo que guste ; y aprovecho esta oportunidad pa- 
ra hacerle esta declaración : Ni usted, ni nadie, me 
hará contestar preguntas a que no deba responder, 
debiendo saber, por otra parte, que jamás he tenido 
la debilidad de mentir." En este instante el capitán 
Ramón Domingo Ibarra, oficial de Estado Mayor, se 
acercó al Coronel, le habló al oído, y me llamó a su 
pabellón. Hízome sentar y me rogó disimulase la 
forma empleada por el coronel Mozoviejo, quien, bajo 
aquella apariencia grosera, poseía un buen fondo. 
Volví a ocupar, después de esto, el sitio que se me ha- 
bía señalado, sufriendo de nuevo algunas impertinen- 
cias del Jefe de la columna, quien, desconfiado, sin 
duda, del grado de tirantez de nuestras ataduras, 
mandó a uno de sus asistentes que las requiriese y 
apretase. A la hora del almuerzo el capitán Ibarra 
y el teniente Morales de los Ríos, hijo del General de 
este apellido, nos hicieron servir sopa, tanto a Her- 
nández como a mí, rehusándola ambos, si bien aquél 
aceptó al fin, cediendo a las instancias de los dos ofi- 
ciales. Éstos habían encontrado la ocasión de aflojar 
nuestras ligaduras. Apenas terminó el rancho de la 
tropa, se puso en marcha la columna en dirección de 
Holguín. Hernández y yo íbamos a pie y al lado de 
cada uno de nosotros marchaba un soldado, llevando el 
extremo de la cuerda con que estaban atados nuestros 
brazos. Los ríos Salado y Rioja se encontraban creci- 



APÉNDICE 221 

dos, y se nos hizo pasarlos a pie, con el agua al pecho. 
Acampó la columna como a las cinco de la tarde, a ori- 
llas de este último río. El Coronel dispuso que la guar- 
dia que nos custodiaba encendiese una hoguera y secase 
al fuego nuestra ropa: le hizo dar un par de zapatos 
a Hernández, que iba descalzo, porque se le habían 
roto completamente los que llevaba al comenzar la 
marcha. Secas nuestras ropas nos llamó el Coronel a 
su pabellón, hizo que se nos sirviese allí la comida y 
que se nos preparasen camas en el mismo pabellón, 
lo mejor que fué- posible. Como continuábamos con 
los brazos atados, y junto a cada uno de nosotros un 
centinela que mantenía el extremo de la cuerda; ade- 
más, como el Coronel no durmió en toda la noche, de 
lo que podemos dar fe Hernández y yo, porque nos 
sucedió otro tanto, debemos considerar que el Jefe de 
la columna no trató de proporcionarnos comodidades, 
sino de tenernos cerca de él para ejercer mejor su vi- 
gilancia. El veinte como a las cuatro de la madru- 
gada se puso en camino la columna, marchando Her- 
nández y yo en el mismo orden que el anterior. Se 
hizo alto para almorzar entre diez y once, y como a las 
doce se emprendió de nuevo la marcha, acampando 
la columna a las ocho de la noche en Las Calabazas. 
La jornada pasó de trece leguas, estando la mayor 
parte del camino lleno de barro resbaladizo, que ha- 
cía la marcha en extremo penosa. Tenía Hernández 
los pies llagados y dio varias caídas, así que hubo en- 
trado la noche, dando lugar aquella circunstancia a 
que el capitán Ibarra hiciese que un corneta que iba 
a caballo llevase con él a Hernández, Por mi parte 
tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para rendir 



222 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEBAS 

la jornada, no queriendo demostrar, siquiera física- 
mente, la menor flaqueza en presencia de los españo- 
les. No obstante, comprendiendo el coronel Mozovie- 
jo que podía extenuarme la fatiga si continuaba mar- 
chando al paso precipitado que llevaba la columna, 
dispuso que la vanguardia se adelantase y me reco- 
mendó fuese poco a poco. Del mismo modo que la 
noche anterior, se hicieron secar nuestras ropas al 
fuego, y se me alojó en el pabellón del Coronel. El 
veintiuno nos facilitó caballo a cada uno de los dos. 
Se detuvo la columna en Cabezuelas para hacer el al- 
muerzo. Allí, cuatro leguas de Holguín, recibió Mo- 
zo viejo pliegos del general Morales de los Ríos, en 
contestación a los que aquél había enviado la noche 
anterior. Ciertas demostraciones que notamos en el 
Coronel y otros jefes que estaban a su lado, cuando 
leían entre sí los pliegos, y la circunstancia de ha- 
berse formado después un doble piquete de guardias 
junto a nosotros, nos hizo entender a Hernández y a 
mí que Mozo viejo había recibido órdenes de fusilar- 
nos. Simultáneamente nos comunicamos los dos nues- 
tra sorpresa y recíprocamente nos animamos a morir 
con la entereza y dignidad que cumple a los obreros 
de la más noble, la más santa de las causas, la del De- 
recho y la Libertad. El capitán Domingo Ibarra me 
había ofrecido entregarme los retratos y cartas de fa- 
milia que con otros papeles me habían sido ocupados 
y que se encontraban dentro de la pequeña cartera de 
mi uso. Como aún no me habían sido devueltos y no 
queriendo quedasen a mi muerte en poder de persona 
que por muy decente y digna que fuese, no tenía títulos 
bastantes a mi confianza y amistad para conservar aque - 



APÉNDICE 223 

lias prendas de familia, llamé a Ibarra, y le dije : 
"espero de usted un doble servicio: deseo haga que- 
mar los retratos y las cartas que debía usted devol- 
verme, y le ruego baga todo lo posible para que nin- 
gún guerrillero hijo del país forme en el piquete en- 
cargado de fusilarnos." Al mismo tiempo Hernán- 
dez, que tenía cerca de sí al coronel Mozoviejo, le di- 
rigía también esta última recomendación, pidiéndole, 
a la vez, le permitiese escribir una carta de despedida 
a sus hijos. Ibarra y Mozoviejo nos significaron en- 
tonces que habíamos padecido profundo error : que 
lejos de ser cierto lo que habíamos sospechado, había 
recibido órdenes el Coronel de llevarnos inmediata- 
mente a Holguín, presentándome dicho Jefe, para 
mayor seguridad de lo que decía, uno de los pliegos, 
que yo rehusé leer, a pesar de las instancias repetidas 
de aquél. Mozoviejo, acompañado de los oficiales de 
Estado Mayor y de algunos otros, se puso en marcha, 
después de almuerzo, con dirección a Holguín, lle- 
vándonos en el centro de la guardia formada por ellos. 
En el Yareyal, a dos leguas de aquella cabecera, tomó 
Mozoviejo una escolta de caballería. A las tres lle- 
gamos a la Comandancia general, en Holguín. In- 
meditamente se nos quitaron las cuerdas y no puedo 
menos de consignar que el oficial que se ocupó de li- 
brar mis brazos de las ataduras, me dijo, mientras 
practicaba esta operación: "Yo soy íntimo amigo de 
Eosales: él me hablaba mucho de usted." Compren- 
dí que semejantes palabras no tenían otro objeto que 
el de inspirarme una confianza afectuosa, pues ellas 
equivalían a decirme: "Está usted entre amigos." 
Agradecí en el fondo de mi alma aquel acto de deli- 



224 DESDE EL CASTILLO DE FIGUEEAS 

cada generosidad. El oficial es de apellido Cátala; 
no tuve el gusto de volverle a ver. Debo advertir que 
Rosales es un capitán del Ejército español, que perte- 
necía a la columna del coronel Gómez Diéguez, copa- 
da por el general Calixto García Iñiguez. Dicho ofi- 
cial fué puesto en libertad juntamente con otros, y 
escribió, tan pronto llegó a Madrid, un folleto sobre 
la Insurrección. Añadiré que yo fui uno de los que 
menos trató al capitán Rosales mientras permaneció 
en el campo cubano. Fuimos llamados separadamen- 
te Hernández y yo, a presencia del general R. Mora- 
les de los Ríos. Éste me dijo que esperaba órdenes rela- 
tivas a nosotros del general Martínez Campos y que 
trataría por su parte, mientras recibía aquéllas, de 
hacernos menos pesado nuestro infortunio. No me 
dirigió entonces ni después ninguna pregunta ofensi- 
va a mi dignidad. Se me colocó en uno de los cuartos 
de su propia casa ; me señaló asiento a su mesa y tra- 
tó de rodearme de todas las comodidades compati- 
bles con mi calidad de preso. A Hernández se le' 
puso en la sala de distinción de la Cárcel, dispensán- 
dole como a mí manifiestas atenciones. Habiendo 
comunicado Martínez Campos, por telégrafo, la or- 
den de que se nos enviase a la Habana, fuimos condu- 
cidos a Gibara el veintisiete, bajo custodia de una sec- 
ción de caballería, mandada por el capitán Ramón 
Domingo Ibarra, oficial de Estado Mayor, de que he 
hablado varias veces en el curso de esta narración. 
Se nos hizo embarcar en el cañonero Dardo, que a 
las dos y media de la tarde levó ancla. Su Comandan- 
te, capitán de fragata D. Luis Bayo, se portó con nos- 
otros decentemente en todo el tiempo que duró la tra- 



APÉNDICE 225 

vesía. Entramos en el puerto de la Habana, como a 
las diez de la mañana del treinta y uno, y fuimos con- 
ducidos inmediatamente a esta fortaleza. Dos horas 
después de estar en ella nos visitó a nombre del ge- 
neral Jovellar un ayudante suyo, coronel Santiago 
Cuesta. Nos manifestó que el General deseaba que 
disfrutásemos de todas las comodidades posibles den- 
tro de los límites de una prisión y que podíamos ex- 
presar con franqueza lo que nos hiciera falta, indi- 
cándonos al propio tiempo, por recomendación del 
mismo General, que el día cinco debíamos salir para 
España en el vapor correo, debiendo llegar hasta Ma- 
drid, donde se nos llamaba por el Gobierno del Rey 
D, Alfonso. Le contesté rogándole diese las gracias 
en nuestro nombre al general Jovellar, por aquella 
muestra de deferencia que se dignaba dispensarnos, 
con tanta más razón cuanto que Hernández y yo no 
carecíamos de nada y estábamos perfectamente bien. 
El Sr. Cuesta insistió en manifestar la buena volun- 
tad del Capitán General, repitiendo su ofrecimiento 
y llamándonos la atención sobre la falta de asientos, 
camas y otras cosas indispensables de que absoluta- 
mente carecíamos. Le contesté que la costumbre de 
pasar durante nueve años sin tales objetos, nos hacía 
no echarlos de menos. Habiéndonos indicado que las 
personas de nuestra amistad podían visitarnos, le dije 
que, por mi parte, no tenía conocimiento en la Ha- 
bana; pero que mi compañero Hernández poseía fa- 
milia y amigos aquí y que con placer vería a algunos 
de éstos y a miembros de aquélla. Tomó entonces el 
Sr. Cuesta nota de los individuos que le nombró Her- 
nández, prometió pasarles aviso y proveerles de auto- 



226 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

rización para que viniesen a visitarle. No tardó mu- 
cho, después de haberse despedido de nosotros el Ayu- 
dante del Capitán General, en que nos trajesen camas, 
asientos y recado de escribir, encargándose desde el 
día siguiente el Gobernador del Castillo de atender a 
nuestras subsistencias. El Coronel Cuesta cumplió 
fielmente lo que ofreció a Hernández. Pasó aviso a 
todas las personas que éste le indicó, proveyéndolas 
de la papeleta indispensable para entrar en nuestra 
prisión. Ayer se me presentó un comandante de Ar- 
tillería de apellido Pozo y me repitió lo que había ex- 
puesto a nombre del general Jovellar el coronel Cues- 
ta. Me instó para que le manifestase con franqueza 
mis necesidades, haciéndome presente que marchaba 
a España en la estación del invierno. Mi situación 
verdaderamente era apurada, pues yo en realidad no 
conozco en esta capital persona de quien tenga dere- 
cho a esperar que me facilite lo indispensable en el 
obligado viaje a España. En tal virtud, le contesté 
que no poseía más ropa que la puesta, y que cierta- 
mente me hacía sufrir la idea de llegar a presencia de 
los miembros del Gobierno español con mi traje sucio 
y ridículo ; pero que al mismo tiempo se me hacía 
muy duro aceptar prendas de ropa u otras cosas por 
el estilo de quien no tenía para conmigo ninguna cla- 
se de obligaciones. El Sr. Pozo me repitió varias ve- 
ces que debía desechar semejante consideración ante 
la urgente necesidad que me apremiaba. Se despidió 
diciéndome que él manejaría ese asunto de tal manera 
que no se lastimaría mi delicadeza. Apenas hubo 
salido Pozo, entró el Escribano de Gobierno Francis- 
co Castro, que fué condiscípulo mío en esta Univer- 



sidad. Me refirió que conociendo el coronel Cuesta 
tal circunstancia, se había dirigido a él para que vi- 
niese a verme e interpusiese la influencia que pudiera 
tener conmigo como antiguo compañero de estudio, a 
fin de que aceptase los espontáneos ofrecimientos del 
Capitán General. Me expresé con Castro como lo ha- 
bía hecho con Pozo, decidiéndome al fin a tomar dos 
mudas de ropa, no tanto por mi decoro personal — 
aunque esta razón fuera de bastante fuerza — como 
por el papel que he venido representando en la Revo- 
lución cubana. Ni al comandante Pozo ni a Francisco 
Castro revelé las amargas reflexiones que han afligido 
mi mente en estos días. ¡ Cuan doloroso desengaño ! 
me he dicho a mí mismo. Nueve años de sacrificios, 
de abnegación y de constantes peligros no han sido 
bastantes para que algunos de mis compatriotas se 
hayan ofrecido espontáneamente a librarme de la ver- 
güenza de admitir la limosna que me presenta el Ca- 
pitán General de Cuba española! Dejo a un lado es- 
tas ideas que abruman mi espíritu, y lo despojan de 
la fuerza que necesita para ocuparse de la Patria. . . 
Ignoro quién me habrá sustituido; pero tengo fe pro- 
funda en que cualquiera que sea la solución que ha- 
yan dado a este asunto, ha de producir el resultado 
apetecido, cual es el de demostrar a España que las 
individualidades no significan nada en el campo cu- 
bano : que la Revolución es un ente moral que marcha 
fatalmente en cumplimiento de su destino, con fuer- 
za propia, de valor incontrastable, y que mientras 
exista en cada Departamento un núcleo de resistencia, 
aunque sea pequeño, no habrá poder capaz de poner 
término a la guerra por la fuerza de las armas . . . 



228 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

He interrumpido por algunas horas la redacción de 
esta carta. La continúo en medio de la más dolorosa 
emoción. Desde el segundo día de hallarnos en esta 
fortaleza, habíamos sabido que algunos españoles de 
la Habana decían que desconfiaban de que hubiéra- 
mos sido hecho prisioneros, y que se inclinaban a sos- 
pechar que nos habíamos presentado a las tropas ene- 
migas ; consideré que se trataba de hacer por el ele- 
mento español semejante propaganda con el fin de des- 
acreditar la Revolución. No me alarmó por tanto el 
rumor. Mas hoy he tenido ocasión de saber que ya no 
se sospecha, sino se afirma por españoles y cubanos, 
que Hernández y yo hemos hecho traición a nuestra 
Patria, desertando vilmente al campo enemigo. Nun- 
ca abatieron mi espíritu en el territorio de la Repú- 
blica los padecimientos corporales ni ciertos sufri- 
mientos en el orden moral, que son propios de los des- 
tinos públicos. Mis conciudadanos abrigaban entera 
confianza en mi patriotismo ; y con ella me sentía fuer- 
te para combatir los disgustos de cualquier género. 
Pero al saber que se me lanza tan gratuitamente la 
más negra de las calumnias, no bastando a ponerme 
a cubierto de ella el hecho notorio de haber consagra- 
do mi vida al triunfo de la causa de la Patria ; cuando 
pienso que muchos, quizás, acogen con interior satis- 
facción tan infame propaganda, encontrando en ella 
el " pretexto honroso" que buscaban para eludir el 
deber de auxiliar en su infortunio a dos compatriotas, 
siento el alma desgarrada, y a no ser porque la misma 
intensidad del dolor me da fuerza para combatirlo, 
tal vez me expondría a que se rindiera mi espíritu al 
peso de tanta maldad ! Con cuánta razón repetía Lord 
Byron : ' ' mientras más conozco a los hombres, más quie- 



APÉNDICE 229 

ro a mi perro ! "Aunque había ofrecido a Francisco Cas- 
tro aceptar la ropa que se me ofrecía por el Gobierno 
español, he tomado la determinación de llamar al co- 
ronel Cuesta para hablar con él sobre este particular. 
Día cuatro. — Acaba de despedirse Cuesta. Referiré 
a usted los pormenores de nuestra entrevista. Co- 
mencé diciéndole : ' ' Pertenezco a una causa cuyos 
principios he alimentado desde que puse en ejercicio 
mi razón; sin embargo, en estos últimos años de gue- 
rra he repetido muchas veces : la cuestión no es ya sólo 
de principios, sino de honor. A pesar de esto, en los 
actuales momentos, estoy siendo víctima de una ca- 
lumnia que me hace sufrir horriblemente. Se propa- 
ga la idea de que Hernández y yo no hemos caído pri- 
sioneros, sino que hemos desertado del campo cubano. 
Semejante afirmación atenta contra mi honor, que 
prefiero a la vida, y tengo por lo mismo el imprescin- 
dible deber de evitar todo acto que pueda alimentar 
la calumnia. Así, pues, me atrevo a rogar a usted se 
sirva significar al Capitán General, que me es absolu- 
tamente imposible, por la razón que ya usted conoce, 
aceptar la ropa que se me ha enviado. Espero que 
usted interpretará lealmente, en su calidad de caba- 
llero y hombre de honor, el sentimiento que me impe- 
le a tomar tal determinación, procurando llevar al 
ánimo del general Jovellar la seguridad de que no 
entra en aquélla, para nada, un espíritu de soberbia 
censurable, ante el delicado comportamiento observa- 
do por el Capitán General de la Isla." El Sr. Cuesta 
me contestó que sentía mucho no acceder a mis deseoe, 
que reconocía hasta cierto punto la razón de mi proce- 
der; pero que yo debía tener presente que el general 
Jovellar al enviar a Madrid, por orden del Gobierno 



230 DESDE EL CASTILLO DE FIGUERAS 

Supremo, dos prisioneros de guerra de la significación 
nuestra, no podía permitir que llegásemos allí mala- 
mente vestidos, sobre todo cuando íbamos a pasar de 
una temperatura elevada a otra fría. Me dijo que 
yo debía comprender, en tal concepto, que él no podía 
encargarse de la misión que le recomendaba y que 
antes bien creía ser absolutamente preciso que yo to- 
mara siquiera una muda de ropa de paño para llegar 
a Madrid. Hernández se había adherido a las mani- 
festaciones hechas por mí. Despidióse el Sr. Cuesta, 
quedando nosotros en medio de una cruel incertidum- 
bre, de la que hemos de salir forzosamente de hoy a 
mañana, que es el día señalado para nuestra partida. 

Día cinco. — A las once seremos conducidos al va- 
por Comillas. A última hora hemos tomado una mu- 
da de ropa de paño. — Su afectísimo amigo y s. s. — 
T. Estrada. 

P. D. — Redactada a la carrera esta carta con los in- 
convenientes naturales a nuestra condición de presos 
políticos, está llena de incorrecciones que le suplico 
disimule. Si usted considera que debe publicarse, le 
dejo en libertad de hacerlo, rogándole se sirva revi- 
sarla y omitir en su publicación toda frase que sea de 
carácter confidencial, por ejemplo. . . etc., etc. 

Otra. — A bordo del vapor correo Comillas no me 
fué posible entregar esta carta a persona segura a mi 
salida de la Habana. Tal vez seré más afortunado 
en España. Siendo ya demasiado voluminosa, reser- 
vo para otra ocasión dar a usted pormenores de nues- 
tro viaje. — Estrada. 



fin 



ÍNDICE 



ÍNDICE 



Pág. 

Introducción. . 5 

Tomás Estrada Palma. Bosquejo biográfico 13 

Carta I. Al Dr. Eduardo Cartaya 29 

— II. — general Calixto García 39 

— III. — Sr. Plácido Gener 52 

— IV. F. A. de Aguilar 57 

■ — V. — — Plácido Gener 58 

— VI. A los Sres. Benigno y Plácido Gener. 60 

— VII. Al general C. G. (Calixto García.) ... 78 

— VIII. — Sr. F. A. de Aguilar 83 

— IX. Aguilar (F. A. de Aguilar.) ... 86 

— X. — Ldo. E. Estrada (Esteban de Es- 

trada 87 

— XI. — Sr. Pedro Consuegra 92 

— XII. — Dr. Eduardo Cartaya 96 

— XIII. — Sr. Manuel Cisneros y Cisneros. . . 104 

— XIV. — C. Salvador Cisneros 108 

— XV. — Sr. José Ant.° Echeverría 114 

— XVI. — C. José Miguel Párraga 125 

— XVII. A los Sres. Benigno y Plácido Gener. 130 

— XVIII. Al mayor general Máximo Gómez. . . 135 

— XIX. — — — — — ... 139 



234 



Pásr. 



Carta XX. Al mayor general Antonio Maceo. . . 142 

— XXI. — — — Vicente García. . . 146 

— XXII. A los Sres. Benigno y Plácido Gener. . 149 

— XXIII. — — -- — — 155 

— XXIV. Al Sr. José Ant.° Echeverría 161 

— XXV. — — Fermín Salvochea 168 

— XXVI. Plácido Gener 172 

— XXVII. — mayor general Calixto García. . . . 174 

— XXVIII. — — — José Ant.° Maceo. . 181 

— XXIX. — Sr. José Ant.° Echeverría. .... 183 

— XXX. — mayor general Julio Sanguily. . . . 189 

— XXXI. A los Sres. Benigno y Plácido Gener. . 195 
Apéndice. — Carta a José Antonio Echeverría, desde el 

Morro de La Habana 207 



Í>imí>2mfo lEütínrial (íuba (SWs>m$iflráns>a 

PUBLICACIONES 

(Dirigidas por Carlos de Veíasco.) 

I. Revista mensual Cuba Contemporánea. 
II . Biblioteca de ' ' Cuba Contemporánea 1 ' . 

Vol. I: Pensando en Cuba. Por José Sixto de Sola; 

Vol. II: Desde el Castillo de Fi güeras. Cartas de 
Estrada Palma (1877-1878). Introduc- 
ción y notas por Carlos de Velasco. 

III. Biblioteca "La Cultura Cubana". 

Vol. I: Granos de Oro. Pensamientos selecciona- 
dos en las obras de José Martí. Por Rafael 
G. Argilagos. 
(A este volumen, y en la misma Biblioteca, seguirán libros 
de José Antonio Saco, Rafael M. Merchán, Luz y Caba- 
llero, Enrique Piñeyro, el Padre Várela, etc., etc.) 

Acaba de aparecer: 

La Cuestión del Divorcio. Por Alejandro Dnmas, hijo. 

PRÓXIMAMENTE 

Libros de: Enrique José Varona, Manuel Sanguily, 
Antonio S. de Bustamante, Dulce María Borrero de 
Luián, José de Armas, A. Hernández Cata, Luis 
Rodríguez-Embil, Bernardo G Barros, José Antonio 
Ramos, Max Henríquez üreña, Emilio Bacardl, 
Mariano Aramburo, Mario Guiral Moreno, Raúl de 
Cárdenas, Julio Villoldo, etc., etc. <r <r <r <r 

OFICINAS: TALLERES: 

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LA HABANA, CUBA.